REPORTAJE

“Relájese y escuche mi voz”

© Laurence Buelens
© Laurence Buelens
Christine Watremez (a la izquierda) y Fabienne Roelants, dos de las cuatro especialistas del Hospital St Luc (de Bruselas) con formación en anestesia hipnótica. © Laurence Buelens
Christine Watremez (a la izquierda) y Fabienne Roelants, dos de las cuatro especialistas del Hospital St Luc (de Bruselas) con formación en anestesia hipnótica.
© Laurence Buelens

Operación bajo hipnosis realizada al Hospital St Luc. La anestesista Christine Watremez (fotografía 1), el cirujano Parla Astarci (fotografía 2) y la enfermera instrumentista Rosie Enonyi. © Laurence Buelens
© Laurence Buelens
Operación bajo hipnosis realizada al Hospital St Luc. La anestesista Christine Watremez (fotografía 1), el cirujano Parla Astarci (fotografía 2) y la enfermera instrumentista Rosie Enonyi. © Laurence Buelens
Operación bajo hipnosis realizada al Hospital St Luc. La anestesista Christine Watremez (fotografía 1), el cirujano Parla Astarci (fotografía 2) y la enfermera instrumentista Rosie Enonyi.
© Laurence Buelens.
Clampaje de la arteria y abertura de la misma con el fin de realizar la endarterectomía (retirada de la placa de aterosclerosis que induce el estrechamiento del diámetro del vaso sanguíneo). © Laurence Buelens
Clampaje de la arteria y abertura de la misma con el fin de realizar la endarterectomía (retirada de la placa de aterosclerosis que induce el estrechamiento del diámetro del vaso sanguíneo).
© Laurence Buelens
El paciente, al despertar, con la enfermera Sophie Mertz, el doctor Parla Astarci y la doctora Christine Watremez (de izquierda a derecha). © Laurence Buelens
El paciente, al despertar, con la enfermera Sophie Mertz, el doctor Parla Astarci y la doctora Christine Watremez (de izquierda a derecha).
© Laurence Buelens

La Reina Fabiola de Bélgica contribuyó mucho a dar a conocer la anestesia hipnótica, que experimentó en el 2009. Esta práctica, desarrollada en el Centro Hospitalario Universitario de Lieja (Bélgica), ha ido ganando adeptos también en Francia, en Suiza o incluso en Estados Unidos, pero Bélgica sigue siendo la pionera. A continuación, les presentamos un reportaje sobre las Clínicas Universitarias Saint-Luc en Bruselas, donde asistimos a una operación de la carótida bajo hipnosis.

Usted está conduciendo su coche. De repente, se da cuenta del camino que ha recorrido, y comprende que durante todo este tiempo tenía la mente en otro lugar. Este estado, extremadamente corriente, es tan sólo un ligero trance hipnótico: un estado de conciencia modificado, otra percepción del mundo, en la cual aflora el inconsciente…

“Hay que tener mucho cuidado con los términos que se emplean. El inconsciente no integra las negaciones: si usted le pregunta al paciente si no tiene miedo o si no teme el dolor, va a retener únicamente las palabras ‘miedo’, ‘temor’ y ‘dolor’, que tienen una connotación negativa. Eso puede arruinar todo el proceso”, advierte Christine Watremez, anestesista en Saint-Luc, antes de que veamos a Jean, que está a punto de someterse a una endarterectomía(1) para tratar una estenosis carotídea.

Ya aquellas palabras se quedaron lejanas cuando, en vísperas de su operación, le preguntamos a este simpático jubilado cómo se encontraba de ánimo: “Tranquilo, relajado… ¡Estoy sorprendido de mí mismo! Ya me he sometido a varias intervenciones bajo anestesia general y siempre me ha sentado mal. Cuando me dijeron que era posible evitarla operándome bajo hipnosis, no lo dudé un instante”.

Hace ya seis años que se practica la anestesia hipnótica (o hipnoanestesia) en Saint-Luc. Además de Christine Watremez, la clínica cuenta con otras tres anestesistas especialistas en esta técnica. Realizan por término medio dos operaciones bajo hipnosis al día. Según Fabienne Roelants, una de ellas, los pacientes se clasifican en cuatro categorías: “Algunas personas, como este paciente, no aguantan bien la anestesia general; luego están los trabajadores autónomos que desean volver lo más rápidamente al trabajo; otros pacientes están demasiado débiles y nadie se atreve a anestesiarlos, así que nos los envían, y finalmente están los pacientes que sienten curiosidad por la técnica”.

