PROGRAMACIÓN CONJUNTA

“Alzheimer”, una iniciativa piloto

Veinte países de Europa y la Comisión Europea se han puesto de acuerdo para luchar juntos contra las enfermedades neurodegenerativas coordinando sus programas de investigación en torno a objetivos comunes.

Las imágenes cerebrales revelan el hipocampo de un sujeto sano (a la izquierda) y de un paciente con la enfermedad de Alzheimer (a la derecha). Utilizando el programa de tratamiento de imágenes creado por investigadores, un radiólogo puede visualizar el volumen del hipocampo, representado en rojo en el corte transversal. Esta estructura del cerebro desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de la memoria y se ve afectada en las primeras fases de la enfermedad.© CNRS Photothèque/Erwan Amice
Las imágenes cerebrales revelan el hipocampo de un sujeto sano (a la izquierda) y de un paciente con la enfermedad de Alzheimer (a la derecha). Utilizando el programa de tratamiento de imágenes creado por investigadores, un radiólogo puede visualizar el volumen del hipocampo, representado en rojo en el corte transversal. Esta estructura del cerebro desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de la memoria y se ve afectada en las primeras fases de la enfermedad.
© CNRS Photothèque/Erwan Amice

Se va instalando discretamente en los recovecos del cerebro de una de cada veinte personas de más de 65 años, adueñándose poco a poco de sus recuerdos, primero de los más recientes (a veces hasta de la cara de un familiar), extendiéndose como una mancha de petróleo en el mar y destruyendo todo a su paso. Causa trastornos en la memoria, la atención, el lenguaje, el comportamiento, el humor, volviéndose omnipresente y deteriorando el estado general de su víctima, privándole progresivamente de su autonomía. Nos referimos a la demencia, una enfermedad que afecta actualmente a cerca de 7,3 millones de europeos, cifra que, con el envejecimiento de la población, se habrá duplicado de aquí al 2020 según las estimaciones de los epidemiólogos. En términos de atención médica, la demencia representa un coste de unos 120 mil millones de euros en la Unión Europea. De ahí el interés de intensificar los esfuerzos de investigación en este campo y, más concretamente, en la enfermedad de Alzheimer, que representa cerca del 70% de los casos de demencia.

Colaboración, coordinación…

El problema del aumento de los casos de enfermedades neurodegenerativas relacionadas con el envejecimiento de la población no es nada nuevo. De hecho, los Estados miembros y la Comisión Europea llevan ya varios años dedicando considerables recursos financieros y humanos a la investigación en este área. Sólo en el Sexto Programa Marco de Investigación (6PM), entre el año 2002 y el 2006, la Unión Europea financió 25 proyectos de colaboración sobre estas enfermedades con 111 millones de euros, de los que más de un tercio se destinó al estudio del Alzheimer. Para el 7PM (2007-2013) se ha reforzado esta ayuda, ya que un tercio de los fondos dedicados a la investigación sobre el cerebro en 2008-2009 se concedió a la investigación sobre las enfermedades neurodegenerativas. Pero aunque se hayan logrado descubrimientos importantes en estos últimos años, aún no existe ningún tratamiento de la enfermedad de Alzheimer y hasta se ignoran sus factores de riesgo. Por lo tanto, es preciso hacer un esfuerzo mucho mayor y mejorar la eficacia de los medios movilizados. ¿Pero cómo? Apostando por una coordinación transnacional de la investigación fundamental, clínica y social en este área.

Los Estados miembros de la UE gastan cerca del 85% de los fondos de investigación públicos de esta última con total independencia. Recientemente, la UE amplió los instrumentos de colaboración (las acciones ERA-NET, las iniciativas del Artículo 169) para promover la coordinación de programas nacionales de investigación. Como ejemplo del éxito de estas herramientas de colaboración citemos la investigación sobre enfermedades raras. Hasta hace tres años, es decir, antes del lanzamiento de E-RARE (ERA-NET for research programmes on rare diseases), los programas de investigación nacionales en este área funcionaban por separado. Actualmente, E-RARE les permite trabajar con mayores cohortes de pacientes, compartir sus resultados y hasta sus recursos financieros. De hecho, el 40% de los fondos que los Estados miembros (participantes en E-RARE) dedican a la investigación sobre enfermedades raras se asignan a convocatorias conjuntas de propuestas. Pero aunque estos instrumentos de colaboración hayan tenido un efecto comparable a los fertilizantes en un terreno baldío, en determinados sectores, la situación es tan problemática que estos esfuerzos no son suficientes.

