SALUD

¿Debemos tener miedo al teléfono móvil?

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Sistema de antenas con diagrama de radiación reconfigurables para teléfonos móviles UMTS (Universal Mobile Telecommunications System), una de las tecnologías de tercera generación. Investigaciones realizadas en el Laboratorio de electrónica, antenas y telecomunicaciones de Valbonne (Francia).© CNRS Photothèque/CREMANT/Nice-Sophia Antipolis/LEAT/Emmanuel Perrin
Sistema de antenas con diagrama de radiación reconfigurables para teléfonos móviles UMTS (Universal Mobile Telecommunications System), una de las tecnologías de tercera generación. Investigaciones realizadas en el Laboratorio de electrónica, antenas y telecomunicaciones de Valbonne (Francia).
© CNRS Photothèque/CREMANT/Nice-Sophia Antipolis/LEAT/Emmanuel Perrin

Interphone, la mayor encuesta epidemiológica realizada hasta la fecha sobre la relación entre la telefonía móvil y el cáncer, ha hecho públicos sus primeros resultados. Aunque su interpretación aún no permite sacar conclusiones indiscutibles, parece demostrar que los teléfonos móviles pueden propiciar determinados tumores en la cabeza.

La utilización del teléfono móvil se ha extendido a un ritmo exponencial en estos diez últimos años. Un crecimiento increíble en comparación con el de la televisión o la radio, que aún no se puede medir en términos de riesgos sobre la salud a largo plazo. El número de usuarios y de antenas repetidoras, que se multiplican por doquier, incluso en los lugares más apartados del mundo, hace que estemos inmersos constantemente en un flujo de radiofrecuencias (RF). ¿Nuestro organismo es capaz de resistir a tales exposiciones? Los primeros resultados del estudio Interphone, lanzado en 1999 por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) en 13 países industrializados, apuntan a que las personas que utilizan el teléfono móvil con frecuencia desde hace diez años correrían más riesgo de desarrollar determinados tumores.

El estudio se centró en cuatro tipos de tumores que afectan al cerebro o a zonas de la cabeza situadas a nivel de los oídos. Cada una de las personas que participó en la encuesta recibió un cuestionario preciso sobre el uso que hacían del teléfono móvil, sus características demográficas, si utilizaban o no otros sistemas de comunicación, si fumaban, así como su historial médico y el de su familia. En total, siguiendo un protocolo común, se interrogó a 2.765 personas que sufrían un glioma, 2.425 que padecían un meningioma, 1.121 que sufrían un neurinoma acústico y 400 un cáncer de la glándula parótida, así como a un grupo de control de 7.658 personas.

Interpretar los resultados con cautela

Para el glioma, que es el cáncer cerebral con mayor riesgo de mortalidad, el estudio Interphone precisa que “al ponerse en común datos de los países escandinavos y del Reino Unido se ha descubierto que el riesgo de desarrollar este tipo de tumor es mayor en el lado de la cabeza utilizado habitualmente para llamar por teléfono”. Por lo tanto, los resultados apuntan a que la probabilidad de que los usuarios desarrollen un glioma después de más de diez años de utilización es hasta un 60 % mayor, en los países escandinavos… Un porcentaje que se acerca al 100 % en Francia y al 120 % en Alemania.

Los resultados no son tan concluyentes en lo que se refiere a los meningiomas y a los neurinomas acústicos, aunque se está perfilando una tendencia similar. En cambio, para los tumores de la glándula parótida, globalmente no se ha observado ningún aumento del riesgo. Pero, para confirmar estos resultados, hacen falta más investigaciones, que estudien periodos de tiempo más largos.

No obstante, Élisabeth Cardis, coordinadora del estudio Interphone, del Center for Research in Environmental Epidemiology (CREAL) de Barcelona (España), matiza el carácter alarmante de estos primeros resultados: “Efectivamente, indican un posible aumento del riesgo en los usuarios a largo plazo, pero esta observación posiblemente esté influenciada por dos sesgos principales que pueden invalidar las conclusiones. Por un lado, los resultados pueden estar infravalorados por un sesgo de selección, es decir, del índice de ausencia de respuesta, que se eleva a cerca del 55 % entre los no enfermos. Por otra parte, las personas que padecen un cáncer quizás hayan sobrevalorado su índice de utilización del teléfono móvil. Es lo que se llama el sesgo de memorización”.

