Star Trek

Nube de polvo procedente del Sahara, que avanza a lo largo de las costas del Atlántico (Mauritania, Senegal y Guinea Bissau). Imagen transmitida por el satélite Envisat. © ESA
Nube de polvo procedente del Sahara, que avanza a lo largo de las costas del Atlántico (Mauritania, Senegal y Guinea Bissau). Imagen transmitida por el satélite Envisat.
© ESA

Cuando haya llegado al punto final de la frase que está leyendo, habrá recorrido alrededor de 1.350 km. Más o menos cinco segundos de lectura, durante los cuales la Tierra gira alrededor del Sol, que a su vez describe un movimiento circular en la Vía Láctea, que también gira sobre sí misma. Sin considerar el movimiento de expansión del Universo, esto representa un desplazamiento de unos 270 km por segundo. Nuestro planeta es como una nave galáctica en la que viajamos alegremente a toda velocidad (y casi sin protección), en un cosmos esencialmente sombrío y helado, teniendo como compañero de viaje a una inmensa estrella que nos bombardea con rayos mortales, y a un sinfín de astros más pequeños con los que no sería inverosímil la hipótesis de una colisión fatal. ¿Nuestra existencia es precaria? Sí.

Esta fragilidad, esta alucinante improbabilidad, esta posible unicidad en el Universo, hace que veamos la aparición de la vida sobre la Tierra como una especie de milagro, o fruto del azar. Afortunados “elegidos” ogente con suerte, nos aprovechamos de esta oportunidad con total despreocupación. Escapamos de milagro, por lo tanto somos indestructibles.

Pero he aquí que todo cambia: nuestra nave espacial se avería. La fina película de protección atmosférica se degrada. Los fallos aparecen por todos lados: en el sistema de calefacción, de circulación del agua, de ventilación, de climatización. Los invernaderos se secan. El vivero se vacía. Se hace un nuevo balance de los alimentos y las reservas de agua potable. En la nave Enterprise NCC-1701, sería el momento en el que el capitán Kirk pediría al ingeniero jefe Montgomery Scott que subiera a la pasarela. ¿No ha llegado la hora de llamar a nuestros propios “Scotty”, nuestros geólogos, sismólogos, oceanógrafos y a otros especialistas de las ciencias de la Tierra?


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