ESPACIO

La investigación espacial, un concentrado de EEI

Desde el año 1999, la Unión Europea y la ESA colaboran en la realización de varios proyectos de envergadura. Dicha colaboración tendría que contribuir a la construcción de un Espacio Europeo de la Investigación atractivo que satisfaga las ambiciones de la política espacial europea.

Galileo, sistema global de navegación europeo, contará con una treintena de satélites que le permitirán situarse en el espacio y en el tiempo, en cualquier momento. © ESA
Galileo, sistema global de navegación europeo, contará con una treintena de satélites que le permitirán situarse en el espacio y en el tiempo, en cualquier momento. © ESA
El segundo satélite del sistema Galileo, el Giove B (aquí, a punto de salir para su lanzamiento en Baikonour, en abril de 2008) permitirá, entre otras cosas, poner a prueba el reloj atómico más preciso que se haya llevado nunca al espacio. © ESA
El segundo satélite del sistema Galileo, el Giove B (aquí, a punto de salir para su lanzamiento en Baikonour, en abril de 2008) permitirá, entre otras cosas, poner a prueba el reloj atómico más preciso que se haya llevado nunca al espacio. © ESA

Tanto para las telecomunicaciones como para la observación de nuestro planeta, el espacio se ha convertido en un ámbito económico de primer orden. Y Europa necesita una política espacial fuerte si quiere explotar lo mejor posible un sector cada vez más vital para la economía del conocimiento, a la que tanto aspira.

Lógicamente, las actividades de la Unión Europea relacionadas con las aplicaciones espaciales, como herramientas destinadas a apoyar su política, coinciden bastante bien con la misión de la Agencia Espacial Europea (ESA), organismo de investigación y de desarrollo. La mayoría de los países de la Unión Europea son miembros de esta organización intergubernamental y los que no lo son suelen tener acuerdos de cooperación. Por lo tanto, no hay nada más natural que la colaboración entra la Comisión Europea y la ESA, en la cual cada entidad ha desarrollado en cierto modo su propio Espacio Europeo de la Investigación (EEI) dedicado al sector espacial, con numerosas posibilidades de sinergia entre ambas.

En el 2004, la Comisión Europea y la ESA firmaron un acuerdo de cuatro años, que más tarde ampliaron hasta el 2012, lo que sentaba las bases de una colaboración a priori fructífera entre ambas instituciones. Una oficina de enlace, situada en Bruselas, facilita su comunicación. En mayo del 2007, 29 países europeos ratificaron la nueva política espacial europea elaborada conjuntamente por la Unión Europea y la ESA. Actualmente, dicha política se centra en dos proyectos emblemáticos: Galileo y el Global Monitoring for the Environment and Security (GMES), dirigidos por la Unión Europea, mientras que la ESA es responsable de su desarrollo técnico y de su despliegue. A menudo, dichos proyectos son citados como prueba fehaciente del éxito de la política espacial europea, y efectivamente contribuyen a la construcción de un EEI espacial atrayente para los investigadores del mundo entero.

Radionavegación con un toque europeo

Galileo y EGNOS (European Geostationary Navigation Overlay Service) son los programas europeos de radionavegación por satélite. Empleando la recepción cruzada de varios satélites, Galileo consigue situar un emisor terrestre en el espacio y en el tiempo. Tras los acuerdos firmados en 2004 con el gobierno de Estados Unidos, Galileo será compatible e interoperable con el sistema GPS estadounidense. Está previsto que cuando sus treinta satélites se encuentren en el espacio, Galileo pueda garantizar la independencia de Europa en términos de navegación en los ámbitos científico, comercial y estratégico.

EGNOS, el precursor de Galileo, mejora la eficacia del GPS en el territorio europeo. Esta infraestructura, financiada a partes iguales por la Unión Europea y la ESA, desarrollada por esta última, y gestionada por un consorcio de proveedores de servicios de navegación aérea (la sociedad European Satellite Services Provider), está previsto que entre en funcionamiento en octubre de 2009. Pero ya en 1999, tras los primeros trabajos de puesta a punto de EGNOS, con los que se lograron las competencias y los conocimientos necesarios, la Comisión Europea decidió trabajar en el concepto de un sistema europeo de alcance global, cuyas instalaciones en el suelo estuviesen repartidas uniformemente por Europa, así como por diversos puntos del globo.

