INFORME ESPECIAL CLIMA

¿Perdimos una oportunidad en Copenhague?

Pingüinos (Pygoscelis adeliae) en un pequeño iceberg, a la deriva en Adélie Land (Antártida).© CNRS Photothèque/Erwan Amice
Pingüinos (Pygoscelis adeliae) en un pequeño iceberg, a la deriva en Adélie Land (Antártida).
© CNRS Photothèque/Erwan Amice

El IPCC (Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático) ha tenido que esperar diecisiete años para que sus conclusiones se tradujeran en objetivos cifrados, el famoso umbral de aumento de temperatura de 2°C. Aunque para su vicepresidente, el climatólogo Jean-Pascal van Ypersele, esta cifra aún tiene que considerarse con prudencia, no hay que minimizar la importancia que ha tenido, puesto que hoy en día se está ejerciendo presión sobre los gobiernos del mundo entero para que actúen y revisen sus objetivos, considerados poco ambiciosos.

Poco a poco se agota nuestra complacencia con relación al petróleo (la energía fósil que tenemos que abandonar y no sólo porque se están agotando sus reservas). Se han intensificado las investigaciones sobre otras fuentes de energía. Y tras unos primeros pasos dados en falso (los agrocarburantes de primera generación), por los que pagamos un alto precio, los biocarburantes siguen teniendo un futuro prometedor.

Pero hay que darse prisa... No dejan de salir a la luz las consecuencias de los efectos del calentamiento sobre los ecosistemas. Por ejemplo, hasta hace poco no sospechábamos que el dióxido de carbono podía modificar la composición del agua del mar hasta el punto de poner en peligro la biodiversidad y los ecosistemas marinos. Ahora bien, así es y la acidificación de los océanos se ha añadido a la lista de los problemas medioambientales más inquietantes.

Las cifras se van afinando, los modelos climáticos van mejorando, las proyecciones ofrecen previsiones de probabilidad más precisas y, al mismo tiempo, se ensombrecen. La ciencia avanza, aunque sin certeza absoluta, y por lo tanto, a través del debate, lo cual es positivo. Prueba de ello: los científicos a los que se reagrupó bajo el término de “escépticos del cambio climático” y que siguen dudando del origen antrópico del calentamiento y/o de la pertinencia de las medidas propuestas para combatirlo.

En estos últimos años se han hecho llamamientos por un mayor voluntarismo político y una revisión total de nuestros modos de consumo sin que hayan tenido los efectos previstos. Los acuerdos logrados en la Cumbre sobre el clima de Copenhague del pasado mes de diciembre son el último ejemplo de dicha tendencia. Sin embargo, estos llamamientos han hecho que por fin dejemos la orilla donde nos encontrábamos, en la que no se sabía nada y se desperdiciaba todo. Ahora nos queda alcanzar la otra orilla.


TOP