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¿Quién ha hablado de Lisboa?

¿La estrategia de Lisboa estaría en dique seco? Uno de sus principales objetivos, invertir el 3% del producto interior bruto en investigación, no se está logrando. Pero limitarse a este criterio podría hacernos olvidar que se producen cambios positivos más profundos (y menos cuantificables) gracias a las reformas que propicia.

En la reunión de Lisboa, la nueva era de la sociedad del conocimiento quedó simbolizada por este extraño mutante que llevaba el valioso “Santo Grial” de la investigación y la innovación.© European Commission
En la reunión de Lisboa, la nueva era de la sociedad del conocimiento quedó simbolizada por este extraño mutante que llevaba el valioso “Santo Grial” de la investigación y la innovación.
© European Commission

“Un objetivo con cifras debe ser pertinente tanto en su naturaleza como en su nivel” analiza Pierre Vigier, jefe de la Unidad de análisis económico y seguimiento de las políticas nacionales de investigación y estrategia de Lisboa en la Comisión Europea. ¿Qué ocurre con la naturaleza del objetivo fijado en marzo del 2000 en Lisboa, a saber, intensificar el esfuerzo de investigación? Los desafíos a los que se ve confrontada la economía europea no han cambiado desde entonces: aumentar la productividad para hacer frente al envejecimiento de la población, arrostrar la competencia internacional y anticipar la escasez progresiva de recursos naturales, empezando por las energías fósiles.

Incluso ha aumentado la importancia de estos desafíos. Los países emergentes han pasado a la categoría superior, compitiendo ahora en los productos de tecnología media. Además, el peligro que representa el calentamiento climático (según el informe Stern de 2006, el PIB mundial podría disminuir del 5% al 20% si no se combate con firmeza) justifica claramente la necesidad de promover con urgencia un auténtico desarrollo sostenible. Ahora más que nunca, la Unión Europea no tiene más remedio que invertir en investigación para asumir con éxito los desafíos del siglo XXI.

Un objetivo actual, ahora más que nunca

Aunque nadie cuestione la naturaleza del objetivo, ¿no será demasiado ambicioso? En absoluto. Invertir el 3% del PIB en investigación no es nada imposible. Suecia, Finlandia, Israel y Japón lo hacen desde hace varios años, Suiza estaba al 2,9 % en el 2004 y Corea del Sur ha realizado avances espectaculares: el nivel de su esfuerzo de investigación pasó del 2,3% en el año 2000 al 3,2% en el 2007. En una economía globalizada y en pleno cambio tecnológico, el esfuerzo incluso podría crecer, y sobrepasar el famoso 3%.

Por lo tanto, el objetivo fijado en Lisboa sigue siendo “el marco apropiado para fomentar el crecimiento y el empleo” sobre todo en estos tiempos de crisis, como lo recordó el Consejo Europeo del 20 de marzo de 2009. La Unión Europea no es la única en hacer este análisis. El presidente Obama declaró el 27 de abril de 2009 que Estados Unidos tenía como objetivo invertir más del 3% del PIB en investigación a fin de preparar el futuro. “En resumidas cuentas, de este desafío depende nuestra salvación, nada más y nada menos” concluía. Una fórmula que sin duda se aplica a la Unión Europea.

¿No será una cuestión de metodología?

Sólo queda reflexionar sobre el método de aplicación de la estrategia de Lisboa. A grandes rasgos, se basa en tres fundamentos: aumentar la intensidad del esfuerzo de investigación hasta alcanzar el 3% (el 2% de financiación privada y el 1% de financiación pública); facilitar los intercambios entre investigación privada y pública; fomentar la creación de empleos cualificados y de empresas de tecnología avanzada.

Sólo se puede realizar una evaluación cuantitativa simple del primer fundamento. Ya hemos hecho hincapié en que el resultado no era bueno: el 1,85% del PIB invertido en investigación en 2007, en la UE-27, exactamente el mismo nivel que en el año 2000. Sin embargo, “no hay que olvidar que todos los Estados miembros han venido aumentado sus gastos en investigación en euros constantes desde el año 2000”, observa Pierre Vigier. Por consiguiente, el recalcar el objetivo del 3%, auténtico mantra de las políticas científicas, ha servido como elemento catalizador.

