RETRATO

Un filántropo del conocimiento

Fred Kavli, fundador y director de la Fundación Kavli. © Stig Andersen/Nordisk Film
Fred Kavli, fundador y director de la Fundación Kavli.
© Stig Andersen/Nordisk Film

Su nombre está empezando a salir en los medios de comunicación europeos. Pero en la élite de la ciencia mundial, la Fundación Kavli es ya toda una institución de renombre. Retrato de su fundador, un hombre que se hizo rico y cuya pasión es la ciencia del mañana.

ISe trata de uno de esos multimillonarios “made in the USA” con un perfil bastante clásico, que decidió hacerse un hueco en la alta tecnología de las últimas décadas. Alfred Kavli, ingeniero físico noruego, que llegó a California con 28 anos, sin un céntimo en el bolsillo, hizo una carrera brillante. Con su diploma como único aval, simplemente publicó un pequeno anuncio en el periódico: (“Engineer seeking financial backing to start own business…”).

El olfato del sensor

El joven inmigrante tenía olfato para los negocios y presintió un sector con futuro. Corrían finales de los anos cincuenta, en un momento en el que estaban despegando la carrera espacial y el lanzamiento de la aeronáutica – militar o civil. Los sensores, sistemas minúsculos electrónico-físicos inteligentes, formaban parte del equipamiento de los nuevos cohetes y otras máquinas voladoras. Kavli no se veía a sí mismo como inventor, sino como empresario. Supervisó su puesta a punto y su producción. “Algo bueno de América es que cuando alguien tiene una idea, puede avanzar planteando las preguntas adecuadas y descubriendo a gente que sabe buscar la respuesta y obtenerla”, explica Kavli.

Su empresa, denominada simplemente Kavlico, se hizo realidad gracias a este principio. Su primer contrato, con General Electric, fue de sistemas de sensores necesarios para un futuro avión de propulsión nuclear. En aquella época, algunos creían en esta filial y este proyecto (que se quedó en aguas de borraja algunos anos más tarde) hizo posible que Kavlico se convirtiera en una joven empresa muy experta, consiguiendo una presencia cada vez mayor en el mercado aeroespacial estadounidense e internacional. Un mercado en pleno auge durante varias décadas.

Un hombre que logra lo que se propone

Así actúa Alfred Kavli, un hombre que logra lo que se propone, como constatan quienes colaboran con él. Es un hombre que no deja las cosas a medias, extraordinariamente pragmático, pero con una perspicacia impresionante. Sus cualidades ya se podían ver desde su infancia, pasada en una zona rural de Noruega, en la región meridional del Eresfjord. Kavli tenía 13 anos cuando, en 1940, la Alemania nazi ocupó su país. Demostró su sentido pragmático creando, con su hermano mayor, un taller en el que reciclaba y comprimía pequenos bloques de madera seca utilizables como carburante para los automóviles. Pero no sólo tuvo el apetito empresarial. El joven Kavli, que también participó en expediciones nocturnas de la resistencia noruega, estaba enamorado de una naturaleza intensamente soberana, de la que guardó un recuerdo indestructible y el interés por las ciencias, que pueden penetrar los secretos de lo infinitamente grande o de lo minúsculo.

Así que en lo personal, el dirigente de una empresa de alta tecnología, que también había consolidado su fortuna en ambiciosos proyectos inmobiliarios, nunca dio la espalda a este tipo de jardín secreto. En el ano 2000, este adinerado hombre de negocios anunció su reconversión y entrada en la filantropía científica. Por entonces tenía 72 anos, estaba recién jubilado y acababa de vender sus acciones mayoritarias en Kavlico en el mejor momento de la coyuntura financiera. La marca Kavli cambió de rumbo y en lo sucesivo se convirtió en el estandarte de una fundación que lleva su nombre. El anciano noruego – que estrechó los lazos con su tierra natal – encomendó a la fundación la misión exclusiva de impulsar los conocimientos sobre temas de los que nadie puede predecir dónde y cuándo podrán – o no – tener resultados contantes y sonantes.

