COGNICIÓN

No tenemos la exclusividad del pensamiento

La inteligencia y el poder de abstracción fueron considerados durante mucho tiempo como algo exclusivamente humano. Se suponía que los animales reaccionaban como autómatas, sin realizar operaciones mentales. En los años setenta, el enfoque cognitivo empezó a sembrar la duda y aún sigue suscitando la reflexión.

Investigaciones llevadas a cabo en elWolfgang Köhler Primate Research Center, que pertenece al Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y está situado en el zoológico de Leipzig. Las investigaciones tratan sobre todo de los grandes simios, particularmente del desarrollo cognitivo, el aprendizaje y la socialización. 1. Chimpancés en una cámara de observación. El investigador está a punto de introducir un trozo de plátano en una de las dos tazas para probar la comprensión causal del primate. 2.3.y 4. Bonobo, orangután y gorila en la zona de los primates donde se estudian, entre otras cosas, su comportamiento social y sus modos y capacidades de aprendizaje. © MPI EVAN
Investigaciones llevadas a cabo en elWolfgang Köhler Primate Research Center, que pertenece al Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva y está situado en el zoológico de Leipzig. Las investigaciones tratan sobre todo de los grandes simios, particularmente del desarrollo cognitivo, el aprendizaje y la socialización. 1. Chimpancés en una cámara de observación. El investigador está a punto de introducir un trozo de plátano en una de las dos tazas para probar la comprensión causal del primate. 2.3.y 4. Bonobo, orangután y gorila en la zona de los primates donde se estudian, entre otras cosas, su comportamiento social y sus modos y capacidades de aprendizaje.
© MPI EVAN
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¿Piensan los animales? La respuesta a esta pregunta, tradicionalmente de tipo filosófica o religiosa, ha ido cambiando a lo largo de la historia. Los científicos ya se interesaron por esta cuestión en el siglo XIX, pero no por ello acabaron las polémicas ni los cambios radicales de posicionamiento. Desde el periodo de entreguerras hasta los años setenta, dominó la psicología conductista (behaviourism), según la cual, los comportamientos de los animales pueden explicarse por una respuesta automática, sin reflexión, a estímulos exteriores. Esta respuesta al entorno es el resultado de una programación genética innata o de un aprendizaje, por ejemplo, por repetición o condicionamiento. Así que no se tendría que hablar de operaciones mentales, es decir, de capacidades cognitivas, para explicar los resultados de las ratas en los laberintos o de los chimpancés capaces de encontrar comida escondida.

“El enfoque cognitivista se impuso en los años setenta”, recuerda Josep Call(1), del Insti - tuto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania). Varios factores propiciaron este cambio de enfoque tan radical. El etólogo estadounidense Donald Griffin, tras años de observaciones, defendió la existencia de una conciencia animal. Por su parte, algunos teóricos del aprendizaje empezaron a estudiar la memoria y las capacidades de categorización de los animales. En 1978, el psicólogo y primatólogo primatólogo David Premack no dudó en preguntar claramente: “¿Los chimpancés tienen una teoría de la mente?”, es decir, si pueden imaginarse que los demás (sus congéneres o los experimentadores) tienen conocimientos, intenciones, e incluso creencias(2).

Los entresijos de la mente

A partir de ahí, empezaron a estudiarse intensamente las capacidades cognitivas animales. Pero primero hay que definir este concepto. El primer escollo consiste en poner al mismo nivel operaciones mentales tan diferentes como la inferencia (comprender cadenas causales), la construcción de reglas abstractas, el “viaje en el tiempo” (la memoria episódica y la capacidad de proyectarse en el futuro), la teoría dela mente o la metacognición (saber lo que se sabe... y saber lo que no se sabe). Josep Call se niega a establecer una articulación, menos aún una jerarquía, entre estas aptitudes que no se pueden comparar, según él.

Para Julia Fischer, profesora de etología cognitiva en la Universidad de Göttingen (Alemania): “La inferencia está muy presente en el reino animal y puede explicarse mediante mecanismos simples, así como la construcción de reglas. El viaje en el tiempo es un concepto que sería más complicado. Ahora bien, algunos animales no son ‘prisioneros del presente’”. Dicho esto, en numerosos casos, basta con la hipótesis conductista para explicar las observaciones. “La principal dificultad metodológica sigue siendo la de poder excluir de forma categórica cualquier explicación ‘conductista’ de los resultados constatados, lo que no es fácil, por ejemplo, en la mayoría de los experimentos sobre la teoría de la mente”, destaca.

Entonces, ¿qué se puede afirmar hoy en día? Los grandes simios son los que tienen más protagonismo, en particular los chimpancés, los más estudiados, con diferencia. Los investigadores, tras haber comprobado la complejidad de sus relaciones sociales en el estado salvaje, y haberse sorprendido de cómo utilizan herramientas, los han sometido a pruebas más controladas. En 2004, una de ellas concernió a las cuatro especies de grandes simios. Se trató de ver si comprendían que, entre dos recipientes, el que hacía ruido cuando se agitaba contenía comida y el otro no. Se tuvo mucho cuidado en eliminar cualquier posibilidad de aprendizaje o de lectura “conductista”. Varios chimpancés, bonobos y gorilas (pero ningún orangután) comprendieron inmediatamente que la comida era la fuente del sonido.

