MOVILIDAD

Con la mochila a cuestas

Tras haberse centrado en la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, la Unión Europea insiste en la quinta libertad, la de los conocimientos. Como elemento fundamental de esta libertad está la movilidad de los investigadores, que hace posible que desarrollen las colaboraciones y las redes indispensables para avanzar.

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“La Unión Europea hace todo lo posible para fomentar la movilidad de los investigadores dentro de sus fronteras y proporcionarles mejores estructuras para su carrera”, explica Stefaan Hermans, jefe de unidad en la Dirección General de Investigación de la Comisión Europea. Pero no es fácil ser investigador/a en continuo movimiento. La presión recurrente de encontrar nuevos contratos y la tendencia natural al arraigamiento geográfico o familiar hacen que muchos investigadores abandonen la investigación, cansados de una movilidad que les parece eterna.

Los científicos también pueden sentirse atraídos por mejores condiciones de trabajo fuera de la Unión Europea. Mientras que esta última cuenta con más diplomados en ciencia y en ingeniería, y también más doctorandos que Estados Unidos o Japón, sus investigadores representan un porcentaje menor de la población activa con relación a estos dos países. Para evitar que los investigadores interrumpan sus carreras de modo prematuro (lo que supone una pérdida en cuanto a la inversión educativa), la UE tiene que asistirles en sus carreras y en sus desplazamientos, garantizándole condiciones de contratación decentes y justas, condiciones de empleo y de trabajo atractivas, pero también los derechos a seguridad social y jubilación a lo largo de sus peregrinaciones.

Contratación

Para que sea atractiva, la movilidad tiene que ser a la vez flexible y poderse ejercer con la perspectiva de un puesto permanente. De ahí que, en el 2005, la Comisión Europea adoptara una carta europea del investigador y un código de conducta para su contratación. “Se pretende garantizar la igualdad de sueldos entre los investigadores y mejorar la transparencia de los procesos de contratación”, explica Stefaan Hermans. “Ya han firmado la carta y el código aproximadamente mil centros”. A pesar de ello, muchas ofertas de empleo sólo se difunden a nivel interno, en las universidades y los centros de investigación. Además, las instituciones académicas suelen preferir la contratación local, al contrario del sector privado, más abierto a la competencia.

Como consecuencia, cada año los investigadores pasan demasiado tiempo tratando de conseguir nuevos contratos o ayudas (a veces sin éxito), lo que representa una pérdida excesiva tanto para los interesados como para las instituciones que les contratan. Entonces, el concepto de la quinta libertad se limita a poder avanzar… con el barro hasta las rodillas. Y el espacio europeo puede parecer de repente demasiado pequeño, haciendo que otros destinos, como Estados Unidos o incluso China, sean más tentadores.

Con vistas a garantizar un mejor acceso a los puestos vacantes en la función pública (y contribuir a que la Unión Europea consiga guardar sus cerebros) los Estados miembros y la Comisión Europea crearon la página web Euraxess. En ella aparecen numerosas ofertas de doctorado, de post-doctorado, y de financiación de toda la Unión Europea, e informa a los investigadores y a los empleadores sobre sus respectivos derechos. Además, también existen por toda Europa centros de servicios Euraxess para ayudar a los investigadores y a sus familias en sus desplazamientos.

Condiciones de trabajo

Otro elemento importante en las carreras de los investigadores son sus condiciones de trabajo, no siempre atractivas. Así, los científicos jóvenes suelen ir acumulando contratos cortos para proyectos específicos, lo que les da la impresión de ir de un lugar para otro sin que nadie les reconozca sus méritos. Eso cuando no tienen que arrostrar períodos de paro entre dos contratos… Esta situación retrasa la obtención de un empleo estable en el que sus talentos sean mejor aprovechados por la Unión Europea: gestión de proyectos a largo plazo, transmisión de los conocimientos, o sea, funciones de gran valor añadido que no pueden ejercer plenamente con los contratos cortos.