Como consecuencia de las dificultades con las que se topó la UE en las negociaciones con el sector privado, sobre la financiación del despliegue y la explotación en forma de concesión, en noviembre de 2007, la UE decidió continuar la implantación del proyecto con fondos públicos exclusivamente. Noruega y Suiza, que no forman parte de la UE pero son miembros de la ESA, están negociando con la Unión Europea su participación en el programa Galileo. Además, por su utilización pública, libre e internacional, Galileo suscita interés más allá de las fronteras europeas: la Unión Europea firmó varios acuerdos con países terceros interesados en cooperar y el Séptimo Programa Marco (7PM) ha hecho posible que varias empresas de países terceros participen en las actividades. De este modo, el EEI espacial que se está construyendo atrae a investigadores de fuera de la Unión Europea, lo que refuerza el atractivo científico de la misma.

Medio ambiente y seguridad

La Unión Europea, la ESA y sus Estados miembros han hecho grandes inversiones en investigación y desarrollo para el proyecto GMES, un programa europeo de observación de la Tierra cuyo concepto inicial se remonta a 1998. Aunque menos conocido por el gran público, está aportando mucho a la construcción de un EEI espacial. GMES tiene por objeto facilitar todo tipo de información a sus usuarios, desde las modificaciones del clima hasta la vigilancia de los océanos o incluso de las fronteras.

Esta información se obtiene a través de infraestructuras espaciales y terrestres. La ESA y EUMETSAT (Organización Europea para la Explotación de Satélites Meteorológicos) coordinan, desarrollan y explotan las infraestructuras espaciales. Las terrestres tienen una gestión más variopinta: algunas son nacionales, otras son internacionales y dependen de acuerdos y/o de diversos programas de investigación. Están coordinadas por la Agencia Europea de Medio Ambiente. El análisis y la divulgación de la información (esta última, en forma de bases de datos, mapas o incluso informes) se basan en un conjunto de servicios cuyo desarrollo está financiado por la Unión Europea a través del 7PM.

Ante el amplio abanico de colaboraciones existente, se considera que cada uno de estos servicios es un trabajo acertado del EEI. Como botón de muestra, el servicio LAND, que proporciona información sobre la utilización de los suelos o incluso la calidad del agua, está basado en el proyecto FP7 GEOLAND2, que depende de un consorcio dirigido por Astrium y cuenta con cincuenta socios. El servicio MARINE para, entre otras cosas, administrar los recursos marinos o las actividades costeras, está vinculado con el proyecto FP7 MyOcean dirigido por Mercator Ocean con más de sesenta socios europeos. El servicio ATMOSPHERE de vigilancia de los gases de efecto invernadero, la calidad del aire o incluso los aerosoles, se basa en el proyecto FP7 MACC. El servicio EMERGENCY para la protección civil, la ayuda humanitaria y la seguridad y sus consecuencias, depende del proyecto FP7 SAFER, que pretende reunir los mejores proyectos de gestión de los riesgos y de las urgencias llevados a cabo por las instituciones europeas. Por otro lado, la base de datos medioambientales creada gracias a los programas de observación de la Tierra con la ayuda de GMES contribuye ampliamente a uno de los objetivos del EEI, a saber, la resolución de problemas globales como el cambio climático.

Si bien los sólidos vínculos con socios de fuera de Europa hacen que esta última tenga acceso a los avances científicos de todo el mundo, lo fundamental para Galileo y GMES es la coordinación de los recursos y de los potenciales europeos de investigación, y eso también ha hecho posible el que la Unión Europea y la ESA hayan aprendido a fundir en parte sus diferencias estructurales en una organización común. Pero los mecanismos implantados todavía se tienen que perfeccionar y adaptar, y habrá que inventar otros a fin de garantizar la máxima eficacia y complementariedad de ambas organizaciones.

Stéphane Fay

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