MEGALÓPOLIS

La fragilidad del gigantismo

En 2007 se produjo un récord inesperado: según la ONU, la población urbana (3.200 millones de ciudadanos) superó por primera vez a la población rural (3.100 millones de habitantes). El margen es estrecho, pero irá aumentando puesto que va a continuar el movimiento hacia la ciudad, que se ha cuadruplicado en los últimos cincuenta años. Un movimiento con fuerza centrípeta que plantea numerosas cuestiones relacionadas con la sostenibilidad.

Tokio, 35 millones de habitantes con su extrarradio. Está entre las diez mayores megalópolis, pero no por mucho tiempo… © Shutterstock
Tokio, 35 millones de habitantes con su extrarradio. Está entre las diez mayores megalópolis, pero no por mucho tiempo…
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La denominación “megalópolis” se atribuye a las ciudades de 10 (incluso 8) millones de ciudadanos. La capital de Japón (33 millones, 35 con su extrarradio), más poblada que la totalidad del Canadá como país, está considerada como la mayor del mundo, pero no se quedan muy atrás Nueva York (24 millones), Yakarta (18), la Ciudad de Méjico (22)… Esta tendencia al gigantismo, el avance demográfico, así como la globalización que cambia los polos económicos, van trazando una nueva geografía urbana. Por ejemplo: la “hipermegalópolis” Chongqing, en el centro de China, que engloba a cuatro municipios próximos. Chongqing, situada a las riberas del río Yangtsé, junto a la Presa de las Tres Gargantas, cuenta con 33 millones de habitantes y recibe anualmente a 500.000 más.

Las zonas de “megamiseria”

La afluencia de nuevos habitantes tiene connotaciones más dramáticas en las ciudades de los países en desarrollo y de los países de economías emergentes. ¿Cómo van a poder gestionar Dakar o Lagos a los recién llegados cuando se sabe que su población llegará a los 9-10 millones de aquí al año 2015? ¿Cómo va a evolucionar el mayor barrio de chabolas de África, Kibera, en Nairobi (Kenia), que cuenta con un millón de habitantes (más de la mitad sin acceso al agua) hacinados en el 5% del territorio de la ciudad?

En Asia, África, América Latina, se van desarrollando ciudades gigantes de forma anárquica y peligrosa, tanto en terrenos accidentados no estabilizados, como en espacios cercanos a las costas, o incluso en zonas áridas o semiáridas. Esto plantea allí graves problemas de suministro de agua, de estabilidad y de contaminación de los suelos debido a la falta de evacuación adecuada de los desechos, que además se suelen emplear para formar terraplenes. Una serie de catástrofes naturales (ciclones, inundaciones, subida del nivel del mar, seísmos, corrimientos de tierras, etc.) han puesto de relieve que para poder evaluar y minimizar estos peligros hay que utilizar enfoques geológicos (como la cartografía multirriesgo) adaptados a estos frágiles espacios habitados.

Modelos exportables

De este modo, un consorcio francés, dirigido por la empresa G2C Environnement, el Instituto Nacional de Investigación Agronómica de Francia (INRA) y la consultoría M.E.E.D(1), está llevando a cabo un cálculo muy preciso de la presión que ejercen las expansiones urbanas sobre los ecosistemas. El lugar de estudio elegido es la zona portuaria de Marsella-Fos (Francia). Se están elaborando algunas herramientas de modelización de los impactos de las extensiones del puerto y de los vertederos de la ciudad en los recursos cercanos. “Fos-surmer ilustra lo que suele suceder en los países en desarrollo, con enormes programas de infraestructuras y de gestión de desechos”, destaca Alain L. Dangeard, economista y presidente del consejo de administración de M.E.E.D. “El proyecto incluye igualmente la creación de herramientas de ayuda para la toma de decisiones a fin de identificar y preservar los recursos ecológicos y la constitución de una red de especialistas en modelos urbanos que puedan actuar en cualquier continente. La prioridad dada al medio ambiente tiene que concebirse como una inversión y una forma de actuar contra la pobreza, teniendo en cuenta la interfaz campo-ciudad”.

Conocer el subsuelo

No hay que olvidar que una ciudad depende muchísimo de su subsuelo y de las zonas circundantes para cubrir numerosas necesidades: abastecimiento de agua (a menudo subterránea), materiales de construcción (la mayoría de origen geológico), capacidad de espacio en el subsuelo (cimientos, canalizaciones, aparcamientos, túneles, depósitos de almacenamiento). Para identificar los riesgos relacionados con las interacciones con estas zonas “de abajo” es necesario integrar la dimensión geológica, indispensable para una planificación y ordenación territorial sostenible.

