Breves

Y hablando del planeta…

800.000 años bajo el hielo…

Recientemente, una muestra de hielo sacada en la Antártica a 3.270 metros de profundidad dentro del marco del proyecto EPICA (European Ice Coring in Antartica) ha permitido observar las variaciones del dióxido de carbono (CO2) y del metano (CH4) en el transcurso de los últimos 800.000 años. Es la primera vez que se ha examinado una muestra de hielo tan antigua. Se han obtenido numerosos datos que demuestran que, en todo el periodo cubierto por la muestra, nunca han sido tan altas las concentraciones en la atmósfera de ambos potentes gases de efecto invernadero (GEI) como hoy en día. La muestra también ha revelado un nuevo ciclo de variación del CO2 en varios miles de años.

Asimismo, se ha descubierto que existe una fuerte correlación entre el aumento del metano atmosférico y la intensificación de los monzones del Sudeste Asiático. Más sorprendente aún, parece ser que la fluctuación rápida de este gas delimita cada periodo glaciar lo que, según los expertos, estaría relacionado con las variaciones de la circulación termohalina, un fenómeno que la climatología no ha podido explicar bien. Todos estos datos tan valiosos serán de gran ayuda para los investigadores en su trabajo de identificación de los impactos del calentamiento climático.

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…y 6.000 años bajo la arena

Según las conclusiones de un nuevo estudio publicado por un equipo de investigadores dirigido por el geólogo Stefan Kropelin de la Universidad de Colonia (Alemania), el Sahara tardó en formarse 2.000 años y no algunos siglos, como afirmaba la última teoría sobre su formación.

Difícilmente se puede imaginar que hace 6.000 años abundaban las verdes sabanas, los ríos y los lagos en lo que ahora es un gigantesco horno. Hace 4.800 años, como consecuencia de la disminución de los monzones, la cubierta vegetal empezó a desparecer dando paso progresivamente a las amplias extensiones de arena de dos milenios más tarde.

Estos resultados se han obtenido analizando numerosos indicadores propios del paleoambiente (pólenes, esporas, micro - organismos…) de las muestras de sedimentos extraídas en el lago Yoa, al norte del Chad. Este es uno de los pocos puntos de agua que tiene la región, alimentado por un acuífero subterráneo, y constituye un lugar privilegiado para el estudio del período húmedo del Sahara, puesto que sus capas sedimentarias no han desaparecido por la erosión. Con las conclusiones del estudio se rectificarán los modelos climáticos de previsión, herramientas esenciales para anticipar los efectos del calentamiento planetario.

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Descontaminación a bajo coste

Regenerar in situ los suelos contaminados de forma limpia y a bajo coste es el objetivo de un nuevo método recientemente desarrollado por el proyecto europeo CLEANSOIL. En la actualidad, a menudo el tratamiento de la contaminación implica el desplazamiento de la tierra contaminada, ya sea para limpiarla o depositarla en otro lugar. Un sistema muy caro y que no se puede aplicar en todos sitios: por ejemplo, es imposible excavar los terrenos en los que existen construcciones.

El nuevo procedimiento puesto a punto por CLEANSOIL consiste en una red de tuberías dispuesta horizontalmente en el suelo. Los contaminantes, transportados por las aguas de superficie que se infiltran en la tierra, son después captados por bolsas con sustancias absorbentes previamente insertadas en las tuberías. Una vez acabada la descontaminación, se recuperan las sustancias absorbentes y se regeneran para volverlas a utilizar. La técnica ya se ha utilizado con éxito en Rusia y en Ucrania, donde ha logrado limpiar suelos contaminados con residuos petroquímicos y pesticidas.

Esta nueva arma contra la contaminación, fruto de una colaboración pública y privada, va a ser muy útil para combatir la contaminación existente en los casi 1,5 millones de “puntos negros” que existen en Europa.

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Geotermia extrema

¿Se puede aumentar drásticamente el rendimiento energético de la geotermia explotando zonas geológicas totalmente inexploradas? IDDP (Iceland Deep Drilling Project), un proyecto de investigación islandés, quizás tenga la respuesta para esta pregunta. Este proyecto, lanzado en 2004, pretende determinar la factibilidad de la explotación de sistemas geotérmicos con un potencial energético muy alto.

Los científicos de IDDP tienen previsto hacer un pozo de 5 km de profundidad en la zona volcánica de Krafla, en el norte de Islandia, con la idea de llegar a un depósito hidrotermal cuyas temperaturas se elevan a unos 400ºC, y en el que hay fluidos en estado supercrítico. El principal objetivo es llegar a estos fluidos y analizar su composición exacta. Las perforaciones preliminares se iniciaron a mediados de junio de 2008 y a partir de ahí se empezó a cavar un primer pozo de 3 km.

