ENTREVISTA

“Sólo la unión hace la fuerza”

Dentro de poco se cumplirán diez años desde que se lanzó el Espacio Europeo de la Investigación. ¿Qué avances se han logrado en este tiempo? ¿Qué queda por hacer para crear un sistema coherente y complementario de investigación a nivel del continente? José Manuel Silva Rodríguez, la persona al mando de la Dirección General de Investigación de la Comisión Europea, nos hace un balance.

17 de julio de 2009. José Manuel Silva Rodríguez, director general de la Dirección General de Investigación (a la derecha) y Rolf-Dieter Heuer, director general del CERN, firman un memorando de acuerdo para reforzar la colaboración que existe desde hace mucho tiempo entre las dos organizaciones. © European Commission
17 de julio de 2009. José Manuel Silva Rodríguez, director general de la Dirección General de Investigación (a la derecha) y Rolf-Dieter Heuer, director general del CERN, firman un memorando de acuerdo para reforzar la colaboración que existe desde hace mucho tiempo entre las dos organizaciones. © European Commission

Pocos ciudadanos han oído hablar del Espacio Europeo de la Investigación (EEI). ¿Podría explicar lo que es el EEI y describir las ventajas de esta iniciativa para el ciudadano europeo de a pie?

El EEI fue concebido para las centenas de miles de mujeres y hombres que dedican su vida profesional a la ciencia y al desarrollo tecnológico en Europa. Gracias a ellos avanzan los conocimientos del ser humano, innovan las empresas europeas, mejora nuestra calidad de vida y Europa se impone como un gran centro del saber a nivel mundial.

El EEI tiene por objeto facilitar su trabajo, hacer posible que ejerzan su profesión en las mejores condiciones y maximizar así los avances de la investigación en Europa. ¿Pero cómo se logra esto? Ante todo, liberando a los investigadores de los límites que las fronteras nacionales imponen a su trabajo, a su creatividad. En cualquier lugar de Europa, un científico tiene que poder cooperar con sus homólogos sin obstáculos, utilizar los mejores equipos de investigación y tener acceso a todos los conocimientos disponibles en el continente. También debe poder trabajar en el país europeo en el que sus conocimientos sean mejor explotados y valorizar su trabajo cooperando con cualquier institución científica o empresa que pueda explotar sus resultados con vistas a hacer que avancen los conocimientos y la innovación en Europa.

Por lo tanto, el EEI designa al conjunto de las actividades de investigación, programas e iniciativas políticas concebidos dentro de una perspectiva transnacional en Europa para ofrecerles a nuestros científicos un laboratorio a dimensión del continente. Para la realización de este concepto ya se han dado grandes pasos, pero aún queda mucho por hacer. Los investigadores se suelen topar todavía con las barreras nacionales. Así que hay que seguir avanzando en los tres ejes en torno a los cuales gira el EEI: crear un “gran mercado” de la investigación y la tecnología; coordinar las actividades, los programas y las políticas nacionales de investigación; y, si viene al caso, adoptar iniciativas e instrumentos concebidos para que puedan funcionar en el ámbito europeo, como el programa marco de investigación de la Unión Europea.

¿En qué lugar se sitúa la investigación europea con respecto a sus competidores internacionales?

¡En una posición excelente! En Europa tenemos centros de investigación y universidades de renombre mundial, excelentes investigadores, infraestructuras ejemplares y un extraordinario capital de conocimientos.

El problema es que esta posición se ve amenazada. En proporción a su riqueza nacional, al PIB, Estados Unidos invierte mucho más en investigación que Europa. Otras grandes regiones del mundo, como Asia, se han convertido en centros del conocimiento y en algunas áreas son tan atractivas como la Unión Europea. Evidentemente, estoy hablando de China, pero también de la India y Brasil. Es verdad que allí la investigación no se puede comparar aún a la de Europa o a la de Estados Unidos, porque allí logran menos descubrimientos fundamentales y más desarrollo incremental o progresivo. Pero estos países poseen un enorme potencial humano y un extraordinario dinamismo. Su fuerza, como la de Estados Unidos, es ofrecer un amplio espacio de investigación cuya dimensión no se puede comparar a la de ningún país europeo tomado de forma aislada. Por eso, la única forma de preservar e incluso mejorar la posición de la investigación europea a nivel mundial es desarrollar el EEI.