El hecho de que la ratio globalmente se haya estancado en estos últimos años, se debe también a un fuerte crecimiento económico antes del 2008: las inversiones en investigación progresaron menos rápidamente que la riqueza producida. Además, la caída del PIB europeo esperada en 2009 lógicamente hará subir de nuevo la intensidad del esfuerzo de investigación, a condición de que los Estados miembros mantengan sus presupuestos científicos, y las empresas su presupuesto en I+D.¿Qué ocurrirá? Pierre Vigier manifiesta complacido: “Los datos de los que disponemos por ahora apuntan a que 23 de los 27 países de la Unión Europea, que suponen más del 98% de las inversiones públicas de investigación, siguen las recomendaciones de la Comisión Europea de responder a la crisis invirtiendo en investigación. Sólo cuatro Estados miembros con una grave crisis financiera no han podido hacerlo”.

Efectos a largo plazo

Otro dato esperanzador: el desfase de las cifras en relación al lanzamiento de nuevas políticas. Los sistemas de enseñanza superior y de investigación no se cambian de un día para otro, y a veces hay que esperar varios años a que las reformas den fruto. La mayoría de los Estados miembros adoptaron leyes que dan más autonomía a las universidades, por lo tanto, más margen de maniobra para entablar colaboraciones con el sector privado. Se está elaborando un sistema europeo de comparación de las universidades en el ámbito internacional, con criterios más diversificados que la famosa clasificación de Shanghái. Tendría que ayudar a mejorar la evaluación de la imagen que tienen las universidades a nivel internacional.

La mayoría de los Estados miembros aumentaron la cuota de financiación de los laboratorios públicos concedida a través de licitaciones y algunas de estas financiaciones públicas están abiertas ahora a las entidades de otros países. Los problemas de impuestos, de jubilación o de avance en la carrera que repercuten tan negativamente en la movilidad de los científicos se van resolviendo progresivamente. Y las empresas estadounidenses invierten cada vez más en I+D en países de la Unión Europea (más del 62%), lo que echa por tierra la imagen de la vieja Europa anquilosada.

Desarrollar los mercados prometedores

¿El sector privado aprovechará las nuevas oportunidades de colaboración con el sector público y de desarrollo de productos innovadores? En definitiva, el éxito (o el fracaso) de la estrategia de Lisboa dependerá de eso. Una cifra resume el desafío: el 49% de los investigadores europeos trabajan en el sector privado frente al 80% en Estados Unidos y el 68% en Japón. Para construir una auténtica economía del conocimiento es preciso reforzar la investigación privada y transformar sus resultados en valor añadido. Por lo tanto, los esfuerzos y las nuevas orientaciones para después del 2010 que se están elaborando tendrán que centrarse en conseguir este objetivo.

Los resultados de las Iniciativas Tecnológicas Conjuntas y de las Plataformas Tecnológicas, los nuevos instrumentos del Séptimo Programa Marco (7PM) concebidos para estimular la innovación, son poco concluyentes. Los industriales se quejan de su complejidad y su rigidez administrativa, que a menudo disuaden a las PYMEs. “El sector privado sólo invertirá masivamente en campos que tengan salida en el mercado, donde exista una demanda potencial de nuevos productos de alto contenido tecnológico”, recuerda Pierre Vigier. La Iniciativa en favor de los mercados líderes de Europa (Lead Market Initiative for Europe) de la Comisión Europea destacó seis áreas principales: salud en línea, tejidos inteligentes, métodos de construcción sostenibles, energías renovables, tecnología del reciclado, y nuevos productos de origen vegetal. Las iniciativas del 7PM podrían favorecer estas áreas, pero haría falta que los Estados miembros participasen más.

Las reformas emprendidas para fomentar la inversión del sector privado y para que estreche sus lazos con las universidades no han dado aún todos los resultados esperados, llegando a generar cierto pesimismo. En medio del vado es donde la corriente es más fuerte y donde se puede dudar de si se alcanzará la otra orilla. La Unión Europea está precisamente en esta situación.

Mikhaïl Stein


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Para saber más

Infraestructuras para reforzar el atractivo de la Unión Europea

Podrían crearse no menos de 35 nuevas grandes infraestructuras de investigación, cuyo coste se eleva a decenas, incluso a centenares de millones de euros, la mayoría con la ayuda del 7PM. Algunos ejemplos que suelen mencionar los investigadores de fuera de la Unión Europea: el rompehielos europeo Aurora Borealis, que podrá llevar a cabo misiones de observación en las banquisas polares, zonas que ya están sufriendo los efectos del cambio climático; ELIXIR (Upgrade of European Bioinformatic Instrastructure), destinado a dotar a los investigadores europeos de las capacidades de cálculo indispensables para el análisis de los genomas; o también ELI (Extreme Light Instrastructure), el láser más potente del mundo en el que podrán trabajar los físicos, pero también los especialistas de la electrónica rápida o de la generación de imágenes médicas.



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