Por eso muchos jóvenes talentos terminan abandonando la investigación yendo a parar a otros sectores económicos, como la consultoría, donde encuentran estabilidad, responsabilidades y una remuneración interesante. Otros siguen la carrera hasta el final y hacia los 35-40 años obtienen un puesto permanente que les permite demostrar todo su talento. Pero entonces deben seguir siendo competitivos manteniendo activas las redes constituidas durante los años anteriores. Es una tarea ardua, porque quien dice puesto permanente dice también menor movilidad. Para superar este obstáculo, existen posibilidades de trabajar en una institución de otro país conservando el puesto. “En Francia, un investigador puede recibir el salario de su laboratorio aunque esté trabajando ‘de prestado’ en otro por un periodo de tiempo determinado”, explica Philippe Thébault, profesor adjunto en el Observatorio de París. Pero en realidad, apenas se fomentan estas prácticas. “Uno mismo puede buscar una financiación o incluso pedir una excedencia en el trabajo, pero en este último caso, interrumpe el avance de su carrera”. Y en numerosas instituciones, el ascenso depende de la antigüedad, no del mérito. Así que no es nada fácil compaginar movilidad y carrera profesional sin dañar esta última.

Además, el mundo de la investigación no puede negar que para las mujeres, es difícil ser móvil hasta una edad relativamente avanzada y tener hijos. A menudo, deben escoger. “Hace diez años, apenas existía debate político en torno a este tema”, admite Stefaan Hermans. “Pero desde entonces las cosas han cambiado bastante. En mayo del 2009 se celebró en Praga una gran conferencia Women and Science en la que se debatieron las buenas prácticas adoptadas por los diferentes países de Europa y las instituciones de los países terceros para que las carreras científicas fueran más accesibles a las mujeres. El texto ‘European Partnership for Researchers’, adoptado en el 2008, insta también a los Estados miembros a velar por una distribución equitativa de los fondos y de los puestos entre los hombres y las mujeres”.

Seguridad social y jubilación

Finalmente, la carrera profesional de investigador no puede hacerse sin seguridad social ni jubilación, dos derechos generalmente poco adaptados a la movilidad. De hecho, los investigadores están sujetos a los diferentes sistemas sociales de los países en los que trabajan. También la Unión Europea hace enormes esfuerzos para intentar uniformizarlos. Sin embargo, en la práctica, cuando un investigador pasa de un país a otro cuando cambia de contrato, generalmente se le reconoce sus derechos sólo parcialmente. “En una serie de países existen varios tipos de contratos laborales”, explica un postdoctorando que reside actualmente en Bélgica. “En general, los extranjeros tienen salarios más bajos y derechos sociales menos ventajosos. Ahora bien, cuando se firma el contrato de trabajo, pueden engañarle a uno, sobre todo si no domina bien el idioma ni conoce las leyes del país”.

En lo que respecta a la pensión complementaria, el investigador suele dudar a la hora de cotizar en un país donde pretende trabajar sólo dos o tres años. ¿Cómo puede estar seguro de que cuando haya llegado a la edad de la jubilación en el país en el que se estableció, pueda hacer valer los derechos adquiridos en otros países? “En el marco de la European Partnership for Researchers, la Comisión Europea lanzó un análisis de lo que se requeriría legal, técnica y financieramente para crear un fondo paneuropeo de pensiones que cubriese las necesidades de los investigadores”, explica Stefaan Hermans. Un paso que ya dio la EMBO (European Molecular Biology Organization) que instauró un sistema de jubilación abierto desde el 2010 a todos los postdoctorandos que obtengan una beca EMBO. Los participantes podrán cotizar para su jubilación a lo largo de sus peregrinaciones internacionales.

Sigue siendo difícil conseguir el equilibrio profesional de los investigadores en Europa. Obligados a ser móviles a principios de su carrera, quieren más estabilidad. Y una vez llegados a un puesto fijo, buscan más movilidad, puesto que su competitividad depende de eso. Como también la de la Unión Europea.

Stéphane Fay


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La quinta libertad

La libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales son las cuatro libertades establecidas por el Tratado de Roma en 1957. Janez Potočnik, Comisario de Investigación, afirma que con el desarrollo de la economía del conocimiento Europa necesita la quinta libertad: la de la libre circulación de los conocimientos, tan deseada por los Estados miembros y la Unión Europea: facilitar la movilidad de los estudiantes, los investigadores y los profesores y, por lo tanto, mejorar la competitividad de la Unión Europea a través de la innovación. Concretamente, consiste en aumentar los recursos humanos en ciencia y tecnología, realizar reformas en la enseñanza superior, impulsar el avance de la “economía de la red”, y de mejorar los intercambios entre la investigación pública y la industria.



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