Evitar el coma farmacológico

La anestesia general consiste nada más y nada menos que en someter al paciente a un coma farmacológico reversible en el que una serie de aparatos médicos se encargan de sus funciones respiratorias y cardíacas. Para ello se le suministra al paciente un cóctel compuesto por sedantes, que provocan la pérdida de conciencia, de analgésicos, que inhiben el dolor y, si es necesario, de curare, un relajante muscular. Por ello, la anestesia general es un acto médico complicado y delicado.

La hipnosis, que se puede definir como un estado subjetivo en el que se pueden inducir modificaciones de la percepción por sugerencias, posee un poder analgésico conocido desde hace mucho tiempo. En 1830, se utilizaba ya en cirugía como tratamiento complementario. Pero cayó rápidamente en el olvido, eclipsada por la llegada del éter algunos años más tarde.

En 1992, Marie-Elisabeth Faymonville, anestesista del Centro Hospitalario Universitario de Lieja (Bélgica), se interesó por los trabajos realizados en Suiza por un anestesista que recurría a la hipnosis para aliviar a los grandes quemados. “Descubrí que la hipnosis no era un don y que se podía aprender a practicarla. Pensé entonces que se podría mejorar hasta convertirla en una técnica de anestesia por sí sola”, recuerda. Aquel año, volvió a introducir esta práctica en cirugía, primero en la estética y luego en la endocrina. “Actualmente, la utilizamos también en cirugía mamaria, vascular, oftalmológica, otorrinolaringológica. También con ella podemos quitar tumores periféricos u operar hernias”, añade. En resumen, podemos decir que la práctica conviene a todas las intervenciones superficiales donde una anestesia local es realizable pero insuficiente para garantizar la comodidad del paciente.

Hasta la fecha, el equipo operatorio del Centro Hospitalario Universitario (CHU) de Lieja ha realizado más de 7.000 operaciones bajo hipnosis y varios estudios clínicos han evaluado sus efectos. Se realizó un estudio retrospectivo basado en 200 tiroidectomías y 21 exploraciones cervicales para casos de hiperparatiroidismo efectuadas bajo sedación hipnótica (también denominada hipnosedación) en Lieja entre 1994 y 1997. Todos los pacientes dijeron que se había tratado de una “experiencia agradable”. Con relación a una población similar operada bajo anestesia general, su dolor postoperatorio era menor, tomaron menos analgésicos, su convalecencia fue bastante mejor, y su vuelta a la vida social y profesional fue más rápida(2). Otro estudio realizado en Boston y publicado en la revista The Lancet en abril del año 2000(3) también reveló que se habían reducido los costes financieros, la aparición de complicaciones y la duración de las intervenciones en los pacientes operados bajo hipnosis.

Marie-Elisabeth Faymonville también organizó un programa de formación internacional en Lieja, cursado hasta la fecha por 450 anestesistas, entre ellos, suizos, luxemburgueses, o incluso canadienses, pero sobre todo muchos franceses. Precisamente Francia también cuenta con un gran centro de formación en Rennes. En Alemania y en Austria están empezando a interesarse por esta práctica.

¿Hipnosedación o hipnoanalgesia?

Cuando se efectúa una anestesia hipnótica, se puede suprimir la sedación completamente, tratándose entonces de analgesia hipnótica (o hipnoanalgesia), o se puede reducir en gran medida, y en este caso se habla de sedación hipnótica (o hipnosedación). Aunque en Lieja practicamos esta última, en Bruselas prefieren la analgesia hipnótica desde hace algunos años. “No queremos perturbar la hipnosis con un sedante. Si el paciente se siente cómodo, no es necesario”, estima Christine Watremez.

Por lo tanto, el día de su operación nuestro paciente recibirá tan sólo analgésicos: un medicamento local para insensibilizar la zona que hay que operar y un derivado suave de la morfina en inyección intravenosa que la anestesista dosificará con arreglo a las necesidades del paciente. “En realidad, a menudo reducimos las dosis y, a veces, hasta dejamos de administrarla”, explica Christine Watremez. La mente de Jean estará vagando por Sicilia. “En el momento de la consulta preoperatoria, le expliqué lo que era la hipnosis, dejando claro que no dormiría y que estaría consciente. Le dije que podría cambiar de opinión cuando quisiera. Se puede emplear la anestesia general en cualquier momento, ya sea por razones quirúrgicas o porque el paciente lo reclame. Todo nuestro material está listo para eso y la vigilancia es exactamente la misma. Jean sólo tiene que hacer una cosa: escoger un recuerdo agradable que desee revivir”. En este caso, sus bodas de oro, en la tierra de Bellini.

