METANO

¿Doctor Jekyll o Mister Hyde?

El metano (CH4), principal componente del gas natural, tiene su cara y su cruz. Por un lado, ofrece un poder energético 30% superior al del petróleo, desprende menos CO2 en la combustión y sus reservas son el doble de grandes. Por otro, es un potente gas de efecto invernadero del que cada molécula absorbe 23 veces más radiación solar que una molécula de CO2, en un periodo de 100 años.

Análisis del monóxido de carbono (CO) para determinar las relaciones isotópicas entre éste y el metano (CO/CH4) contenido en botellas de aire provenientes de la neviza en la Antártica. © CNRS Photothèque/Laurence Medard
Análisis del monóxido de carbono (CO) para determinar las relaciones isotópicas entre éste y el metano (CO/CH4) contenido en botellas de aire provenientes de la neviza en la Antártica.
© CNRS Photothèque/Laurence Medard

La cuestión de la explotación del metano fue relanzada por el descubrimiento de los hidratos de metano en los años noventa y, por lo tanto, de nuevos yacimientos potenciales. Este compuesto orgánico toma la forma de una jaula de hielo, en la que el CH4 se queda encerrado. Su formación, a alta presión y baja temperatura, se produce esencialmente por la descomposición de materias orgánicas. Dos tipos de medios reúnen estos requisitos: los taludes continentales de los fondos marinos, a unos cientos de metros de profundidad, y las zonas de permafrost (suelos siempre congelados), en las que la menor presión está compensada por una temperatura mucho más baja. Una variación brusca de estas condiciones provoca una liberación masiva de metano: hasta 164 cm3 de CH4 gaseoso por 1 cm3 de hielo derretido.

Encontrar las reservas

Para utilizar a gran escala este maná providencial, se tendría que disponer de una cartografía completa de los yacimientos, algo que aún dista mucho de ser una realidad. En su proyecto HYDRAMED, Daniel Praeg, oceanógrafo del Istituto Nazionale di Oceanografia e di Geofisica Sperimentale – OGS – (Italia) ha hecho un primer balance de la situación en el Mediterráneo. “El objetivo del proyecto era poner a punto una modelización teórica de las zonas de estabilidad de los hidratos de metano para conseguir identificar lugares potencialmente interesantes. Desde el año 2006, este enfoque ha hecho posible que el OGS descubra un yacimiento de hidratos de metano en el delta del Nilo (Nile Fan). Otro lugar interesante es el Arco de Calabria, porque se han descubierto volcanes de lodo (frecuentes fuentes de gas) dentro del marco de una colaboración entre los proyectos HERMES e HYDRAMED. No obstante, la tarea que queda por delante es inmensa. Ya va siendo hora de establecer un programa completo de investigación y exploración de los hidratos de metano en Europa”.

Jérôme Chappellaz, glaciólogo del Laboratorio de Glaciología y Geofísica del Medio Ambiente (Francia) y participante en el proyecto EPICA(1), se interesa por la influencia que el metano ejerce sobre nuestro clima. EPICA llevó a cabo la perforación del hielo, a fin de obtener muestras, a una profundidad de 3.270 metros en la Antártica, lo que equivale a remontarse hasta 300.000 años en el tiempo. Conforme explica: “El análisis de la composición de las burbujas de aire permite conocer precisamente los índices de C02 y de CH4 en la atmósfera en el transcurso del tiempo y los resultados no dejan lugar a dudas: la concentración en metano nunca ha sido tan elevada como ahora. Además, existe una correlación muy reproducible entre la variación del índice de CH4 y la evolución del balance de radiación de la Tierra”. ¿Eso quiere decir que es mejor no explotar los depósitos de hidratos de metano? ¿Existe el riesgo de una desgasificación masiva si tocamos los yacimientos de hidratos de metano? “No forzosamente”, responde Jérôme Chappellaz. “Ningún dato de los 800.000 años examinados revela que se haya producido ninguna desgasificación masiva que llegara a la atmósfera. Ahora bien, las condiciones de presión y temperatura han variado mucho. Además, los océanos en - cierran bacterias que, a falta de luz, se alimentan de metano. Parece ser que esta barrera natural desempeña un papel crucial en la autorregulación del CH4”.

En total, los fondos marinos y las zonas de permafrost contendrían aproximadamente 5.000 gigatoneladas de hidratos de metano, es decir, tanto como las reservas de petróleo, gas natural y carbón juntas. Pero como están dispersas en los sedimentos, tan sólo pueden ser extraídas por perforación convencional, y aún se tienen que desarrollar las técnicas de explotación y transporte. Paralelamente, se deben aclarar y cuantificar los riesgos que ello supone para el planeta.

Marie-Françoise Lefèvre

  1. Véase también “800.000 años bajo el hielo…” en este número.

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