Los primates y las ratas

Treinta años después de la pregunta planteada por Premack, también se puede conceder a los chimpancés una teoría de la mente, al menos parcial. Parece ser que comprenden lo que los demás ven y dicen, y con qué finalidad actúan. No obstante, Josep Call opina: “No hay pruebas de que piensen que los demás tengan deseos o creencias”. Además, los grandes simios no sólo utilizan herramientas, sino que también son capaces de guardarlas para utilizarlas en otra ocasión (al menos eso se comprobó en los bonobos y los orangutanes investigados en 2006). Esta experiencia, realizada en el zoológico de Leipzig, fue la primera en demostrar en animales una capacidad de proyectarse en el futuro.

No obstante, nuestros primos cercanos no son los únicos en disponer de tales aptitudes cognitivas. En 2006, las ratas demostraron su capacidad de comprender una cadena causal (un acontecimiento que desencadena otro) ¡e incluso intervenir de manera adecuada para obtener agua azucarada! En realidad, como estima Anne Reboul, lingüista y filósofa en el Instituto de Ciencias Cognitivas de Bron (Francia): “Las ratas no construyen ningún modelo explicativo pero reconocen una cadena causal”. Esto es suficiente para que Julia Fischer afirme que “las ratas y los grandes simios pueden desarrollar operaciones mentales sofisticadas antes de actuar”. Por su parte, en 2008, Robin Murphy, psicólogo de la Universidad de Londres(3) demostró la capacidad de abstracción de este roedor. La prueba consistió en comprender que una secuencia particular de sonidos conllevaba el suministro de comida, y después transponer esta regla a una secuencia similar, pero formada por otros sonidos. En resumidas cuentas, extraer una ley abstracta, general, de una situación particular.

La necesidad por encima de todo

Mejor aún: en el año 2007, un grupo de investigadores estadounidenses demostró en experimentos que unas ratas respondían cuando sabían que iban a encontrar la solución pero se abstenían (prefiriendo una consolación ciertamente inferior a la recompensa en caso de éxito, pero segura), cuando no sabían qué responder (por ejemplo, el poder diferenciar dos longitudes de sonidos diferentes). ¡Así que esas ratas sabían que no sabían! Hasta entonces, sólo los macacos rhesus habían demostrado tal metacognición. ¿Pero es la rata un animal excepcional? En absoluto. “Se trata simplemente de una especie que se puede criar fácilmente en laboratorio”, opina Robin Murphy. “Las ratas no son especiales, aunque sean quienes resuelvan mejor sus problemas particulares. Todas las especies, incluyendo al hombre, comparten la misma base de capacidades cognitivas, pero cada una desarrolla las que le son necesarias”. Además, los especialistas nos advierten de un error frecuente: considerar a los animales no humanos como un conjunto homogéneo a pesar de que las especies sean diferentes entre sí.

Otro interrogante sigue sin ser explorado: ¿por qué en cada experimento algunos sujetos tienen más éxito que otros?. “Estamos empezando a explorar este tema”, responde Josep Call. “No se puede trabajar con un número significativo de grandes simios, cuyo desarrollo cognitivo conocemos mal. Por lo tanto, es difícil establecer lo que es genético y lo que es historia individual”. Dicho esto, el enfoque cognitivista tiene sus límites. Julia Fischer opina que en parte “está de moda”: “Es muy difícil publicar un artículo en el que se afirme que un animal no sabe hacer algo determinado”.


Patrick Philipon

  1. Josep Call, Past and present challenges in theory of mind research in nonhuman primates. Progress in Brain Research, Vol. 164, capítulo 19 (pág. 341), Elsevier, 2007. Josep Call & Michael Tomasello, Does the chimpanze have a theory of mind ? 30 years later. Trends in cognitive sciences, 12(5), 187, 2008.
  2. No hay que tomar este término con el sentido de creencia religiosa, sino que significa el hecho de creer en una realidad (por ejemplo, un objeto escondido). La creencia se evalúa por medio de pruebas de “falsas creencias”.
  3. Robin A. Murphy et al., Rule learning by rats, Science 319, 1849, 2008.

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Para saber más

Tres elefantes se miraban…

La elefanta Happy, en la prueba del espejo. © Josh Plotnik
La elefanta Happy, en la prueba del espejo.
© Josh Plotnik

En el 2006, un grupo de investigadores instaló un espejo de gran tamaño en el área de los elefantes, en el zoológico del Bronx, en Nueva York. La mayoría de los animales se comportan ante su reflejo como si estuvieran frente a un congénere. Tan sólo los hombres, los grandes simios y los delfines se reconocen en un espejo. ¿Por qué investigaron a los elefantes? “Las raras especies que hasta entonces habían demostrado que se reconocían en el espejo eran animales altruistas, capaces de comprender las necesidades de congéneres en dificultad y de ayudarlos. Los elefantes tenían ese carácter”, explica Joshua Plotnik, uno de esos investigadores(1). El vínculo entre los dos comportamientos, difícil de establecer, pasa quizás por la conciencia de sí mismo como entidad distinta de los demás.

El experimento resultó ser un éxito. Tras una corta fase de exploración de la parte trasera del objeto, las tres elefantas de Asia presentes empezaron a mirarse, a efectuar movimientos para probar su reflejo, a examinar partes de sus cuerpos en principio invisibles: sobre todo, el interior de su boca. Una de ellas incluso pasó la prueba definitiva: se le habían pintado cruces en la frente, que borró con su trompa tras haberlas descubierto en el espejo. ¿Eso demuestra que estas elefantas son capaces de contemplarse ‘desde el exterior’? ¿Conciben los límites de su propio cuerpo? Nada nos permite afirmarlo…

  1. Joshua M Plotnik et al., Self-recognition in an Asian elephant, PNAS 103 (45), 17053, 2006.


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