El quirófano transformado

“¿Está usted oyendo lo que pasa por detrás? Ya oímos su corazón. Aún habrá otros ruidos, la puerta que se abre, posiblemente gente que entre, que salga, que hable… Y luego, estarán los olores… Los olores normales de un hospital. Todas estas cosas de nuestro día a día, y que van a formar parte de su entorno en las próximas horas. He aquí la primera perfusión, vamos a poner la segunda, como le he explicado. Y tan pronto como hagamos esto, nos pondremos cómodos para irnos de viaje. Usted deseaba un pequeño viaje a Sicilia, ¿no? De todas formas, podrá cambiar de destino si lo desea. Yo me quedaré aquí, al lado de usted. ¿Así está bien? ¿Está usted cómodo?”. Al llegar al quirófano, Christine Watremez se ocupa de Jean. Va a familiarizarle con la sala para que no se desconcentre durante la hipnosis. Por eso el cirujano le detalló en la consulta los gestos que iba a efectuar. Nada debe sorprenderle.

Cerca de cinco minutos antes de la llegada del resto del equipo, la anestesista se sienta en un pequeño taburete cerca del oído de su paciente, cogiéndole la mano. Su voz, que se adapta al ritmo de la respiración de Jean, se hace más suave, más lenta, más monocorde. “Mire fijamente un punto en el techo. Al mismo tiempo, concéntrese en cada parte de su cuerpo… Y con cada espiración, su cuerpo se relaja… Ahora irán surgiendo imágenes agradables de viaje… Inspire profundamente y deje que su mente vuele, tranquilamente, en este viaje agradable y cómodo. Muy bien…” Una serenidad sorprendente invade el quirófano. Parla Astarci, el cirujano, entra sin decir una palabra, saluda a todo el mundo con la mirada, y empieza a empapar la zona que hay que operar con Betadine. Jean ya no está allí.

El cirujano tiene que adaptar sus movimientos

A veces, abre los ojos, murmura algunas palabras, aprieta la mano de la anestesista o parece profundamente dormido. ¿Y si no funcionara? “Si el paciente está motivado, preparado para cooperar y tenemos su confianza, ¡funciona!”, responden sin dudarlo Fabienne Roelants y Christine Watremez, precisando que en seis años, jamás tuvieron ningún fracaso.

Salvo Christine Watremez, todo el mundo guarda silencio o casi: algunos murmullos de vez en cuando. A veces, la anestesista se levanta para ver por dónde va la intervención en el campo operatorio, en el que también cambia por completo la práctica.

“Hay que intervenir como un músico que ejecuta una obra de arte” afirma Michel Mourad, especialista de la cirugía endocrina y el primero en haber operado a un paciente con esta técnica en Saint-Luc. “El paciente está despierto y está en nuestras manos, siente nuestros movimientos, los vive y lee nuestras emociones. Eso nos impone reglas estrictas”, explica.

Antes que nada reglas técnicas: “el cirujano debe evitar las tracciones y efectuar los movimientos suavemente. Hoy en día, disponemos de nuevas herramientas de coagulación y de sección que nos permiten disminuir el número de movimientos y de manipulaciones de instrumentos ruidosos”. Luego está el autocontrol imprescindible. “Si surge una hemorragia durante la intervención, no puedo ponerme nervioso, porque el paciente va a vivirlo y esto va a angustiarle. Debemos tener la pericia técnica que nos permita superar las dificultades con calma. Por eso creo que hace falta tener bastante experiencia antes de trabajar con la anestesia hipnótica”.

Al “despertar”

La anestesista habló a Jean con esta voz especial durante toda la operación. Una vez suturada la herida, retomó un tono normal y dijo: “Eso es todo señor, la intervención ha terminado”. Él abrió los ojos y le dio las gracias encarecidamente. “Es muy raro que los pacientes nos den las gracias después de una anestesia clásica. Con la anestesia hipnótica, siempre lo hacen”, observa Christine Watremez. “Están sorprendidos por la experiencia, pero contentos de haberla vivido. Sobre todo, se dan cuenta de que no se les puede hacer cualquier cosa, que nadie les manipula”. Algunos instantes más tarde, Jean se enderezó en su cama y le dijo a Parla Astarci: “Dígame doctor, como soporté bien la [carótida, nota de la redacción] izquierda, posiblemente usted podría operarme la derecha también”. Aterrizaje con éxito.