Una fundación bien lanzada

En su formulación, esta fundación tiene tintes quijotescos. Pero describirla únicamente así sería no hacer justicia a la capacidad de recursos de nuestro “hombre que logra lo que se propone”, que se lanzó a esta aventura con una estrategia empresarial debidamente pensada y su incansable voluntad de no dejar las cosas a medias. La Fundación Kavli tiene reglas de funcionamiento muy precisas y áreas de actuación, que se limitan a las investigaciones fundamentales en física y astrofísica, nanotecnologías y neurobiología. El fundador, apoyado por su equipo, se pone en contacto con los laboratorios que le parecen que están a la cabeza de las investigaciones más interesantes y les propone un trato muy concreto. Estas unidades crearán en su seno un “Instituto Kavli”, una especie de incubadora en la que una serie de investigadores, elegidos con esmero, podrán comportarse como cosmonautas que andan a tientas por los lugares más recónditos del universo científico, sin saber a dónde van a llegar. El presupuesto estándar concedido a cada instituto es de 7,5 millones dólares, que pueden ser utilizados en inversiones de infraestructuras o para una mejor explotación de las capacidades existentes. Pero el contrato contiene una condición de reciprocidad: las instituciones anfitrionas elegidas deben poner sobre la mesa la misma cantidad concedida.

La nueva Fundación Kavli no pasa inadvertida. La receta está teniendo éxito. En algunos anos, los institutos que llevan su marca están multiplicándose y creando rápidamente su nicho en algunas de las fortalezas más poderosas de la investigación: Harvard, Yale, Stanford, Caltech y MIT (Massachussetts
Institute of Technology)
en los Estados Unidos. Pero Kavli, su dirigente, no pretende limitarse al Nuevo Continente. Existen actualmente quince Institutos Kavli en el mundo, de los que tres están en Europa(1) y dos en China. La financiación de esta red asciende, hoy en día, a más de 100 millones de dólares. Sus científicos son de renombre. Desde el ano 2004, tres de los premios Nobel (en física fundamental, astrofísica y neurobiología) fueron concedidos a investigadores de Institutos Kavli(2).

Las semejanzas entre los dos Alfred

En la comunidad científica, esta triple distinción corona la reputación singular de la denominación Kavli, y a eso aspira nuestro noruego, siempre tan activo. Como empresario, quiere que su “marca de fábrica” se convierta en garantía de la mayor excelencia. En septiembre de 2008 se sacó de la manga otra carta creando un nuevo premio científico Kavli en cada uno de los tres campos a los que se dedican sus institutos. Este galardón fue entregado con gran expectación por la Academia Noruega de las Ciencias, en presencia de los soberanos del país.

El acontecimiento tuvo una gran repercusión en el mundo de la “gran ciencia”. Cada premio Kavli se eleva a un millón de dólares. Una recompensa casi similar al importe del premio Nobel (1,3 millones de dólares). .El objetivo no será inmiscuirse en el terreno ya trillado de las coronas otorgadas en Estocolmo? Su impulsor lo niega: los premios Nobel recompensan las etapas logradas mientras que el premio Kavli tiene por objeto animar a que la investigación siga avanzando, sin prejuzgar su resultado.

Aún así, el nuevo bienhechor de las ciencias aparecido a principios del siglo XXI está trazando un camino que recuerda sin duda al del “otro Alfred”, el que, desde hace un siglo, consiguió unir su nombre a los mayores genios de la ciencia. Pero tanto en la Fundación Kavli como en la Nobel, la preocupación no es la de destacar, sino la de dar a conocer la ciencia. Kavli y Nobel tan sólo han prestado sus nombres. Tal y como hizo su colega industrial sueco, el millonario estadounidense-noruego desea dedicarse a apoyar la ciencia de su siglo, el XXI, imprimiendo una visibilidad duradera al valor irreemplazable de la investigación fundamental y desinteresada.

Didier Buysse

  1. Kavli Institute for Systems Neuroscience, Norwegian University of Science and Technology; Kavli Institute of Nanoscience, Delft University of Technology (Países Bajos); Kavli Institute for Cosmology, University of Cambridge(Reino Unido).
  2. El investigador californiano Franck Gross en física, Frank Wilczek del MIT (Estados Unidos) en astrofísica, y Richard Axel de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) en neurobiología.


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