CLIMA

Gases con efecto sobre la tierra

Los suelos, sometidos a la erosión o a la desecación, son víctimas de las variaciones climáticas. Los cambios de las temperaturas y de los niveles de humedad perturban su naturaleza y su funcionamiento. Pero las tierras también ejercen su influencia sobre los mecanismos atmosféricos actuales. Al explotarlas en exceso, los hombres están activando bombas climáticas de efecto retardado indeterminado.

Erosión eólica en el Erg Eklewa, en Mauritania. © BRGM im@gé/François Michel
Erosión eólica en el Erg Eklewa, en Mauritania. © BRGM im@gé/François Michel
El bosque, factor de equilibrio y tesoro de materias orgánicas, cada vez más amenazado por la intensificación agrícola. © Shutterstock
El bosque, factor de equilibrio y tesoro de materias orgánicas, cada vez más amenazado por la intensificación agrícola. © Shutterstock
Erosión del suelo en un campo tras 100 mm de precipitaciones, en Seine et Marne (Francia). © INRA/Thierry Dore
Erosión del suelo en un campo tras 100 mm de precipitaciones, en Seine et Marne (Francia). © INRA/Thierry Dore

“¿Cuántos responsables políticos caminan sobre la tierra que conforma la estructura del suelo?”, interpela Luca Montanarella, del Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea. “El asfalto nos separa de los desafíos geológicos. Pero no hay que olvidar que el suelo alberga nuestras raíces y contiene nuestros víveres”, continúa. El científico, apasionado por la agricultura, explica que a veces se dejan de lado algunas problemáticas cruciales para la supervivencia de la humanidad, por fenómenos más espectaculares de la actualidad, como el cambio climático.

Los suelos, auténticos libros abiertos sobre el clima, revelan a los paleoclimatólogos sus ritmos y sus comportamientos milenarios. Las composiciones isotópicas de los hielos de las muestras extraídas en Groenlandia y en la Antártica revelan cómo ha ido evolucionando la concentración atmosférica en dióxido de carbono (y por lo tanto, la temperatura) en las transiciones entre los períodos glaciales e interglaciales.

Estos últimos, más calientes, experimentaron niveles de CO2 de 300 ppmv (parte por millón por volumen). Ahora bien, actualmente la concentración supera en un 28 % estos picos registrados en periodos de más de 800.000 años. Las consecuencias más conocidas del aumento de las temperaturas son la subida del nivel de los mares y la erosión de las orillas, por la mayor frecuencia e intensidad de las tormentas.

Impactos geológicos

Pero la subida de las temperaturas provoca también cambios geológicos en el interior de las tierras. Aunque se hable menos de ellos en los medios de comunicación, son muy importantes. Más de la mitad de las superficies cultivables del mundo (es decir, aproximadamente 1,964 billones de hectáreas) ya sufren degradaciones, leves o graves, que tienen diversas causas, a menudo asociadas.

La erosión hídrica, que se debe al desgaste y a la escorrentía, arrastra las partículas de los suelos. El mismo fenómeno se produce bajo el efecto del viento: la erosión eólica afecta sobre todo a las zonas predesérticas. Los suelos también se pueden degradar cuando se altera su composición química (acidificación, salinización, vertidos de desechos industriales, utilización de abonos) y sus propiedades físicas, particularmente con el fenómeno de compactación.

Liberación de CO2

Estos cambios geológicos se están acelerando por el efecto multiplicador de la explotación agrícola: el cultivo de las tierras reseca y va limitando la vida biológica, las hojas y las ramas, lo que modifica la penetración del agua. “Cuando un bosque se convierte en una explotación agrícola o los pastos en tierras arables, se amplifica el fenómeno de liberación del carbono”(1). Por un lado, desaparece la vegetación que ya no puede desempeñar su papel fotosintético de transformación del CO2. Por otro, se gasta parte de las valiosas materias orgánicas almacenadas en los suelos durante cientos de miles de años. Este preciado recurso, que contribuye a la fertilidad de los suelos, es una de las claves del calentamiento climático.

La expansión y la intensificación agrícola ocasionan cambios en la cobertura vegetal (desforestación y profunda modificación de la vegetación) que aumentan la temperatura del aire en la superficie de las regiones desérticas, puesto que los suelos retienen menos humedad. La energía “latente”, que sirve para su evaporación, disminuye mientras aumenta en paralelo la denominada “sensible”, que calienta el aire.