¿La crisis económica no está poniendo en peligro el avance del EEI?

Sí que ha habido un riesgo. Cuando estalló la crisis, los países de la Unión Europea podrían haber sentido la tentación de caer en el proteccionismo, incluyendo en el área de la investigación que, después de todo, es lo más preciado para cada país. Afortunadamente, se evitó este escollo. En diciembre de 2008, en plena crisis, los 27 países de la Unión Europea adoptaron por unanimidad con la Comisión Europea una “visión” para acelerar el desarrollo del EEI. En el ámbito presupuestario, las primeras estimaciones apuntan a que casi todos los países europeos comprendieron la importancia de apoyar la investigación para preparar una salida de la crisis por arriba. De ahí que la mayoría de ellos hayan mantenido las partidas presupuestarias destinadas a la I+D.

La situación es más difícil para las empresas, especialmente para las pequeñas empresas con actividades de I+D, porque se han visto muy afectadas por la crisis del crédito. Para ayudarlas, la Comisión Europea, a través del Banco Europeo de Inversiones, ha aumentado los fondos destinados a los préstamos para la investigación y la innovación. Asimismo, implantamos tres grandes programas de colaboración con la industria para apoyar la I+D en los sectores más afectados por la crisis: el automóvil, la construcción y las tecnologías de fabricación.

En el 2010, el EEI celebrará los diez años de su lanzamiento. ¿Qué es lo que ha logrado hasta ahora? Y ¿qué grandes desafíos tiene aún por delante?

Cuando el Comisario Busquin lanzó el objetivo de crear el EEI en el año 2000, todo estaba por hacer. Parecía natural que la investigación fuera programada y realizada casi enteramente dentro de compartimientos nacionales casi estancos. En diez años, se ha producido un auténtico cambio de mentalidad. Todos los gobiernos de Europa han comprendido que, en materia de investigación, sólo la unión hace la fuerza. Por ejemplo, hemos elaborado una carta y un código de conducta para la carrera y la contratación de los investigadores, que han aceptado centenares de instituciones de investigación europeas. Los 27 nos pusimos de acuerdo sobre las grandes infraestructuras de investigación que hay que construir en Europa antes que nada. En la actualidad, contemplamos la creación de amplios programas transnacionales para hacer frente a los grandes desafíos actuales de la sociedad. Estos programas serán financiados con los presupuestos de investigación de los Estados miembros, así como con los del programa marco comunitario.

Pero queda aún bastante por hacer. Se trata de pasar de la teoría, de las buenas intenciones, a la práctica: aplicar de forma concreta y plena los principios de la carta y del código para los investigadores; reunir los presupuestos necesarios para lanzar la construcción de las infraestructuras más necesarias y, dentro de poco, los programas conjuntos... Queda mucho camino por recorrer y debemos avanzar rápidamente para seguir siendo competitivos.

Hay que destacar otro desafío también. ¡El EEI no debe ser concebido como una zona aislada del resto del mundo sino todo lo contrario! La investigación europea se enriquece con los intercambios y las intensas interacciones con nuestros socios extranjeros. El EEI debe promover que los investigadores europeos se alíen con los mejores científicos del mundo. Ahora bien, hasta ahora, cada país viene desarrollando sus actividades de cooperación científicas internacionales de forma casi completamente aislada. Cuando el ministro de un país, o el presidente de un centro de investigación o de una universidad viaja a China o a Estados Unidos, ignora casi por completo lo que sus colegas de los demás 26 países de la Unión Europea han estado debatiendo con los mismos interlocutores los días anteriores. Esta fragmentación es nefasta para que la investigación europea brille con luz propia en el mundo. Nuestros grandes socios no negocian con una gran potencia científica, sino con una serie de pequeñas o medias naciones divididas. Por ello la Comisión Europea propuso el año pasado que se instaurara una auténtica estrategia europea para la cooperación científica y tecnológica con el resto del mundo: una estrategia que haga posible que todos los países de la Unión Europea se expresen de forma coherente en el ámbito mundial y que defiendan sus intereses comunes. Todos los Estados miembro decidieron emprender este camino poniéndose a trabajar con la Comisión Europea. Es un trabajo a largo plazo, pero creo que estamos preparando un avance fundamental para la investigación europea y su auge mundial.

Declaraciones tomadas por la redacción de research*eu


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