PRISIONES

El cáncer de las prisiones

© Shutterstock/Igorsky
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Aunque la mayoría de las democracias occidentales se ven enfrentadas al aumento de la criminalidad, la superpoblación carcelaria, las nuevas formas de delincuencia y el fracaso de las políticas de prevención, en un contexto socioeconómico que se va deteriorando, actúan de forma poco contundente frente a estas problemáticas.

¿Cómo se puede salir del círculo vicioso delincuencia-represión? Un proyecto apoyado por la Unión Europea, que finalizó en el 2001 y se tituló Welfare State or Penal State?, ya planteaba el problema del incremento de las penas de cárcel en Europa. Los investigadores observaron que con el final del welfare state (Estado del bienestar) en los años noventa, se fueron debilitando rápidamente las medidas sociales.

Son muchos los criminólogos que opinan que existe una relación directa entre el ámbito económico y el penitenciario, demostrada en diversas investigaciones. Charlotte Vanneste, del Instituto Nacional de Criminalística y Criminología de Bélgica, ha estudiado la correlación entre las estadísticas de la población penitenciaria belga y la situación socioeconómica del país, en un periodo de 170 años(1). Comprobó que en los ciclos de crecimientorecesión de 20 a 30 años, las depresiones de las recesiones se correspondían con los “picos” de población penitenciaria y al contrario. En el periodo entre las dos guerras mundiales observó cómo se reducía la población penitenciaria al mismo tiempo que mejoraba la economía en general (coyuntura favorable, mejor reglamentación social, indización salarial) mientras que, por el contrario, en la segunda mitad del siglo XX las cifras mostraban claramente una subida de los índices de encarcelamiento y de los del paro.

¿Tolerancia cero o prevención?

Las respuestas de los Estados europeos (y de sus ciudadanos) ante la criminalidad han sido estudiadas por los investigadores del proyecto CRCC (Crime repression costs in context), con el fin de evaluar las consecuencias directas e indirectas que tiene la criminalidad en diferentes políticas nacionales. Los socios establecen dos grandes “culturas”. La primera, característica de los regímenes neoconservadores, da prioridad a las políticas jurídico-policiales clásicas, tendiendo cada vez más hacia la tolerancia cero y la justicia expeditiva, sin dar importancia a las causas socioeconómicas subyacentes del delito. La segunda, la del liberalismo avanzado, se basa en la gestión del riesgo criminal y la aplicación del principio de precaución. Esta última estrategia pretende, por un lado, contener la delincuencia potencial (actuando sobre las causas económicas de la criminalidad, modificando el entorno urbano, desarrollando estrategias de control social, etc.) y, por otro, evitar que haya víctimas, animando a la población a protegerse (puertas blindadas, alarmas…). Estas técnicas de autoprotección están ganando terreno rápidamente. Según una encuesta europea sobre la seguridad y la criminalidad(2), el Reino Unido ostenta el récord mundial de los sistemas de videovigilancia y los Países Bajos el de las puertas especiales, mientras que más de una décima parte de las nuevas construcciones de Budapest realizadas entre el 2002 y el 2007 contaban con diferentes dispositivos de seguridad.

La sensación de inseguridad

Los investigadores del proyecto CRIMPREV(3) profundizaron en el estudio del sentimiento de inseguridad (la inseguridad subjetiva, distinta a la real u objetiva) y sus implicaciones en las relaciones sociales, particularmente los fenómenos culturales de rechazo. Este sentimiento varía según los países, las regiones y los barrios. ¿Sentimos angustia al caminar por la calle de noche? Los ciudadanos del Norte de Europa tienen menos miedo que los del Sur y del Este. Los males de la sociedad (especialmente la droga) y el rastro de los actos vandálicos (como basura, grafitis, bandas de jóvenes) alimentan estos temores. “Los gobernantes, conscientes de la importancia de estos desafíos sociales pero también electorales, no dejan de presentar propuestas de acciones destinadas a combatir el sentimiento de inseguridad, a veces considerado tan importante como la inseguridad real que, además, es muy difícil de medir”, explican los investigadores de CRIMPREV.

