PALEONTOLOGÍA

Siguiendo la pista de nuestros orígenes

Desde el año 2000, y tras algunas décadas de calma, la paleontología humana vuelve a dar que hablar. De hecho, el paradigma dominante para explicar la separación entre la rama humana y la de los grandes simios se vino abajo en 2002, con el descubrimiento de un cráneo de homínido de 7 millones de años en el Chad.

Misión Paleoantropológica entre Francia y el Chad (MPFT, por sus siglas en francés) dirigida por Michel Brunet en el desierto de Djurab (Chad). © Michel Brunet
Misión Paleoantropológica entre Francia y el Chad (MPFT, por sus siglas en francés) dirigida por Michel Brunet en el desierto de Djurab (Chad). © Michel Brunet

Toumaï, de 7 millones de años, presenta características prehumanas. Descubierto a 2.500 kilómetros al oeste de lo que se consideraba hasta entonces como nuestra cuna, desbanca a Lucy (de 3,2 millones de años, Etiopía) como el más antiguo de nuestros ancestros. © Michel Brunet
Toumaï, de 7 millones de años, presenta características prehumanas. Descubierto a 2.500 kilómetros al oeste de lo que se consideraba hasta entonces como nuestra cuna, desbanca a Lucy (de 3,2 millones de años, Etiopía) como el más antiguo de nuestros ancestros. © Michel Brunet

Este paradigma dominante, denominado East Side Story, se había dado a conocer por todo el mundo gracias a su emblemática heroína Lucy, una joven australopiteca fósil de 3,2 millones de años. Lucy, cuando fue descubierta en 1974 en la región de Afar (Etiopía), por Yves Coppens, Maurice Taïeb y Donald Johannson, era el fósil más antiguo de homínido hasta entonces conocido. Según la East Side Story, promovida por Coppens, ésta era la prueba de que la línea humana habría aparecido en África Oriental, al este de una falla tectónica conocida con el nombre de Gran Valle del Rift. Al este del mismo, el clima cada vez más seco hizo que el bosque se fuera convirtiendo progresivamente en sabana. Al verse privados de árboles, nuestros ancestros del este se habrían erguido haciéndose bípedos, marcando así el inicio de la aventura humana.

Lucy adelantada por Toumaï

Ahora bien, el cráneo chadiano, bautizado “Toumaï” por el presidente de la República del Chad, descubierto por la Misión Paleo - antropológica entre Francia y el Chad (MPFT, por sus siglas en francés) dirigida por Michel Brunet(1), se encontraba a 2.500 km al oeste de la supuesta cuna oriental de la humanidad. El cráneo posee caracteres prehumanos (dentadura, posición del agujero occipital donde se encaja la columna vertebral, inclinación del plano de la nuca) reconocidos por la amplia mayoría de la comunidad científica, a pesar de su avanzadísima edad de 7 millones de años, recientemente confirmada por datación radiométrica. “Fíjese lo que eso supone: ¡Lucy, a quien llamábamos ‘la abuela de la humanidad’ estaba más cerca de nosotros en el tiempo que Toumaï!”, exclama Michel Brunet. Con ello reaparece el enigma de los mecanismos y de las fechas de nuestra separación de los simios. Las piezas dispersas del puzzle ya no encajan. Piezas que, a pesar de algunos descubrimientos recientes, siguen siendo rarísimas: además de Toumaï, tan sólo dos fósiles prehumanos superan la barrera de los 5 millones de años. Primero Orrorin tugenensis, encontrado en Kenia en el año 2000 (de ahí su apodo de Millenium ancestor), que data de hace unos 6 millones de años, cuyo fémur es la prueba irrefutable de su bipedia y de su pertenencia a la rama humana. Y después Ardipithecus kadabba, también con más de 5 millones de años, encontrado en Etiopía en el 2001.

¿Qué parentesco tienen?

Y por si fuera poco, para dificultar aún más la tarea de los paleontólogos, los lazos de parentesco entre estos diferentes homininos son especialmente enigmáticos. Los fósiles encontrados están muy fragmentados y, en algunos casos, muy deformados. Por ejemplo, ha hecho falta recurrir a técnicas de creación de imágenes virtuales particularmente complejas para reconstituir la forma original del cráneo de Toumaï (a pesar de ser uno de los mejores conservados), que se había deformado y fracturado por las presiones y los movimientos de los sedimentos que lo rodeaban. De un fósil a otro, generalmente los huesos conservados no son los mismos, lo que imposibilita las comparaciones directas. De ahí que ancestros del género Homo sigan guardando un halo de misterio, que quizás los amplios espacios fosilíferos africanos, aún muy poco explorados, terminen por desvelar.

