EDITORIAL

El planeta antrópico

Michel Claessens

¡Bienvenidos a la Tierra! Este número especial, publicado con ocasión del Año Internacional del Planeta Tierra 2008, está enteramente dedicado al tercer planeta más cercano al Sol, nuestro “hogar dulce hogar”.

Ahora bien, como podrán comprobar, en esta edición no nos referimos en absoluto al desarrollo de la vida sobre la Tierra, un fenómeno que cambió radicalmente la faz de nuestro planeta y la historia de nuestra especie. Se trata de una decisión editorial que algunos cuestionarán, puesto que no se puede disociar nuestro planeta del fenómeno de la vida. De hecho, la Tierra está viva y va evolucionando constantemente. El científico James Lovelock describe además nuestro planeta como un ser dotado de vida: ésta es la teoría de Gaia. A semejanza de los organismos biológicos, Gaia regula la concentración de sus principales “metabolitos” como, en este caso, la de los gases de la atmósfera.

Pero la vida tampoco se puede disociar de la Tierra. De haber sido ésta ligeramente diferente, no estaríamos aquí ahora. Sin su núcleo líquido y, por lo tanto, sin el campo magnético que genera y que nos protege de los rayos cósmicos, la vida no habría podido subsistir, ni siquiera existir. Sin las características tan especiales de nuestro planeta (su forma esférica, su distancia del Sol, su composición, etc.), no habría terremotos, ¡pero tampoco vida! He aquí una versión muy común del famoso “principio antrópico” invocado por los cosmólogos, que establece que el Universo posee características físicas muy particulares, como si hubieran sido elegidas para regir el nacimiento de la vida. ¡El universo se habría creado para observarse a sí mismo! Para lo que se puede utilizar, entre otras cosas, esta revista…

Michel Claessens
Redactor jefe


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