Como resultado, se desecan las tierras. El ecosistema ya no proporciona a la población los servicios necesarios para su supervivencia, debilitándose durante mucho tiempo. Una región fértil se convierte en zona estéril o poco adecuada para la vida, cuyas precipitaciones anuales no llegan generalmente a los 200 mm. La desertificación acecha.

A qué se debe la desertificación

La degradación a menudo se debe a la sedentarización de las poblaciones nómadas: las tierras áridas sirven mejor para pastos que para cultivos. Con los mercados globalizados, la sobreexplotación inapropiada de los recursos también es uno de los factores desencadenantes. La sobreproducción va bajando los precios de venta y, por lo tanto, el nivel de ingresos de los productores de los países pobres.

En las zonas áridas, las condiciones de precariedad hacen que las poblaciones dependan más de los servicios prestados por los ecosistemas: se generaliza el uso de abonos nitrogenados, iniciando el círculo vicioso de la sobreexplotación, y con él, el del calentamiento: los abonos se transforman parcialmente en N2O, un potente gas de efecto invernadero (GEI).

Asimismo, la evolución del clima desempeña un papel en la desertificación, que no deja de ser complejo. Primero, la subida del CO2 atmosférico activa el crecimiento de algunas especies de plantas, mientras que el calentamiento reduce las precipitaciones en estas regiones, afectadas entonces por sequías cada vez más severas y frecuentes, que llevan a la desecación y a la degradación cualitativa de los suelos.

Repercusiones mundiales

En total, la desertificación afecta a 3.600 millones de hectáreas, es decir, el 70% de las tierras áridas del mundo, amenazando aproximadamente a mil millones de personas. Cada año, va ganando 10 millones de hectáreas de tierras cultivables. En Europa, el fenómeno, que afecta ya a los países del sur, avanza hacia el norte, con diversas manifestaciones (como inundaciones río abajo de tierras que pierden su cobertura vegetal, o nubes de polvo), cuyos efectos se sienten a veces a miles de kilómetros de su lugar de formación. A nivel humano, la desertificación genera movimientos de población, fuente de fricciones étnicas.

En 1977, la comunidad internacional se sensibilizó ante este problema, con la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desertificación en Nairobi (Kenia), tras una serie de sequías que afectaron al Sahel (1973- 1974). Pero desde entonces, la lucha se ha estancado. “Los trabajos están frenados por la falta de una definición clara. En la Convención de Naciones Unidas (UNCCD(2)), la desertificación se debe a las acciones antrópicas. Ello implica integrar la estrecha relación que existe entre desertificación y pobreza puesto que, aunque el fenómeno afecte a Italia y a Burkina Faso, no se puede tratar de la misma forma en ambos países”.

Por ello este campo sigue situándose en un terreno más político que científico. “Hace falta una base científica sólida, criterios y normas claras. Una iniciativa comparable a la del IPCC (el Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático) llegaría como agua de mayo”.

Equilibrios inestables

Sobre todo teniendo en cuenta que se desencadena un círculo vicioso: las enormes reservas de carbón orgánico (estimadas en 1.500 gigatoneladas, es decir, el doble de lo contenido en la atmósfera) corren el riesgo de liberarse de las tierras si se unen al oxígeno del aire para formar CO2. Este elixir de la vida, sobre todo vegetal, fija los nutrientes al suelo y garantiza la disponibilidad de los mismos para las plantas, las bacterias, los gusanos y los insectos. Contribuye así al mantenimiento de la estructura geológica, a la infiltración de las aguas y acelera la descomposición de los contaminantes.

Las modificaciones en las variaciones de las precipitaciones y los aumentos de temperatura, junto con los cambios radicales de la gestión de las tierras (mecanización, especialización de la producción, simplificación de la gestión) son factores que aceleran la liberación del carbono almacenado, intensificando los mecanismos de mineralización y la actividad microbiana que descompone la materia orgánica.

“El cambio climático, al afectar a la temperatura y la humedad, contribuye a lanzar el círculo vicioso: cuanto más aumenta la temperatura en la atmósfera debido a los GEI, más GEI liberan los suelos”. Este procedimiento constituye un desafío importante, sobre todo en las zonas turbosas, desde el norte de Europa hasta las regiones de los círculos polares.

La investigación en esta área

Además de los esfuerzos por limitar el calentamiento climático, un proyecto de investigación denominado ECOSSE(3) estudia los flujos de los GEI entre los suelos y la atmósfera en Escocia y en el País de Gales, territorios con gran densidad de carbono. En su informe de marzo de 2007, el proyecto demostró que la explotación de los suelos es responsable de aproximadamente el 15% de las emisiones totales de estas regiones.