“Las redes de vigilancia tecnológica, las bases de datos y los servicios privados de seguridad no han hecho que desaparezcan el miedo y la ansiedad”, estima Joe Sim, profesor en la Liverpool John Moores University(4). “Al contrario, se ha reforzado la percepción de una catástrofe inminente, legitimando la escalada de respuestas autoritarias a la criminalidad y también a lo que se considera como amenazas que van en contra del orden público y social”. Esto incluye el miedo a los jóvenes, por ejemplo. Ahora bien, según diferentes estudios británicos, la criminalidad está asociada tan sólo en una proporción ínfima con el aumento de los delitos cometidos por menores.

Los guetos lujosos

Todos estos miedos y las respuestas que ocasionan han tenido consecuencias sobre la exclusión social y la organización del espacio urbano. La creación de guetos no sólo se da en los barrios más pobres. Desde los años sesenta, en todos los continentes se han ido creando las denominadas “gated communities” (viviendas seguras, custodiadas por vigilantes, rodeadas de verjas o de muros). Las encontramos sobre todo en el Reino Unido, en Francia, en Portugal, o incluso en algunos de los antiguos países comunistas.

Esta autoprotección puede ser una forma de prevención, pero no la mejor. En estos últimos años, en algunos países europeos se han hecho intentos de prevención más concretos, especialmente probando colaboraciones entre el sector público y el privado, las asociaciones, las ONGs, la policía local… Pero la idea pocas veces ha tenido el efecto previsto, puesto que los trabajadores sociales no querían transformarse en “confidentes” para la policía. Adam Crawford (Universidad de Leeds, Reino Unido), socio de CRIMPREV, supone que estas iniciativas “ilustran el reconocimiento de que los factores y las causas de la criminalidad van más allá del alcance tradicional del sistema judicial criminal”, aún considerando que “el tiempo ha demostrado que las colaboraciones de carácter preventivo que se ponían en marcha no dejaban de ser una ilusión destinada al fracaso”.

La cuestión de las aboliciones

Con todo esto, siguen aumentando las penas de prisión, aunque desde hace algunos años se practican determinadas soluciones de sustitución. Entre ellas, la vigilancia electrónica (una pulsera que contiene un chip que permite localizar a un individuo) utilizada particularmente en el Norte de Europa; los trabajos de interés general (al servicio de una asociación, de un hospital, por el medio ambiente) que sustituyen penas cortas; o incluso los regímenes de semilibertad en virtud de los cuales un detenido trabaja fuera de la prisión y vuelve allí por la noche.

“El problema social de las prisiones podría encontrar su respuesta en lo que Angela Davis denominaba las ‘alternativas abolicionistas’”, estima Joe Sim. “Creo que estas alternativas tendrían que conllevar el cese de la construcción de prisiones, la reducción de los presupuestos destinados al castigo del crimen a beneficio de la prevención, la creación de regímenes más humanos para las personas encarceladas, la toma en consideración de los daños causados por quienes tienen el poder y el final de las fracturas sociales. Los abolicionistas, contrariamente a los mitos populares y políticos, no sólo luchan por la supresión de los muros. Desean que se efectúe un análisis menos hipócrita del delito y de la criminalidad y la instauración de políticas radicales que ofrecerían una auténtica protección pública a todos los ciudadanos europeos, sean cuales fueren sus condiciones sociales”.

Christine Rugemer

  1. Charlotte Vanneste, Les chiffres des prisons – Des logiques économiques à leur traduction pénale, L’Harmattan, 2001.
  2. European Crime and Safety Survey 2005, bajo la dirección de Jan van Dijk, Universidad de Tilburg (Países Bajos). Podrá descargar el documento en la página web: www.crimereduction.homeoffice.gov.uk/statistics/statistics060.htmp
  3. Crimprev (Assessing Deviance, Crime and Prevention in Europe), que reúne a 31 socios de diez países europeos, tiene como objetivo recopilar y comparar, en cada uno de estos países, los factores de comportamiento marginales, el proceso de criminalización, la percepción del crimen, así como las políticas públicas de prevención. Este proyecto ha dado pie a un gran número de textos (artículos, folletos) disponibles en la página web: www.gern-cnrs.com/gern/index.php?id=4
  4. Autor muy crítico con los sistemas penitenciarios: Policing the crisis, Sage, 1978; Western European Penal Systems, Sage, 1995; State Power Crime, Sage, 2009; Punishment and Prisons, Sage, 2009.

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