EUROBARÓMETRO JÓVENES Y CIENCIA

Diversidad de opiniones

“Imagen de investigadores” propuesta por jóvenes checos participantes en el concurso de fotografía de “La Noche Europea de los Investigadores 2008” en la categoría 1 (mayores de 18 años).
Imagen de investigadores” propuesta por jóvenes checos participantes en el concurso de fotografía de “La Noche Europea de los Investigadores 2008” en la categoría 1 (mayores de 18 años).
Source: Eurobaromètre
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El 82% de los jóvenes piensan que la ciencia tiene más beneficios que desventajas. Tienen una imagen positiva de los científicos (ocho de cada diez consideran que éstos trabajan por el bien de la humanidad) y creen que los temas de ciencia y tecnología son mucho más interesantes que la política (el 67%, frente al 43%). Pero no por ello tienen deseos de embarcarse en unos estudios científicos o una carrera profesional. Balance de la encuesta Eurobarómetro( 1) dedicada por primera vez a los sentimientos y las opiniones de los jóvenes europeos sobre este tema.

“Si todo parece ir tan bien, .por qué la situación es tan mala?” Se pregunta Anna Kamyczek- Urbanik, de la Dirección General de Comunicación de la Comisión Europea. De hecho es cierto que los jóvenes encuestados apuestan por los beneficios de los descubrimientos y de las innovaciones (véase el gráfico 1). Son más “positivos” que los adultos entrevistados en otros sondeos Eurobarómetro e incluso la mayoría de los jóvenes (más del 50%) piensan que las ciencias y las tecnologías tendrían que ayudar a erradicar la pobreza y el hambre, y que los avances tecnológicos conllevan la creación de empleo (el 49%). No obstante el optimismo tiene matices nacionales. Por regla general, los más confiados son los polacos, los portugueses y los lituanos (alrededor del 90%) mientras que sólo un tercio de los daneses comparten este entusiasmo. En cuanto a la relación entre innovación y empleo, la mayoría de los franceses y los alemanes son escépticos (son ciudadanos de países con alta tecnología, pero con un desempleo cada vez mayor).

Los jóvenes no son en absoluto ingenuos. Según el 38% de todos los entrevistados, los intereses y los beneficios financieros pesan (demasiado) en la balanza de las decisiones científicas y técnicas. Pero en eso también hay que matizar. Esta sospecha bate todos los récords en Grecia (el 95%), mientras que preocupa mucho menos a los holandeses, los irlandeses, los británicos y los suecos.

Una investigación para el conocimiento

Sin embargo, una amplia mayoría (el 65%) de los jóvenes europeos (y este hecho es digno de mención) estiman que, de todas formas, aunque la investigación debe servir primero para el desarrollo de los conocimientos (véase el gráfico 2), no hay que infravalorar su papel en la esfera económica. Este punto de vista supera el 50% en ocho países (Portugal y varios nuevos Estados miembros) y esta opinión suele ser de jóvenes que cursaron estudios superiores o que viven en las ciudades.

En cuanto a los científicos, pueden estar tranquilos con la imagen que tienen. La mayoría de quienes respondieron (el 79% por término medio, hasta el 91% en Dinamarca y en Portugal) consideran que trabajan por el bien de la humanidad. La idea de que su poder científico pueda representar un peligro es mayor en los países mediterráneos (el 80% de los griegos, los chipriotas y los malteses frente a, por ejemplo, el 45% en Finlandia). Según los entrevistados, se tendrían que evaluar los riesgos relacionados con la ciencia, sobre todo a la hora de distribuir los fondos de la investigación.

Además, un cuarto de los encuestados opinan que son los ciudadanos quienes tendrían que ser prioritarios a la hora de expresarse sobre esta cuestión (el 26%), frente al 20% que delegarían estas decisiones en la comunidad científica y el 18% en el poder político.

Sea como fuere, la mayoría de jóvenes opinan que no se asignan fondos suficientes a la investigación (excepto en Finlandia y en los Países Bajos). La Unión Europea podría dar más ayudas. Pero sobre todo, debería tener un papel importante de coordinadora de las investigaciones llevadas a cabo en los diferentes Estados miembros (evitando así las duplicaciones), y tener más peso en las decisiones de las ayudas nacionales.