Los cambios de explotación en estos últimos 25 años son tan responsables como las evoluciones climáticas. De ahí que un segundo proyecto de ECOSSE pretenda experimentar prácticas agrícolas que reduzcan el trabajo del suelo necesario para las siembras. Asimismo, en el ámbito comunitario, el debate se organiza en torno a las técnicas que habría que preconizar, condicionando a veces el acceso a los subsidios. Pero aunque se puedan contemplar alternativas agrícolas más ecológicas en términos de GEI en nuestras regiones, no sucede lo mismo en otras partes del mundo aún en vías de desarrollo, en las que los imperativos de subsistencia son más importantes.

Para poder medir la envergadura de los peligros relacionados con los cambios geológicos, los proyectos actuales recopilan los datos, particularmente con las nuevas tecnologías de satélite o de electroconductividad (véase GLOSIS en el cuadro). “Estas investigaciones pocas veces están directamente relacionadas con el suelo: apuntan a otros objetivos específicos, como el estudio de las aguas subterráneas. Pero al reunir fuentes dispersas se puede ir subsanando la insuficiencia de conocimientos”.

Los cambios geológicos son fenómenos lentos. Los datos de estudio, a menudo muy caros, se basan en un enfoque a largo plazo, abarcando varias décadas, incluso varios siglos. Ahora bien, la duración de los proyectos de investigación no concuerda con esta escala temporal. “Pero los dirigentes empiezan a concienciarse de que la evaluación de las superficies disponibles para la agricultura, que cada vez serán más escasas, desempeñará un papel central para la subsistencia y la lucha contra la pobreza”.

Delphine d’Hoop

  1. Todas las citas son de Luca Montanarella.
  2. www.unccd.int
  3. Estimating Carbon in Organic Soils – Sequestration and Emissions,
    www.scotland.gov.uk/Publications/2007/03/16170508/0


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Para saber más

El efecto invernadero

Los GEI son gases no artificiales - vapor de agua (H2O), dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), protóxido de nitrógeno (N2O), ozono (O3) –, o gases fluorados industriales, como los clorofluorocarburos (CFC). Más de la mitad del efecto invernadero proviene del vapor de agua, pero parece ser que las emisiones de origen antrópico de CO2 son responsables del 55% de su aumento. Pero otros GEI tienen un impacto diferente. Para compararlos, se utiliza el equivalente de CO2, también denominado PCG (Potencial de Calentamiento Global), que equivale a 1 para el CO2.

La intensificación de las actividades humanas afecta igualmente a otros GEI distintos del CO2, con un gran potencial de calentamiento. El metano tiene un PCG 23 veces mayor que el del CO2. Las emisiones de metano, fruto de la fermentación de materia orgánica en medio anaeróbico, según parece provienen esencialmente del deshielo del permafrost, por lo que se limita a algunas regiones. En cuanto al protóxido de nitrógeno, producido por la oxidación de los compuestos nitrogenados utilizados o producidos por la agricultura y la cría de ganado, su PCG es aún mayor: 310.


GLOSIS

El proyecto GLOSIS, lanzado en febrero de 2008 en Boston (Estados Unidos), marca una etapa importante en la colaboración internacional que pretende reunir los datos geológicos. El proyecto, también denominado Global Soil Map, con la ambición de convertirse en el mayor archivo digital en este campo, federa a sus socios (especialmente estadounidenses, europeos, australianos y la FAO) para reunir los datos de cobertura mundial en un sistema con escalas múltiples. Dicho proyecto tiene por objetivo hacer de vínculo esencial entre los sistemas locales (con escalas comprendidas entre 1:5.000 y 1:250.000) y las bases de datos globales a 1:5.000.000, como SOTER – por Soil and TERrain database.

EUSIS – European Soil Information System, la contribución europea, está ya recopilando estos datos y permite realizar productos derivados, como mapas de los riesgos relacionados con la erosión, estimaciones del carbono orgánico, etc. La acción SOIL, sistema de datos e información sobre los suelos, está creando un centro europeo de datos sobre los suelos (ESDAC – European Soil Data Center), con datos y procedimientos compatibles con los principios INSPIRE de infraestructura de información espacial. GLOSIS, entre otras cosas tendría que permitir la evaluación de las superficies disponibles para la agricultura.



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