Opinión

Espacio urbano y huella ecológica

Como contrapunto al informe especial “Ciudades sostenibles” que abre este número, Roy Johnston, asesor científico irlandés, propone un enfoque original de un urbanismo menos generador de gases de efecto invernadero.

Un punto clave: el emplazamiento de los lugares de residencia, de los espacios de trabajo y de las áreas de comercio. En Irlanda, estas tres zonas están cada vez más alejadas y, por lo tanto, la dependencia del coche se hace total y patológica. Creo que en este sentido, el precio del terreno es lo que determina esta dispersión.

El precio de las parcelas depende de los mecanismos del mercado, que instalan situaciones de monopolio a escala local. .Qué impacto podría tener entonces una apropiación pública de los terrenos? En ese caso, las superficies podrían ser explotadas a través de un sistema de leasing cuyos precios estarían calculados en función de los servicios necesarios, y no fijados por el “juego de monopoly” del mercado inmobiliario. .Tal solución nos permitiría volver a ciudades con dimensiones más compactas, que faciliten el traslado del domicilio y que hagan posible que los ciudadanos puedan recorrer a pie el triángulo hogar-trabajo-comercio?

Nos encontramos en el límite entre la ciencia, la tecnología y la economía, y nos podemos preguntar quién estaría dispuesto a contemplar semejante reforma como una etapa decisiva hacia la reducción de nuestra “huella de carbono”.

Roy Johnston www.iol.ie/~rjtechne/

Educación sobre seguridad

Dos lectores británicos, Roger Fenwick de la European Association of Chemical and Molecular Sciences (EuCheMS, o Asociación Europea para las Ciencias Químicas y Moleculares) y Jeremy Wallace nos han manifestado su indignación con respecto a la edición especial de junio de 2007 dedicada al Séptimo Programa Marco, que se abre con la foto de una investigadora que vierte un líquido de una probeta a un recipiente de cristal. Esta persona examina muy de cerca la operación sin llevar gafas de seguridad. “Su revista es adecuada para los lectores jóvenes y, en el plano educativo, es esencial recordar sin cesar que un laboratorio, de por sí, es un lugar peligroso y que cuando se producen accidentes pueden ser muy graves. Llevar gafas de seguridad en un laboratorio no es una opción, sino una necesidad”, destaca Roger Fenwick.


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