PATRIMONIO

Geología y paisajes

Los paisajes tienen una historia. Reflejan la historia de la Tierra y de los hombres. A continuación, hacemos un breve repaso de las huellas de este pasado y de un presente que está forjando una cierta “visión” del futuro.

Paisaje geológico de la región de Atar, en Adrar (Mauritania).© BRGM-im@gé/Nicolas Baghdadi
Paisaje geológico de la región de Atar, en Adrar (Mauritania).
© BRGM-im@gé/Nicolas Baghdadi
© BRGM-im@gé/Nicolas Baghdadi
© BRGM-im@gé/Nicolas Baghdadi

Los paisajes se han ido forjando por la naturaleza y la estructura del subsuelo, la interacción profunda entre el manto y la litosfera, y los vaivenes de las placas tectónicas. Las grandes cadenas montañosas reflejan las zonas de colisión entre dos placas continentales, o entre una placa oceánica y una placa continental. La huella del clima se puede observar en muchos lugares, ya sea el vulcanismo reciente en la Calzada de los Gigantes de Antrim (Irlanda del Norte), las entalladuras de hielo en una base cristalina antigua de los fiordos noruegos, o los colores suntuosos de los terrenos pérmicos en las gargantas del Cians en Francia… La fascinante y conocida historia de estos paisajes atrae cada vez más a un público aficionado al medio ambiente y a la naturaleza. La Red de Geoparques Europeos federa 32 de estos lugares, de gran interés cultural y patrimonial.

La geología local determina también la naturaleza de los materiales de construcción disponibles, que contribuyen a dar su sello particular a las ciudades y a sus monumentos, así como a la arquitectura rural. Uno de los desa - fíos de las políticas modernas de conservación de edificios estriba en encontrar los lugares de extracción de las rocas ornamentales utilizadas en la arquitectura. “Hay que ser un gran especialista para poder identificar los materiales empleados, hace tantos siglos, para un determinado monumento o catedral, y encontrar su lugar de origen. Asimismo, se espera que algunos de estos lugares se puedan explotar, para extraer de allí los elementos necesarios para el mantenimiento o la restauración del patrimonio. Además de su valor cultural, no hay que olvidar que esta riqueza representa también una baza económica por el turismo que genera”, explica Patrice Christmann, secretario general de EuroGeoSurveys(1).

Hacia las profundidades

Pero, desde hace siglos, también el hombre modela los paisajes. Las terrazas de cultivo (restanques, por su nombre en francés), bordeadas de muros hechos de piedras secas tan típicos del paisaje provenzal, son ejemplo de ello. Tenían un objetivo utilitario: proteger los suelos (preciado recurso) de la erosión. Los subsuelos, cuya exploración aportó otras cicatrices al paisaje, también suscitaron interés desde el principio. Al inicio de la era industrial se cavaron galerías, a veces muy profundas, para encontrar minerales ocultos en la corteza terrestre. Una vez agotadas o si su explotación ya no era rentable, la mayoría de ellas terminaban cerrando sus pozos. La enorme demanda de materiales de construcción de nuestras sociedades modernas(2), junto con el extraordinario desarrollo de los dispositivos mecánicos, han cambiado radicalmente el entorno natural creando espectaculares canteras a cielo abierto o amplias zonas de explotación de yacimientos aluviales de grava.

Por suerte, las legislaciones (particularmente las europeas) obligan a las sociedades explotadoras a rehabilitar los sitios al final de la explotación. Más de un bañista ignora que está nadando en un lago que en su día fue una cantera de grava, y más de un aficionado de la observación de los murciélagos o de las orquídeas no se da cuenta de que el biotopo que está viendo fue una cantera. De esta forma, una antigua explotación puede adquirir un valor ecológico superior al de origen y formar nuevos biotopos, como las zonas húmedas creadas en los lugares de extracción de arena y grava.

La conquista de las montañas

Actualmente la industria minera, para hacer frente a la creciente demanda de minerales y metales, explota masivamente los yacimientos situados en las zonas montañosas recónditas, que antes estaban fuera de su alcance debido a su relieve y a la falta de vías de comunicación. A diferencia de las planicies cargadas de sedimentos, las cadenas montañosas y su geología particular ofrecen fuentes de minerales (oro, cobre, plata, cinc, wolframio, etc.) que se constituyeron al levantarse estas montañas sobre antiguas zonas de subducción de las placas oceánicas.

