ENERGÍA

SmartGrids: volver a pensar las redes eléctricas

Las redes del futuro estarán alimentadas a la vez por centrales y por generadores diseminados. La incorporación de estos últimos en microrredes constituirá el equivalente a una central “virtual” cuya producción será integrada tanto a nivel físico como comercial. Source: European Technology Platform SmartGrids
Las redes del futuro estarán alimentadas a la vez por centrales y por generadores diseminados. La incorporación de estos últimos en microrredes constituirá el equivalente a una central “virtual” cuya producción será integrada tanto a nivel físico como comercial.
Source: European Technology Platform SmartGrids

“No se cambia a un equipo ganador”. Una expresión que podría quedarse en papel mojado, por lo menos en lo que concierne a Europa y su distribución eléctrica. Desde un punto de vista práctico, la red eléctrica de la Unión Europea funciona, pero el crecimiento de la demanda y la necesidad de integrar las energías verdes requieren la modernización del sistema. La Plataforma Tecnológica Europea (PTE) SmartGrids estudia la manera más apropiada de hacer frente a este desafío.

No compramos un coche para toda la vida. Durará una década o más, según el desgaste, la frecuencia de utilización y la regularidad de las revisiones de mantenimiento. Pero, pase lo que pase, el motor dejará de funcionar en un momento dado y el vehículo tendrá que reemplazarse. A mayor escala, ocurre lo mismo con la red eléctrica. Y aunque la que posee Europa funciona, el aumento de la demanda, unido a los objetivos ambiciosos de la Unión Europea en lo que se refiere a la competitividad, a la integración de las energías renovables y a la seguridad en el abastecimiento energético, requieren la modernización del sistema.

Por este mismo motivo se lanzó Smartgrids en 2005 con el fin de establecer una visión coherente de las redes energéticas europeas más allá del ano 2020. Pero su mayor ambición es poner en práctica dicha visión. Para definirla en términos simples, una “red inteligente” (“smart grid”, en inglés), se apoya en tecnologías digitales para suministrar la electricidad de forma más rentable y eficaz, ofreciendo el flujo energético bidireccional necesario para incluir las energías renovables.

Las redes clásicas, concebidas para integrar un flujo eléctrico en sentido único, no pueden incorporar a gran escala la producción descentralizada de energía. Están adaptadas para el transporte de la electricidad de las grandes centrales nucleares, hidráulicas, de carbón o de gas, que generalmente permiten realizar economías de escala. Pero si una red secundaria local genera más energía de la que consume, la vuelta del flujo eléctrico puede ocasionar problemas de seguridad y fiabilidad. Estos problemas de interdependencia se hicieron patentes en 2006, cuando 10 millones de europeos se vieron sumergidos en la oscuridad como consecuencia de una gran avería de la red eléctrica en 8 países (Austria, Bélgica, Alemania, Espana, Francia, Hungría, Italia y Países Bajos). Una red “smart grid” podría controlar mejor este tipo de cortes de suministro en cascada.

Este tipo de red fiable y más eficaz también haría posible el que los consumidores ahorrasen y contribuyeran a la reducción de las emisiones de CO2. Se podrían conectar a la red paneles fotovoltaicos, generadores eólicos y microcentrales hidráulicas incorporados a los edificios. Otra ventaja del concepto es que ofrece a los hogares la posibilidad de reducir su consumo energético en las horas punta, por adaptación automática y según las necesidades individuales de utilización de la electricidad.

Smartgrids se organiza en cuatro grupos de trabajo con el objetivo de crear una comunidad de expertos representativos de los diferentes protagonistas del sector de la distribución eléctrica y fomentar el intercambio de experiencias entre investigadores, empresas de distribución e industrias implicadas en el desarrollo de tecnologías punteras. Maher Chebbo, presidente del grupo de trabajo “Demanda y estimación” de la plataforma, prefiere considerer la visión Smartgrids como un estudio de mercado, sobre todo en lo que se refiere al rendimiento potencial de la inversión realizada. “Es doble. Por una parte, representa ahorros cuantificables en el coste de la contaminación, el consumo de energía global y los gastos de una potencial escasez de electricidad. Por otra parte, existen ventajas cualitativas como el crecimiento de la competitividad global de Europa, la seguridad en el abastecimiento energético, la mayor fiabilidad de la red y la preservación del medio ambiente gracias a las energías renovables”.

