aptitudes y actitudes - Breves

© Alexis Chaine
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La hembra escribano (a la izquierda) elige a su macho siguiendo varios criterios, y no únicamente la apariencia.© Alexis Chaine
La hembra escribano (a la izquierda) elige a su macho siguiendo varios criterios, y no únicamente la apariencia.
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Hembras babuino que se despiojan. © Shutterstock
Hembras babuino que se despiojan.
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Las hembras sociales tienen crías más sanas

Desde 1971, los primatólogos estadounidenses Jeanne y Stuart Altmann estudian a los babuinos (Papio cynocephalus) de la región de Amboseli, en Kenia. Dichos monos tienen una sociedad matriarcal. Las hembras crean relaciones sociales a largo plazo mientras que los machos pasan de grupo en grupo. Algunas hembras parecen especialmente afables, y pasan mucho tiempo despiojando a los otros miembros del grupo o interviniendo en caso de conflicto. De 1984 a 1999, los investigadores observaron la evolución demo - gráfica del grupo (embarazos, nacimientos y viabilidad de las crías), los rangos de dominio, y particular - mente el comportamiento de 108 hembras. Como resultado de esta larga observación en el medio natural constataron que cuanto más sociable era la madre, más posibilidades de supervivencia tenían sus retoños durante el primer año, considerado como el más crucial. ¿A qué se debe? Se sabe que los contactos sociales disminuyen el estrés fisiológico en diferentes especies.

Los investigadores emiten también la hipótesis de un acceso más fácil a la comida y de una protección más eficaz para las crías que tienen la suerte de tener estas “madres cariñosas”.


¿La cooperación ha sido subestimada en la teoría de la evolución?

Un número cada vez mayor de especialistas creen que la cooperación entre organismos ha sido subestimada en la teoría de la evolución, dominada por una interpretación del darwinismo exageradamente orientada hacia la competencia. Innumerables ejemplos de evoluciones conjuntas y simbiosis ilustran la tendencia espontánea de los seres vivos a relacionarse buscando un beneficio mutuo. Estas relaciones pasan por innumerables señales cuyo destinatario pertenece a otra especie, e incluso a un reino diferente. Una pionera en la materia, la microbióloga estadounidense Lynn Margulis, profesora de la Universidad de Massachussets, junto con el británico James Lovelock, han desarrollado una teoría según la cual la propia Tierra se puede considerar como una simbiosis de todos sus habitantes(1). Sin ir más lejos, se puede constatar la importancia fundamental de las actividades sociales y de relaciones para los seres vivos.

  1. Lynn Margulis, Symbiotic Planet: A new look at evolution, Basic Books, 1998.

Además del plumaje…

Las hembras paseriformes (escribanos) van más allá de las apariencias cuando eligen a su macho. Parece ser que además de su tamaño y de los colores de su plumaje, también lo escogen en función del contexto ecológico del momento. Los investigadores Alexis Chaine (CNRS, Francia) y Bruce Lyon (Universidad de California, Santa Cruz, Estados Unidos) destacan este criterio de selección que tiene por objetivo el garantizar la diversidad genética. A las hembras les importa sobre todo que eclosionen el máximo de huevos(1). Por lo tanto, eligen a su compañero según las capacidades que tenga para alimentar a sus crías. Si el nido se sitúa cerca del suelo, donde pasan los ratones, optan por un macho cuyas alas tengan manchas blancas, puesto que asustan a los roedores. Si ese año no hay muchos saltamontes, su alimento preferido, escogerán a un compañero que tenga un gran pico, capaz de atrapar a otros insectos. Por todo ello, los investigadores opinan que las preferencias de las hembras implican una dinámica de selección sexual, que igualmente tendría que estar presente en otras especies.

  1. Alexis S. Chaine, Bruce E. Lyon, Adaptive Plasticity in Female Mate Choice Dampens Sexual Selection on Male Ornaments in the Lark Bunting, Science, 25 de enero de 2008.

Los subterfugios de las presas

Un insecto se queda inmóvil frente a su predador. Por ejemplo, el saltamontes ante un sapo.

¿Por qué no se va volando? Porque así no tendría escapatoria y moriría devorado. El predador tan sólo intenta atrapar a sus presas cuando saltan. “La grajilla no reconoce la forma cuando sus presas están inmóviles, pero cuando éstas saltan se diferencian de las otras formas que las rodean”, escribe Vinciane Despret(1). Por lo tanto, el saltamontes ha integrado el hecho de que el predador sea incapaz de percibir un elemento inmóvil.

Otra constatación: los pequeños pájaros construyen sus nidos cerca de sus predadores. La explicación de esta etóloga-filósofa es que “el hábitat de un animal está impregnado del olor del que vive allí”. De este modo, el espacio en el que se instala su víctima potencial está considerado por el más poderoso como una extensión de su propio cuerpo, así que no se puede tratar de un territorio de caza. ¡No se va a comer a sí mismo! Tal y como ha demostrado Jacob von Uexhüll (véanse páginas 6 y 7), tenemos que buscar el significado de los comportamientos extraños a primera vista pero que constituyen “el mundo característico del animal”.

  1. Vinciane Despret, Bêtes et Hommes,Gallimard, 2007

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