Impresiona y preocupa la amplitud de los estragos causados y algunos paisajes mineros parecen imágenes de la Luna, que hablan por sí solas. No obstante, tienen que ser temporales, ya que las sociedades mineras responsables de estos trabajos se jactan de hacer gala de una buena gobernanza (la Corporate Social Responsability). De no ser así, estos trabajos gigantescos pueden conllevar la modificación de los ecosistemas locales y la pérdida de la biodiversidad. Los problemas planteados pueden ser de todo tipo: perturbaciones cualitativas y cuantitativas de los sistemas hídricos, concentraciones de lodos tóxicos cargados de metales pesados, eliminación de la cubierta vegetal, reducción de la diversidad de las especies, cambio de topografía, etc.

Según Patrice Christmann: “Las políticas públicas, por un lado, tienen que crear las condiciones de explotación racional de los recursos geológicos (energía, minerales, aguas subterráneas, etc.) y, por otro, establecer un marco jurídico (combinado con un sistema de garantías financieras para prevenir los impactos medioambientales y sociales de explotaciones mal concebidas) que imponga obligaciones a las empresas explotadoras que no quieran comprometerse a realizar acciones voluntarias”.

Además, para la población, algunos cambios radicales pueden afectar a las sociedades integradas en estos entornos, en particular en los países en desarrollo. Las repercusiones sociales y económicas (cuando son equitativas) benefician a las comunidades locales (creación de empleo, desarrollo de competencias locales en una amplia gama de oficios, nuevas infraestructuras y creación de servicios, compra de las tierras, integración territorial, etc.). No obstante, no siempre está garantizado que compensen el tributo ecológico y social a pagar, teniendo en cuenta los cambios introducidos por el desarrollo rápido de las actividades mineras o petrolíferas en el seno de poblaciones que antes vivían en equilibrio con su entorno.

“Sin embargo, oponer la ‘buena’ naturaleza a la ‘mala’ industria no hace que avance el debate, en un mundo ávido de suministros. La pregunta pertinente sería cómo utilizar los recursos existentes de forma más eficaz y qué políticas se pueden desarrollar a nivel mundial (la Unión Europea de forma aislada tan sólo tiene un peso relativo) en el respeto a la calidad de la vida”, precisa el secretario general de EuroGeoSurveys.

Las nuevas “fiebres del oro”

Otro aspecto preocupante es el desarrollo de la minería artesanal, muy extendida en algunos países en desarrollo (de África, América Central y América del Sur, Asia- Pacífico), ricos en minerales preciosos. Esta actividad de supervivencia está experimentando un gran auge (más de treinta millones de personas en todo el mundo se dedican a ello), y la practican comunidades pobres, a menudo itinerantes. Las consecuencias pueden ser nefastas, en diferentes ámbitos: desforestación, utilización excesiva del mercurio (nocivo para la salud) en la explotación del oro, trabajo infantil, prostitución, sida, etc. A iniciativa del Banco Mundial y del Ministerio para el Desarrollo Internacional del Reino Unido (DFID, por sus siglas en inglés), se va a promover una movilización internacional para paliar esta situación(3).

“Esperemos que la política para garantizar la seguridad de los abastecimientos de recursos no energéticos de la Unión Europea, en curso de elaboración, dote a la Comisión de medios de acción y haga posible una revisión de la política europea de ayuda al desarrollo, en la que las palabras ‘geología’ y ‘recursos minerales’ están ausentes por el momento. Y eso a pesar de que la UE importa masivamente recursos de los países en desarrollo, cuyas instituciones y recursos humanos son demasiado débiles para garantizar una explotación racional de sus recursos, que sea compatible con los principios del desarrollo sostenible”, concluye Patrice Christmann.

Christine Rugemer

  1. The Association of the European Geological Surveyswww.eurogeosurveys.org
  2. En la Unión Europea se extraen entre 2,5 y 3 mil millones de toneladas al año, o sea la masa de aproximadamente 1 kilómetro cúbico de roca.
  3. En particular, a través del CASM (Communities, Artisanal and Small Scale Mining).

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