Intereses moderados

Sin duda, los jóvenes tienen opiniones formadas sobre la ciencia y la investigación, pero .hasta qué punto se interesan por estos temas? Muestran más interés (el 89%) por lo que pasa en el mundo cultural en general: el cine, la música, etc. La ciencia y la tecnología les interesan tanto como los deportes (el 67%), mientras que la economía y la política se quedan relegadas (el 44 y el 43%). Por otro lado, el entusiasmo por el deporte varía según los sexos (el 75% de los chicos frente al 59% de las chicas), pero además en función de los países (el 51% de los británicos y de los suecos, de cualquier género).

Si se quiere profundizar en los gustos por la ciencia y la tecnología de los entrevistados, encontramos “un poco de todo”: los “nuevos inventos”, la Tierra y el medio ambiente, la medicina y la biología (amplio campo reagrupado con el título de “cuerpo humano”)… No hay que sorprenderse de que el género influya sobre las elecciones: a los chicos les gusta más el mundo de las máquinas (sobre todo, las innovaciones en el sector de las tecnologías de la información y la comunicación), a las chicas el universo de los seres vivos. .Eso es significativo? El Universo ya no hace sonar ni apasiona a muchos jóvenes (el resultado máximo fue el 41% de los lituanos, el mínimo el 13% de los polacos).

En lo que respecta a los riesgos

El conocimiento y el interés a menudo van de la mano. La mayoría de los jóvenes saben bastante de telefonía móvil, ordenadores, energía nuclear y OGM (dos tecnologías de las que desconfían), y también de las investigaciones sobre los embriones. Saben mucho menos de nanotecnologías y un cuarto de los encuestados declaran que nunca han oído hablar de las investigaciones sobre el cerebro. Cuando se habla con ellos de este tema, les apasiona y creen que las investigaciones en esta área son importantes y potencialmente beneficiosas.

Un tema más detallado en la encuesta fue el de los riesgos relacionados con la salud. Este tema no deja indiferentes a los jóvenes (véase el gráfico 3). El 89% de los entrevistados desconfían de la contaminación del aire generada por los coches, de las nuevas epidemias, de la calidad del agua desnaturalizada por los pesticidas, del peligro de vivir cerca de una fábrica química… Sólo tenían menos desconfianza del uso de la telefonía móvil, herramienta indispensable para estos grupos de edad. Por regla general, estos temores estaban más presentes en los países del Sur y del Este de Europa y menos perceptibles en Finlandia – país de alta tecnología.

Estudios y carreras

La ciencia y la investigación podrían parecer buenos caminos para confrontarse de lleno con estos desafíos. Pero no por ello los jóvenes europeos sienten inclinación por estudiar o trabajar en un área científica – aunque sienten un poco más entusiasmo en los nuevos Estados miembros (véase gráfico 4). .A qué se debe? “A menudo consideran que las matemáticas es la rama menos atractiva. Es una de las razones por las que el 56% de ellos dicen que ya han escogido su profesión y el 52% anaden que este tipo de profesión no les interesa”, explica Anna Kamyczek-Urbanik. “Por lo tanto, el problema empieza antes de la universidad. Para ser científico o ingeniero, hace falta una preparación escolar seria en matemáticas y en ciencias – y ya se sabe que los estereotipos que presentan la ciencia como algo difícil y/o fastidioso desaniman a los jóvenes. Estos estereotipos están bien arraigados. El 26% de los entrevistados consideran que no tienen las capacidades necesarias para lanzarse a una profesión de este tipo. Por eso haría falta una mejor comunicación sobre este punto, algo como simplemente decir: ‘Yes, we can’”.

Mientras tanto, el 19% de estos jóvenes optarían por las ciencias sociales o las ciencias humanas, el 13% se dirigirían hacia la biología y la medicina, el 11% hacia la ingeniería y las ciencias naturales, el 10% escogerían las estadísticas y el 8% las matemáticas. Las jóvenes prefieren las ciencias naturales o las matemáticas, y les gustaría trabajar en el sector de la salud, ensenar o investigar. La mayoría de los entrevistados están de acuerdo en que es mejor tener una ciencia mixta, alegando (el 46%) que habría que animar a las chicas a optar por las ciencias.

Un futuro de luces y sombras

Y el futuro, cómo será? Los jóvenes europeos ven un panorama de luces y sombras. En las luces, creen que los avances más impor- tantes serán los que permitan mejorar la comunicación entre los pueblos – por lo menos, eso es lo que opinan en general, sobre todo los más jóvenes, con picos de optimismo entre los finlandeses (el 84%) y mucho menos certezas del lado de los chipriotas y griegos (el 24% de ellos consideran al contrario que esta comunicación se va a degradar en gran medida).