Por otro lado, un buen número de las organizaciones que militan por la imposición de normas más estrictas de utilización del teléfono móvil consideran que la definición de “usuario habitual” (considerado en el estudio Interphone como una persona que haya utilizado un teléfono móvil por lo menos una vez a la semana durante seis meses como mínimo) es realmente demasiado amplia, lo que podría haber falseado los resultados. Élisabeth Cardis replica: “Sin embargo, todos los estudios emplean esta noción. Cuando alguien respondía a este perfil, se le enviaba un cuestionario detallado para documentar su historial de utilización de teléfonos móviles. Hicimos análisis según los años de utilización, el número total de llamadas, de horas, etc.”.

Interferencias con el sistema inmunitario

Está previsto que se publiquen las conclusiones finales de Interphone dentro de algunos meses. Por ahora, las autoridades no pueden (o no quieren) basarse aún en el estudio Interphone para instaurar o modificar las leyes. No obstante, otros estudios apuntan a conclusiones similares, por ejemplo, una tesis de doctorado defendida en la Universidad Católica de Lovaina - UCL (Bélgica) en junio de 2008 ante un jurado internacional de expertos. Dirk Adang, con André Vander Vorst como director de tesis, midió el impacto de las ondas electromagnéticas en cuatro grupos de ratas. Durante 18 meses, es decir, el equivalente al 70 % de su vida, los roedores de tres de estos grupos estuvieron sometidos a diferentes niveles de exposición electromagnética conformes con las normativas internacionales actuales. El grupo de control no fue expuesto.

Se pueden sacar dos conclusiones principales de este estudio. La primera tiene que ver con el efecto de la exposición sobre el sistema inmunitario de las ratas. Tras los análisis de muestras de sangre efectuados cada tres meses, Dirk Adang sacó a la luz que, en las ratas de los tres grupos expuestos, comparados con los del grupo de control, se producía un aumento de monocitos, glóbulos blancos implicados en la eliminación de cuerpos extraños en el organismo. Este descubrimiento sugiere que el organismo vivo responde a una exposición electromagnética a pequeña dosis como a una agresión externa. La segunda, más inquietante, se refiere al índice de mortalidad de los roedores: tres meses después de que acabara el experimento, el índice de mortalidad de las ratas en los tres grupos expuestos era del 60 %, frente al 29 % en el grupo de control.

Cóctel electromagnético

Una vez más, estos resultados no permiten sacar conclusiones definitivas, ya que se refieren a un experimento efectuado con ratas. Por parte de la Comisión Europea, un informe publicado en 2009 por el Comité científico de los riesgos sanitarios emergentes y recientemente identificados (SCENHIR) indica que ningún elemento permite afirmar que las ondas electromagnéticas ejerzan cualquier efecto negativo sobre la salud, pero recomienda que se realicen más investigaciones sobre este tema.

Aunque no se hayan establecido claramente las condiciones de nocividad del teléfono móvil, existe la duda razonable de que sea totalmente inofensivo. ¿Qué se puede decir entonces sobre la proximidad a las antenas repetidoras? ¿Del efecto añadido de las ondas wifi? Numerosos parámetros cuyo impacto sobre la salud se ignora por el momento. Es una situación que, para aclararse, requerirá más estudios científicos independientes. Mientras tanto, los científicos preconizan el principio de precaución: evitar la utilización excesiva del teléfono móvil, especialmente los niños, utilizar auriculares con cable o un kit manos libres, y no llamar por teléfono mientras se viaje para evitar que el móvil esté a plena potencia para mantener su conexión a la red. De todas formas, ¿no se suele decir que los excesos nunca son buenos?

Frédéric Dubois



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Para saber más

¿Existe la electrohipersensibilidad?

Algunas personas estarían más expuestas a las ondas electromagnéticas, particularmente las emitidas por las antenas repetidoras de telefonía móvil. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó la electrohipersensibilidad en su lista de patologías, esta enfermedad tan sólo está reconocida en Suecia y en el Reino Unido. Por ello Sabina Rinckel, de Estrasburgo, ha presentado varias demandas judiciales para que las autoridades francesas la indemnicen por los daños sufridos. “Desde que instalaron una antena repetidora en el tejado de mi edificio, sufro migrañas y dolores de espalda”, afirma la cuadragenaria. “Siento hormigueos en los dedos y las piernas, por no hablar de las descargas eléctricas que me causan dolores intensos en la mandíbula. Sufrí una operación en 1981 en la que me colocaron tornillos y placas sobre los huesos de la cara”.

Los médicos que examinaron a Sabine Rinckel no pudieron diagnosticar nada puesto que su patología no está reconocida por la profesión médica. “A pesar de que me mudé, sigo sintiendo estos síntomas. Son tan fuertes que puedo decir dónde están las antenas repetidoras sin verlas”.



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Más información

  • Centre International de recherche sur le cancer
    www.iarc.fr