La salida de África

Lo que es cierto, es que con estos descubrimientos, la rama humana se remonta a muchísimo más tiempo. Michel Brunet, quien ya salió a la búsqueda del ancestro de Toumaï, en una zona entre Libia y el Chad, estima: “Todo eso implica que la separación de nuestra línea podría haberse producido hace ocho, o quizás diez millones de años. Por lo tanto, la etapa africana de la historia humana fue muy larga”, ya que sin duda unos 2,5 millones de años a.C. nuestros ancestros (individuos que pertenecían ya al género Homo) abandonaron el continente negro.

Esta salida de África y la posterior conquista del mundo fueron también etapas de nuestra historia que se enriquecen ahora con conocimientos nuevos. Hasta hace unos diez años, la mayoría de los especialistas pensaban que este episodio se había producido hacía aproximadamente un millón de años y que era obra de la especie más “inteligente” del género Homo, Homo erectus. Pero he aquí que en un yacimiento fosilífero extraordinario, situado en la ciudad georgiana de Dmanisi, se han descubierto numerosos fósiles de miembros del género Homo que datan de 1,8 millones de años, lo que indica que salieron de África mucho antes. Otra sorpresa ha resultado ser la anatomía de estos conquistadores. “Son diferentes a la morfología clásica [del Homo erectus] en varios aspectos”, escribía recientemente David Lordkipanidze, director del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Georgia. “En particular, estos especímenes tienen una capacidad cerebral muy reducida”. Es de alrededor de 750 cm3 en el caso del mayor y de sólo 600 cm3 en el caso del más pequeño, es decir, cerca del promedio del Homo habilis, una especie más primitiva”. Además, estos europeos tienen más caracteres primitivos que el hombre de Turkana, un Homo erectus de 1,6 millones de años muy bien conservado, encontrado en Kenia. Incluso tecnológicamente, estos “georgianos” han sorprendido a la comunidad científica por el carácter poco evolucionado de sus herramientas: aparentemente, no conocían la técnica del bifaz (herramientas forjadas en los dos lados), contentándose con fragmentos y guijarros mucho más simples.

¿Por qué él?

Todas estas sorpresas han llevado a algunos a cuestionar el dogma según el cual el que había salido de África era el Homo erectus: incluso se ha propuesto bautizar Homo georgicus al ancestro de Dmanisi, para marcar sus particularidades. No obstante, la mayoría de los paleontólogos se niegan a dar ese paso, limitándose a destacar la gran variabilidad de estos hombres primitivos y prefiriendo hablar de Homo erectus en un sentido más amplio.

Queda por comprender por qué, de las numerosas especies de australopitecos y de Homo (Homo habilis, Homo rudolfensis, Homo erectus) conocidos, que poblaban África hace2 millones de años, tan sólo una consiguió salir de este continente y extenderse por el mundo. Quizás parte de la respuesta sea la especificidad de su esqueleto: la bipedia de los australopitecos, e incluso la de especies como el Homo habilis, sin duda era demasiado primitiva para poder atravesar grandes espacios sin árboles, mientras que parece ser que el Homo erectus era capaz de desplazarse corriendo largas distancias. Igualmente se puede considerar que el nivel de complejidad de las herramientas ha tenido algo que ver. David Lordkipanidze destaca otro factor: en el yacimiento de Dmanisi, los investigadores encontraron el cráneo de un individuo con alveolos dentales hundidos, lo que implica que hab ía tenido que vivir sin dientes durante varios años. Sus conclusiones son particularmente interesantes: “Es evidente que este individuo no habría podido sobrevivir sin ayuda de sus congéneres. Sin duda, le dejaban consumir las partes más blandas de los animales. Quizás le ayudaban también compartiendo con él comida previamente masticada”. Podría ser que en esta “actitud de compasión” y este “comportamiento realmente humano”, que confiere una gran cohesión a los grupos, se encontrase la clave que permite comprender las proezas de estos primeros hombres…


Yves Sciama

  1. Michel Brunet, de la Universidad de Poitiers (Francia), es también profesor en el Collège de France, donde tiene una cátedra de paleontología humana.

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Para saber más

Terminología

  • Homínidos
    Este grupo africano, que se individualizó hace unos doce millones de años, reunió a los miembros de la línea humana (homininos) así como a los grandes simios antropoides (o paninados) que son los gorilas, los chimpancés y los bonobos.
  • Homininos
    Se trata de todos los miembros de la línea humana posteriores a la separación con los paninados. Además de Orrorin, Toumaï y los dos Ardipithecus (Ardipithecus ramidus y Ardipithecus kabbada), están los australopitecos y los miembros del género Homo. Sin duda la bipedia es una característica transversal del grupo, aunque parece ser que tomó formas bastante diversas.
  • Homo
    Las diferentes especies del género Homo presentan diferencias morfológicas importantes entre las más primitivas de ellas (Homo habilis) y las más recientes, a saber, el hombre de Neandertal y el hombre moderno (Homo sapiens). Este último, nuestra especie, apareció hace aproximadamente 200.000 años y actualmente es el único representante del género Homo.


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