“Cuando hayamos logrado determinar la naturaleza exacta del fluido geotermal, conseguiremos poner a punto las herramientas y las técnicas adecuadas para explotar su calor”, declara, entusiasta, Gudmundur Ómar Friðleifsson, geólogo jefe del proyecto. Es la primera vez que se contempla trabajar en condiciones tan extremas de temperatura, al no superar las fuentes geotérmicas actuales los 250 °C.

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¿El calcio es un aliado contra el CO2?

Un equipo de investigadores de la Universidad de Newscastle (Reino Unido) estudia un nuevo procedimiento que permitiría explotar el papel natural de “sumidero de carbono” que asumen los suelos. El proceso se basa en la fijación del CO2 atmosférico de las plantas: en determinadas condiciones, estas últimas liberan una parte del CO2 que absorben en el suelo, en forma de ácido.

En la mayoría de los casos, este CO2 vuelve a la atmósfera o pasa a las aguas subterráneas. Pero en los suelos ricos en calcio, el ácido reacciona con este último para formar carbonatos de calcio, un compuesto estable (es la caliza que todos conocemos) durante un largo periodo de tiempo. Los investigadores estiman que sería posible impulsar este mecanismo de fijación enriqueciendo masivamente los suelos con calcio.

Según sus cálculos, el método, cuya validez está siendo actualmente comprobada en laboratorio, podría contribuir a la reducción del 5-10% de las emisiones del Reino Unido. Si resulta ser eficaz, se desarrollarán modelos digitales con vistas a definir la velocidad de absorción y la cantidad de CO2 captado según el tipo de suelo. Los resultados saldrán a principios de 2009.

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Influencia magnética

El campo magnético terrestre quizás sea invisible, pero ejerce una influencia muy importante en nuestras vidas. Tras haber analizado la actividad del campo geomagnético de 1948 a 1997, Oleg Shumilov, del Institute of North Industrial Ecology Problems (Rusia), ha registrado tres picos estacionales anuales que comportan extrañas correspondencias con la fluctuación del número de suicidios de la ciudad rusa de Kirovsk. Además, el investigador, utilizando 6.000 ecografías efectuadas entre 1995 y 2003, comparó las variaciones de ritmo cardíaco de los fetos con la actividad geomagnética terrestre.

En el 15 % de los casos, algunas perturbaciones del ritmo cardíaco de los fetos coinciden con periodos de gran actividad geomagnética. Estos resultados, presentados en abril de 2008 con ocasión de la reunión anual de la Unión Europea de Geociencias, se añaden a una larga lista de investigaciones científicas que han puesto de relieve un vínculo entre magnetismo y salud física o mental. Según los expertos, el geomagnetismo podría intervenir en la regulación de nuestro reloj biológico. Algunas variaciones del campo magnético, particularmente fenómenos extremos como las tormentas magnéticas, podrían ejercer su influencia de manera notable en una parte de la población…


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Manto nuclear

¿Las entrañas de la Tierra encierran reactores nucleares? Algunos indicios de la factibilidad de tal reacción en el estado natural fueron registrados en los años setenta en la mina de uranio de Oklo, en Gabón, en la que se había dado un extraño fenómeno: una parte del mineral era pobre en 235U, lo que parecía indicar que se había producido una fisión nuclear de forma espontánea. El físico Marvin Herndon fue el primero en apoyar la posibilidad de la existencia de tal “georeactor”, pero lo situaba a nivel del núcleo, lo que hacía que su teoría fuera poco verosímil.

Recientemente, Rob de Meijer de la University of the Western Cape (Sudáfrica) y Wim van Westrenen de la Free University of Amsterdam (Países Bajos) han vuelto a formular esta hipótesis, localizando el reactor en el manto terrestre, justo en la frontera con el núcleo. Los dos investigadores apoyan su hipótesis en un estudio que revela una diferencia de concentración en 142Nd, un isótopo del neodimio, dentro de las rocas terrestres y de condritos, un tipo de meteorito.

A partir de estos resultados, los investigadores dedujeron que probablemente se encontraba una fuerte concentración de uranio, torio y potasio en la interfaz entre el núcleo y el manto. No obstante, la teoría seguirá siendo pura especulación a la espera de la puesta a punto de detectores gigantes de neutrinos, los únicos capaces de detectar las regiones geológicas en las que se producen importantes reacciones radiactivas.


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