…y agenda estratégica de investigación

La programación conjunta nació a la vez del éxito y de los obstáculos a la colaboración entre los programas nacionales. Entre dichos obstáculos están tres problemáticas principales: alcanzar una masa crítica, obtener el respaldo político y ponerse de acuerdo en las condiciones marco. Estas últimas requieren el beneplácito del ministro de investigación. Las condiciones marco representan todo lo que permite que funcione correctamente el sistema (convocatorias conjuntas de propuestas, reglas de participación y de propiedad intelectual compatibles, etc.). El nuevo concepto de colaboración denominado programación conjunta, introducido en una comunicación de la Comisión Europea en julio de 2008, pretende que los Estados miembros definan una visión común y una agenda estratégica de investigación para hacer frente a los grandes desafíos sociales a los que los programas nacionales no pueden responder de forma aislada. “Un punto muy importante de la programación conjunta es que la participación de los Estados miembros y de los países asociados es voluntaria”, explica Philippe Amouyel, director general del Instituto Pasteur de Lille (Francia) y coordinador del área de investigación del plan “Alzheimer” de Francia.

“En resumen, para establecer una programación conjunta, hay que escoger un tema con gran impacto social y definir una agenda estratégica entre los Estados miembros que quieran participar. Y para que todo esto funcione, hace falta una estructura de gestión”, continúa Philippe Amouyel. No se pretende gastar más dinero sino utilizar de manera más eficaz los fondos invertidos en las áreas de investigación de interés común para los países de Europa (energías renovables, cambio climático, enfermedades neurodegenerativas, etc.), coordinando los programas nacionales en torno a objetivos y un calendario común. Con este enfoque, la Unión Europea podría orientar mejor sus recursos para enfrentarse a los desafíos sociales, hablar con una sola voz en la escena internacional, mejorar la calidad de las propuestas de investigación, así como aunar los datos y los conocimientos diseminados por los diferentes países miembros y asociados. “La programación conjunta no es un nuevo instrumento de colaboración que se añadiría a las numerosas herramientas ya existentes, es un enfoque con el que, llegado el caso, se pueden emplear estas herramientas para ayudar a los Estados miembros a garantizar la ejecución concreta de la misma”, precisa Philippe Amouyel.

Un área lista para la programación conjunta

¿Por qué se han escogido las patologías neurodegenerativas como iniciativas piloto de programación conjunta? “Si se estudian los niveles de financiación y de fragmentación de las áreas científicas y tecnológicas en Europa y se los compara con los de Estados Unidos, la investigación sobre la demencia resulta ser uno de los campos menos financiados y más fragmentados aquí”, indica Philippe Amouyel. Además, la prevalencia de estas enfermedades aumenta inexorablemente, y en el transcurso de la presidencia francesa de la UE en el 2008, mientras que la Comisión Europea publicaba su comunicación sobre la programación conjunta, Nicolas Sarkozy convertía la lucha contra la enfermedad de Alzheimer en una prioridad nacional.

Entonces se presentó una propuesta de programación conjunta en diciembre de 2008. Veinticuatro Estados miembros y asociados manifestaron su deseo de participar en la misma y acordaron las grandes líneas de la estructura de gestión y los mecanismos de toma de decisión para preparar una ambiciosa agenda de investigación estratégica. Una de las próximas etapas consistirá en definir objetivos específicos, medibles, factibles, realistas y enmarcados en el tiempo (objetivos SMART), con el asesoramiento de un consejo científico internacional de alto nivel. “Cuando se definan la agenda estratégica y los objetivos SMART, será como tener un menú: cada país participante podrá escoger los objetivos que mejor correspondan con sus conocimientos, sus orientaciones y sus posibilidades financieras”, indica Philippe Amouyel. En cuanto a la estructura de gestión, se creó un comité que se reunió por primera vez en junio de 2009. En lo referente al consejo científico, está en proceso de constitución.

Aunque antes del 2015 no se podrá realizar una primera evaluación de la eficacia de la programación conjunta sobre la enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas (el tiempo necesario para analizar el valor añadido de la colaboración de los Estados participantes en términos de resultados de investigación), aun así esta iniciativa piloto debería abrir el camino a otras programaciones similares, particularmente en el campo de las tecnologías energéticas y de la investigación agrícola.

Audrey Binet

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