En la sala del despertar, confesó: “Estoy gratamente sorprendido. No me esperaba que fuera algo tan cómodo, tan fácil. Pensé en Sicilia todo el tiempo, como si estuviera allí”. ¿Pero sintió algo? “Dos o tres punzadas, pero soportables”. Le costó trabajo explicar esta experiencia que acababa de vivir, salvo algo que tenía claro: “Estaba consciente, pero en otro lugar”.

Laurence Buelens

  1. La endarterectomía consiste en quitar la placa de ateroma vinculada al exceso de colesterol que obstruye la carótida interna y en suturarla ampliándola para evitar un accidente cerebrovascular.
  2. “Hypnoanesthesia for endocrine cervical surgery: a statement of practice”, T. Defechereux, M. Meurisse, E. Hamoir, L. Gollogly, J. Joris, M.-E. Faymonville, J. Altern, Complement Med. 1999 Dic, 5(6):509-20.
  3. “Adjunctive non pharmacological analgesia for invasive medical procedures: A randomised trial”, E. Lang et al., Lancet 2000, 355:1486-90.

TOP

Para saber más

Los mecanismos de la analgesia hipnótica

Las modernas técnicas de generación de imágenes, tales como la resonancia magnética funcional (IRMF) y la tomografía por emisión de positrones (TEP), han hecho posible explicar de forma objetiva los efectos observados en los pacientes operados con anestesia hipnótica.

Cuando aparece un estímulo doloroso, la actividad cerebral difiere significativamente según el paciente se encuentre bajo hipnosis o en el estado de vigilia normal. La corteza cingular anterior, a la que se atribuyen, entre otras cosas, funciones cognitivas como la anticipación de recompensa, la toma de decisiones, la empatía y la emoción, parece desempeñar un papel preponderante en el transcurso de la hipnosis. De hecho se observa una activación de la parte media de la corteza cingular anterior, así como cambios en la conectividad entre ella y las regiones corticales y subcorticales.

Esta actividad cerebral especial permitiría una mejor codificación de la información nociceptiva (relacionada con el dolor) y, finalmente, una respuesta más adaptada a la misma. Según algunos investigadores, la hipnosis impediría que la información alcanzara las regiones corticales superiores, responsables de la percepción del dolor. Otros opinan que permitiría más bien responder mejor a la misma, activando más eficazmente las vías inhibitorias descendentes del dolor. No obstante, los neurotransmisores que intervendrían en estas acciones aún siguen siendo desconocidos.


TOP

La conciencia de sí mismo, amplio campo de investigación

Finalmente sabemos pocas cosas sobre los efectos de una anestesia general sobre el organismo. Algunos la soportan, otros no. ¿Por qué ocurre eso? ¿Qué pasa a nivel celular y genético?

Precisamente porque no tenía todas las respuestas a estas preguntas, Marie-Elisabeth Faymonville desarrolló las técnicas de anestesia hipnótica en 1992 y actualmente lleva a cabo investigaciones sobre la cognición. “Lo que se sabe es que las personas debilitadas pueden sufrir perturbaciones cognitivas tras una anestesia general. Sabemos que la memoria de trabajo (la que permite memorizar los códigos de las tarjetas bancarias, por ejemplo) se ve menos perturbada tras una operación bajo hipnosis”, explica la anestesista.

“Nos gustaría continuar nuestras investigaciones sobre las estructuras de la conciencia de sí mismo en resonancia magnética funcional, evaluar las repercusiones de la supresión de la conciencia tras una anestesia general y después de una sedación hipnótica. ¿En qué se modifica la cognición? ¿En qué influye sobre el envejecimiento una u otra técnica? Sería maravilloso elaborar un proyecto que estudie todo esto”.

No obstante, es muy difícil organizar investigaciones postoperatorias de este tipo, porque hay que motivar a los pacientes para que vuelvan y participen en las pruebas después de su intervención. Otro obstáculo metodológico nada despreciable tiene que ver con la imposibilidad de realizar pruebas aleatorias a doble ciego, dado que la hipnosis requiere la participación activa de los pacientes.


TOP