CIENCIA Y SOCIEDAD

Crisis climática: el desafío social

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El problema del cambio climático ha pasado de ser medioambiental a social. Los modos de vida, las organizaciones sociales y los sistemas de gobernanza van a seguir evolucionando. La comunidad de las ciencias sociales y humanidades busca activamente nuevas vías de acción colectiva…

“Estamos ante la amenaza más grave que el mundo haya tenido que enfrentar jamás: se plantea ahora un desafío histórico a la acción colectiva” alerta Scott Barrett, economista y profesor en la Johns Hopkins University de Washington. En septiembre de 2008, en París, se habló del desafío que representa el calentamiento climático para la humanidad. Economistas, psicólogos, geógrafos, especialistas en derecho, filosofía, medios de comunicación, ciencias políticas, cuestiones demográficas, venidos de Europa y de los Estados Unidos, se reunieron en torno al tema: “El hombre y la sociedad frente al cambio climático”. La conferencia, que se celebró el 22 y el 23 de septiembre, estaba organizada por la Toulouse School of Economics en el marco de la presidencia francesa de la Unión. Pretendía favorecer los intercambios entre diferentes disciplinas del área de las ciencias sociales y humanidades (CSH). Todo un desafío para la Comisión Europea, que puso en marcha su primer programa CSH dotándolo de 600 millones de euros para el período de ejecución del Séptimo Programa Marco europeo de investigación.

¿Hacia otra gobernanza climática?

“El tema principal ineludible para abordar el cambio climático es el desarrollo” advierte Amy Dahan, historiadora y filósofa en el CNRS – Centro Nacional de Investigación Científica (Francia). Para comprender los desafíos planteados conviene hacer balance de las negociaciones internacionales. El objetivo que fijó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático fue conseguir para finales de 2009 un nuevo tratado intergubernamental ambicioso para proseguir la reducción de las emisiones de gases de efecto de invernadero (GEI) más allá del 1 de enero de 2013. Para esa fecha, finalizará la primera serie de compromisos tomados en el marco del protocolo de Kioto.

Una base de trabajo fue decidida a finales de 2007: reducir a la mitad las emisiones de GEI de aquí al ano 2050. Pero este objetivo no se considera equitativo para los países en desarrollo, que se niegan a que les pongan límites a su crecimiento y que opinan que los países industriales deben continuar solos sus esfuerzos hasta el ano 2020. Por lo tanto, el primer paso será garantizar a los países en desarrollo que no se cuestionará su legítima aspiración a mejores condiciones de vida. “Pero nosotros también debemos cambiar de orientación”, continúa Amy Dahan. “Si no, no podremos solucionar la cuestión que divide el Norte y el Sur sobre cómo vamos a vivir y a consumir al nivel más bajo posible de emisión de carbono. En este punto tenemos que avanzar ahora”.

¿Podemos partir de nuestras tecnologías e infraestructuras y apoyarnos en el mercado y las instituciones existentes para realizar una transición hacia una “sociedad post-carbono”? “Ya hace 25 anos que lo intentamos sin conseguirlo” recuerda Scott Barrett. “En la actualidad, prácticamente no existen incentivos económicos para desarrollar nuevas tecnologías económicas y limpias, y difundirlas luego en todo el mundo. El protocolo de Kioto no va a cambiar la situación” afirma. La solución propuesta por Scott Barrett se inspira en el éxito obtenido por el protocolo de Montreal en la eliminación de los gases nefastos para la capa de ozono. “Según mis cálculos, alcanzó un objetivo cinco veces superior a aquel que se había fijado en Kioto, sin que ése hubiera sido el objetivo”, precisa. Primero se tendrían que encontrar en cada sector de la economía (electricidad, automóvil, transporte marítimo…) los incentivos más eficaces para fomentar la evolución de las tecnologías. Y tomando como referencia esta base, establecer tratados separados para obtener un acuerdo intergubernamental sectorial.

Scott Barrett no ve otra solución posible y recuerda que, si fracasan las negociaciones, se podría caer en la tentación de considerar el calentamiento como algo ineludible y de invertir sólo en los sectores que limitasen su impacto (diques, climatización, sistemas de irrigación…), con consecuencias dramáticas para determinadas poblaciones.