En lo que respecta a las sombras, senalan algunos cambios que pesarán cada vez más en su vida cotidiana, especialmente, los perjuicios para la salud por razones diversas: la calidad de los alimentos y del agua, la contaminación en las ciudades… El 57% de los jóvenes (una mayoría relativa) piensan que hacen falta soluciones para hacer frente a los gases de efecto invernadero y al calentamiento global, y que comportarán modificaciones de comportamiento a veces desagradables. Un cuarto de los estonios, de los holandeses y de los daneses esperan que el calentamiento climático se solucione con avances tecnológicos (frente a sólo el 8% del conjunto de los franceses y los griegos). Finalmente, las chicas son ligeramente más pesimistas (.o habría que decir realistas?) que los chicos. Y, para acabar, sólo una minoría de los entrevistados (cuatro de cada diez chicos y tres de cada diez chicas) piensan que las ciencias facilitan la vida y la hacen más sana.

Christine Rugemer

  1. Young people and science, 2008, ec.europa.eu/public_opinion/flash/fl_239_en.pdf


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Para saber más

Como se llevo a cabo la encuesta

Para la encuesta Eurobarómetro sobre “los jóvenes y la ciencia”, realizada por Gallup a petición de la Comisión Europea, se entrevistaron a 25.000 personas de 15 a 25 anos procedentes de los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Del 9 al 13 de septiembre de 2008 se llevaron a cabo encuestas por teléfono, completadas con unas 300 entrevistas en persona. Como sucede en cada encuesta Eurobarómetro, se buscó el equilibrio en una serie de características sociodemográficas (grupos de edad, sexo, nivel educativo, entorno urbano o rural, etc.). Se pretendía evaluar el grado de interés de los jóvenes por la ciencia y la tecnología, así como sus posibles proyectos profesionales en estas áreas.

El estudio se dividió por grandes temas: su interés por los temas de ciencia y tecnología en lo que se refiere a las noticias; su punto de vista sobre la ciencia y los científicos, así como sobre la investigación y el papel que puede desempenar en ella la UE; su grado de conocimiento de las innovaciones científicas; su opinión sobre los riesgos (actuales y futuros) para la salud; y su proyecto de estudios y profesional, así como su visión del manana.



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Un ejercicio de democracia directa

D e abril a octubre de 2008, la asociación francesa Les petits débrouillards organizó 27 grupos de jóvenes (de entre 15 y 25 anos) en cada uno de los Estados miembros de la Unión Europea. Pretendía sensibilizar sobre la construcción de la Europa del conocimiento, particularmente, a través del encuentro con representantes de la ciencia, así como con talleres de reflexión que se celebraron en el Futuroscope de Poitiers (Francia). Para los organizadores, se trataba de “apostar por la inteligencia de las jóvenes generaciones”. Estas reflexiones dieron pie a la elaboración de una serie de recomendaciones para los responsables políticos de la Unión Europea, entregadas a Valérie Pécresse, ministra francesa de la ensenanza superior y de la investigación, en presencia del comisario europeo Janez Potočnick

Uno de los mensajes esenciales de los participantes es que no hay “desinterés por las ciencias o las carreras científicas” sino falta de motivación frente a estudios demasiado largos, cuyo resultado profesional es incierto y con remuneraciones a menudo poco atractivas. No dejaron de insistir en la necesidad de “renovar en profundidad” los métodos de la ensenanza escolar y universitaria.

Las recomendaciones presentadas abordan una serie de aspectos políticos, científicos, educativos, culturales, sociales y económicos. A nivel pedagógico, estos jóvenes europeos desean que los sistemas educativos mejoren la difusión del conocimiento de la Unión Europea, que el inglés sea una lengua obligatoria y que los sistemas educativos no formales se tomen más en cuenta. También sugieren la creación de un acontecimiento anual que instaure una “capital europea de la ciencia”, como ya ocurre con la cultura. Asimismo, desean que la igualdad frente a la educación se tome más en cuenta, particularmente a través de la multiplicación de nuevas ayudas o la promoción de la estandarización de los programas informáticos de código libre.

En todo caso, parece ser que existe un consenso a nivel europeo (que no es sólo de la juventud) sobre la necesidad de emplear una nueva pedagogía de las ciencias, más viva, que promueva más la experimentación y la apertura hacia posibilidades más interactivas, como las que ofrecen numerosos centros de ciencia.



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