¿Los consumidores tomarán la delantera?

Transformar a los consumidores en “prosumidores”, capaces no sólo de utilizar la energía sino también de producirla, he aquí el cambio más significativo que aportarán las redes eléctricas del futuro. Tradicionalmente, los consumidores tienen una relación pasiva con la electricidad. Pero la puesta en marcha de Smartgrids les permitiría interactuar con la red tal y como lo hacen actualmente en el mercado de las telecomunicaciones. El cliente podrá controlar mucho mejor su consumo o incluso obtener un contrato específico adaptado a sus necesidades.

Una de las ventajas concretas de las redes del futuro será la aparición de “contadores inteligentes”, pequenos módulos que permitirán descifrar meticulosamente el consumo de los hogares y ayudar de esta forma a las personas que deseen consumir fuera de las horas punta.

El prosumidor también podrá seguir en línea su consumo cada hora y reenviarle estos datos a su proveedor a través de su página web o de su contador. Según las preferencias de cada cliente, también será posible utilizar exclusivamente la electricidad generada por las energías renovables, una necesidad que la red actual no permite satisfacer. Maher Chebbo opina que los primeros resultados concretos aparecerán de aquí al 2015, fecha en la que se considera que el 50% de los europeos estarán equipados con un contador inteligente.

Modificar la infraestructura tendrá un coste muy elevado. Por ejemplo, según Maher Chebbo, para sustituir 30 millones de contadores eléctricos se tardarían 8 anos y costaría 4 mil millones de euros en equipamiento, explotación y servicios. Aun así, los proveedores de varios países, como Italia, Bélgica, Países Bajos y el Reino Unido, ya están instalando contadores inteligentes en muchos hogares con vistas a promover el consumo eléctrico durante la noche o los fines de semana, los períodos en los que suele haber menos demanda.En el transcurso de estas horas, se reduce el precio de manera significativa, lo que incita a los usuarios a administrar mejor su consumo energético.

Renovar las redes de transmisión y distribución de la energía es una tarea especialmente compleja habida cuenta del número de participantes de diferentes industrias implicados en esta operación. La red de líneas de alta tensión está desfasada y actualmente no existen incentivos para que las empresas responsables inviertan en la modernización de las líneas.Con el apoyo de la Comisión Europea y de los gobiernos nacionales, Smartgrids pretende reunir a los representantes de la industria con vistas a definir la financiación y las condiciones necesarias para llevar a cabo tal transición.

La demanda activa: responder a las necesidades eléctricas futuras

Smartgrids asocia a varios proyectos comunitarios que están investigando todos los aspectos de la renovación de la red eléctrica. Address – Active
distribution networks with full integration of demand and distributed energy resources
– es uno de ellos. Cuenta con 25 socios de 11 países. Este proyecto estudia con detenimiento toda la cadena del suministro eléctrico para determinar con precisión el marco comercial y técnico de la implantación de la “demanda activa” en el proyecto Smartgrids.

La “demanda activa” se refiere a la participación proactiva de los hogares y de los pequenos comercios en el mercado energético y en la prestación de servicios a los implicados en el sistema energético. Address trabaja esencialmente en la forma de realizar con éxito la remodelación del marco técnico y comercial. “Esperamos que avance la visión de Smartgrids demostrando que las redes de distribución activa deben basarse en un enfoque de regulación inteligente y distribuida”, explica Paola Petroni, coordinadora del proyecto Address.

Para favorecer la emergencia de la demanda activa, los socios de Address buscan soluciones técnicas tanto a nivel de las casas y de las oficinas como del sistema energético general, determinando a la vez los posibles obstáculos al desarrollo del concepto. También intentan identificar las ventajas de la demanda activa para cada participante del sistema energético con vistas a definir mecanismos de mercado y contratos adecuados para la explotación de los beneficios. Actualmente, el proyecto está analizando las medidas de acompanamiento destinadas a administrar los aspectos sociales, culturales y de comportamiento relacionados con el concepto.

Paola Petroni matiza: “Este trabajo no se limita en absoluto a la teoría. Las soluciones propuestas se validarán en tres centros experimentales complementarios con diferentes características geográficas, demográficas y estructurales. Los resultados de estas pruebas tendrán impacto sobre centenares de personas y serán útiles para juzgar la calidad del trabajo realizado por Address”.

Amy Shifflette



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