Dar alas a la imaginación

“No saldremos del paso sin innovaciones sociales” estima Amy Dahan. Podrían emerger nuevas posibilidades de reflexión con el quinto informe del IPCC (Panel Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático, por sus siglas en inglés), que está preparando una remodelación completa de los escenarios elaborados hace veinte anos. Estos últimos, demasiado técnicos, con diferentes estimaciones del grado de incertidumbre, no convencieron a la opinión pública. Concebidos en una perspectiva global, resultan ser contradictorios en el plano local, de ahí la necesidad de su revisión. “Para las ciencias sociales y para los responsables políticos supondrá una excelente ocasión de debatir, en el espacio público, las decisiones que tendrá que tomar nuestra sociedad hasta finales de siglo”. He aquí los desafíos: poner a prueba la aceptabilidad social de las diferentes opciones, acompanar las experiencias sobre el terreno, detectar los posibles obstáculos. “Si no hacemos esto, .cómo vamos a estimular la imaginación de la gente?”

Numerosos implicados, de todas las áreas, están apelando porque se dé esta participación informada, activa y voluntaria del ciudadano en los procesos de toma de decisión. .No estará ya en marcha? “El compromiso cada vez mayor de personas en ONGs o en actividades religiosas, en cualquier parte del mundo, observado en una perspectiva de evolución conjunta de la especie humana con el planeta, es una característica nueva del sistema actual”, analiza Richard Norgaard, especialista en economía ecológica de la University of California de Berkeley (Estados Unidos). Dichas personas, en estas actividades, encontrarían una alternativa al consumo, o satisfacciones intelectuales, sociales y relacionadas con su identidad. Nuestros modos de vida y de pensamiento estarían ya a punto de evolucionar. “Estas evoluciones, junto con los procesos colectivos que se están instaurando en la ciencia, más bien democráticos y orientados hacia el debate, quizás nos estén llevando hacia otra dirección, con nuevas posibilidades para la gobernanza”, observa Richard Norgaard.

¿Hacia una remodelación del sistema legislativo?

.Las leyes pueden tomar más en cuenta el agotamiento de los recursos, los servicios proporcionados por los ecosistemas y el valor de lo que no tiene precio (un clima compatible con la vida sobre la Tierra) en periodo de crisis económica? Tal y como está la situación actual, la respuesta es no. “Debemos inventar nuevas estructuras de derecho y establecer una jurisprudencia de la Tierra, marco potencial para una nueva forma de gobernanza”, declara Jacqueline McGlade, directora ejecutiva de la Agencia Europea de Medio Ambiente. Por ejemplo, conseguir que puedan representarse legalmente los espacios naturales amenazados (los ríos, los glaciares, los bosques) y las especies amenazadas de extinción. Y para luchar eficazmente contra el calentamiento climático “debemos obtener en Europa el derecho a explotar localmente nuevos recursos energéticos, renovables y limpios, y a revender el exceso de producción a una red de distribución descentralizada”, explica Jacqueline McGlade. Sería como la tercera revolución industrial preconizada por el ensayista Jeremy Rifkins y cuyos términos fueron retomados en una declaración escrita adoptada por el Parlamento Europeo (0016/2007).

Hoy en día es difícil predecir las respuestas que se darán ante la crisis climática. .Reflejarán la diversidad de las necesidades humanas y la multiplicidad de modos de vida a escala mundial? Al final,.qué valores e intereses guiarán las decisiones? Tenemos que pronunciarnos ante estas cuestiones esenciales, lo antes posible.

Sandrine Dewez



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Nuestros valores frente a la cuestion del calentamiento

Estoy apegado a los valores tradicionales, o soy más bien moderno, incluso muy progresista? .Qué desafíos tendré que resolver cuando las consecuencias del calentamiento mundial afecten a mi sistema de valores? Karen O’ Brien, especialista en geografía humana de la Universidad de Oslo estudia estas cuestiones, entre otras, que tratan de la adaptación del hombre y de la sociedad a los cambios. Si bien los más vulnerables de nosotros, en cualquier parte del mundo, se verán dramáticamente expuestos a una elevación de la temperatura, “todos perderemos una serie de cosas y ninguna forma de adaptación podrá compensar esta pérdida”, advierte la investigadora. “Si no tomamos en consideración los valores, lo que para cada uno de nosotros es intrínsecamente deseable y lo que dirige nuestra visión del mundo, si no somos conscientes de la manera en la que estos valores se verán afectados por el cambio climático, nos habremos equivocado en lo que concierne a nuestras capacidades reales de adaptación”.



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