Los proyectos de investigación europeos en el área de riesgos naturales como ARMONIA y LESSLOSS (Sexto Programa Marco), o los trabajos de la red ESPON (financiada por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional), han desarrollado herramientas innovadoras para la integración de los riesgos naturales en la planificación y la ordenación urbana. El hecho de que el transporte de materiales de cons trucción representa aproximadamente la mitad de las toneladas/kilómetro transportadas por carretera en Europa, demuestra lo importante que es acercar los centros de producción de estos materiales a sus lugares de consumo, para reducir las emisiones de CO2. Este enfoque, que implica una buena integración del conocimiento de los recursos y la preservación de su acceso, constituye un elemento importante de una política de ordenación territorial esencial para la ciudad sostenible.

¿Una oportunidad o una trampa?

Para Anna Tibaijuka, directora de ONUHABITAT(2), el desarrollo de las ciudades es inevitable. Por lo tanto, según ella: “Se tendría que pensar en una urbanización sostenible siguiendo los principios del desarrollo sostenible. La ciudad puede representar una oportunidad para la humanidad o una trampa horrible”. Para que la ciudad opte por esa vertiente de “oportunidad positiva”, las administraciones urbanas tendrían que ser muy eficaces y resolutivas para gestionar una serie de problemas cruciales: los desechos, el tráfico, la energía, la canalización del agua, los materiales de construcción, los problemas socioeconómicos (el desempleo, la violencia, la salud, las drogas, el envejecimiento de la población, etc.).

Los observadores optimistas opinan que las ciudades siempre han sido vectores de crecimiento y desarrollo (material y cultural), lugares cuyos habitantes pueden salir de la pobreza, que ofrecen escolarización y acceso a la atención médica, y favorecen las interacciones y los intercambios. Opinan que se podrían desarrollar los transportes públicos (utilizando carburantes no contaminantes), señalando que el consumo de energía disminuye en un 30% cuando se agrupan las viviendas, y que se podría explotar la energía solar de forma muy eficaz en las megalópolis privilegiadas geográficamente. Los sociólogos más positivos observan que los habitantes de los barrios de chabolas hacen gala de ingenio e imaginación para salir adelante, creando subculturas que les permiten conseguir una calidad de vida (relativa). Algunos demógrafos presentan previsiones tranquilizadoras de estancamiento del crecimiento anual de la población total de aquí al año 2010(3).

Christine Rugemer

  1. Siglas en francés de: materias primas, agua, medio ambiente, (desechos) y desarrollo.
  2. ONU-HABITAT, que pertenece a la ONU, y cuya sede está en Nairobi (Kenia), es la institución responsable de la coordinación de las actividades relacionadas con los asentamientos humanos.
  3. Teniendo entonces un índice de fecundidad por mujer de 3,82 en África, 2,59 en Asia, 1,68 en América Latina, 1,06 en América del Norte y 0,24 en Europa.

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Un subsuelo “muy vivo”

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Montreal posee el mayor complejo peatonal subterráneo del mundo (unos treinta kilómetros, perfectamente señalizados), además de dos líneas de metro. Las universidades, los museos, los edificios públicos están unidos a esta red (denominada familiarmente “Reso”) que está llena de comercios (el 35 % de las tiendas de la ciudad), de restaurantes y empresas de servicios. ¿Sería ésta una solución para el futuro? Eduardo de Mulder, director ejecutivo de la Secretaría del Año Internacional del Planeta Tierra, especialista en geociencias y desarrollo urbano, opina: “Es lógico que los centros urbanos se extiendan en su parte subterránea, sobre todo en los que se da una falta de espacio”. Técnicamente, se puede hacer todo en el subsuelo. “Las construcciones subterráneas son más sostenibles a nivel medioambiental, consumen menos energía de calentamiento o de aire acondicionado. Requieren menos mantenimiento y renovación en el diseño, pierden menos valor financiero y son más seguras en caso de terremoto. No obstante, estas construcciones a veces se enfrentan a problemas de aguas subterráneas, por lo que hay que tomar precauciones especiales en sus cimientos”.

Aunque las ciudades modernas se desarrollan verticalmente, la multitud de rascacielos llega a un límite. La planificación de las plantas, bajo las torres, no se justifica únicamente por razones de estabilidad. “Existe un potencial de desarrollo subterráneo, que va a plasmarse en las próximas décadas. Creo que al menos el 25 % de los ciudadanos de las megalópolis trabajarán, se desplazarán y se relajarán en el subsuelo… En China, unos 30 millones de personas viven en sótanos. El ser humano es capaz de adaptarse a todas las condiciones”.



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