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El Indian Institute of Science de Bengalor o el
Centre for Cellular & Molecular Biology de Haiderabad, como todos los grandes centros de investigación en India,
son similares a los institutos europeos o estadounidenses: competencias equivalentes, arquitectura comparable, los mismos equipos de punta....
Pero hay algo diferente: cada centro indio dispone de su propia central eléctrica y de su fuente de agua autónoma, porque los servicios públicos no garantizan el acceso continuo a estos recursos elementales.
Este contraste dice todo sobre la India, pais que en ciertos sectores ha conseguido llegar al más alto nivel científico internacional, pero
que sigue aquejado por enormes retrasos de desarrollo.
De la investigación planificada...
Desde su independencia en 1947, la India de Nehru recurre a la ciencia para
responder a sus problemas nacionales, creando o renovando su tejido científico y universitario. En una economía planificada, la selección de prioridades corresponde al gobierno, que, en este caso, se enfrenta con enormes necesidades agrícolas, sanitarias, energéticas, educativas, industriales y militares.
Se hacen enormes esfuerzos en electrónica, ciencia de materiales, energía atómica o tecnología espacial. Esfuerzos que
se concretizaron en 1974 con la primera explosión subterránea de una bomba atómica, seguida rápidamente por el lanzamiento de los primeros satélites artificiales de uso científico, meteorológico o de telecomunicaciones. Hasta fines de los años ochenta, la paleta de especialidades se ha venido ampliando rápidamente (nanomateriales, informática, farmacéutica, microbiología, meteorología, neurociencias, investigación sísmica, etc. ). Pero las estructuras siguen siendo lo que siempre han sido. Las universidades y los institutos científicos funcionan casi exclusivamente con fondos federales, con frecuencia en el marco de programas gubernamentales y casi sin contactos con el mundo industrial indio... que por otra parte no invierte nada en investigación y desarrollo.
... a la alianza con la industria
Hubo que esperar hasta Julio de 1991 para que el gobierno indio
realizara importantes reformas económicas y liberaliza el comercio y las inversiones,
favoreciendo la colaboración entre la industria y la universidad.
Entre 1988 y 1994 se triplicará la suma de los contratos de investigación que el Consejo de
Investigación Científica e Industrial (1)
firmó con la industria. No es raro que un profesor se tome un año sabático para ayudar a una empresa privada a instalar su centro de investigación. Los viveros de jóvenes sociedades de tecnología de punta (biotecnología, informática, farmacia... ) florecen en torno a los campos universitarios. Las grandes ciudades universitarias crean parques tecnológicos en los que jóvenes empresas innovadoras pueden instalarse para aprovechar una infraestructura fiable (electricidad, agua, telecomunicaciones..) sin tener que preocuparse de la lentitud de la administración india y,
al mismo tiempo, beneficiarse de ventajas fiscales. Para el Dr Matha, director del prestigioso
Indian Institute of Science de Bengalor, "es sin duda alguna la consecuencia del nuevo giro que tomó la política india desde
principios de los años noventa".
El "Silicon Valley" indio
El éxito de la industria india de
software y de soluciones informáticas es la mejor prueba de la eficacia india: un nivel de excelencia mundial recompensado
con exportaciones que en algunos casos, como en 1999, llegan a unos15.000 millones de dólares. Después de un intento con poco éxito de fabricación de ordenadores, India concentró sus
esfuerzos en la producción de programas informáticos, donde rápidamente
alcanzó la excelencia, gracias a su larga tradición en matemáticas ("hemos aprendido a hacer programas eficaces pese a que utilizábamos ordenadores ineficaces", suelen decir los investigadores).
Estas tecnologías (que han "devuelto
la autoestima a la India", según la expresión de R.A. Mashelkar, director del Consejo de
Investigación Científica e Industrial) son objeto desde hace algunos años de una política nacional específica: bajar los aranceles aduaneros sobre los
software y el material en 1985, "forzar" la informatización del inmenso sector público,
y la creación de un departamento ministerial especializado.
Este departamento tendria la misión de "convertir a India en una superpotencia en el sector de tecnologías de la información
de aquí al año 2008 ". Esta decisión se manifiesta en una empresa como Infosys, la gran
firma de software y de consultores informáticos de Bengalor, símbolo de la capacidad india en este sector, que llega casi al 99% de su facturación con clientes extranjeros, entre ellos 70% con Estados Unidos y 20% con Europa.
Pero este éxito internacional en las tecnologías de punta no debe ocultar el abismo que separa los éxitos científicos de las necesidades fundamentales de la sociedad.
La población en India llega a mil millones, y sigue creciendo. El aumento regular de la producción agrícola causada por la "revolución verde" de los años sesenta se ha detenido después de haber causado enormes catástrofes ecológicas. Y el medio ambiente sufre, por otro lado, los efectos de una urbanización anárquica.
La llamada de las ciencias de la vida
Las biotecnologías pueden aportar soluciones en los sectores de la salud (diagnósticos y vacunas), de la agricultura (productividad, resistencia a la sequía o a las plagas, la salud del ganado), o del medio ambiente (tratamiento y descontaminación de las aguas). Consciente de lo que está en juego, India es uno de los primeros países que, ya desde 1986, decidió concentrarse
en un sector que estaba entonces en pañales. Con su típico
empuje, creó un departamento ministerial especializado, como lo hizo para el espacio o las tecnologías de la información.
La potencia india en las ciencias de la vida es hoy muy prometedora. Pero cabe preguntarse si este sector está a punto de repetir la historia del sector informático convertiéndose también en un sector "off-shore", es decir,
sirviendo al extranjero, o bien si al contrario, será la punta de lanza de un desarrollo
sostenible endógeno.
(volver al texto)
Recuadros
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Una
nueva forma de cooperación
Las relaciones entre India y Europa
se incrementaron con fuerza gracias a la firma de un acuerdo de cooperación científica. Ya no se trata de ayuda al desarrollo, sino de una cooperación entre iguales en provecho de ambos.
"Con este acuerdo vemos a
la India con nuevos ojos. Acabamos de firmar proyectos de importancia
mundial con un socio de primera categoría." Así habla Daniel Descoutures, responsable científico de relaciones con los países de Asia en la Comisión Europea, insistiendo en el cambio de óptica que representa la reciente ratificación de un acuerdo de cooperación científica y tecnológica entre la Unión Europea y la República India firmado en Nueva Delhi en
Noviembre del 2001.
Este nuevo paso
fortalece una colaboración que empezó con el primer acuerdo firmado en
Diciembre de 1993. Desde esa fecha, India participa en numerosos proyectos en asociación con investigadores europeos,
que, aunque se tratasen de acciones sostenidas financieramente por la Unión,
estaban explícitamente dirigidas hacia países en desarrollo.
La mayoría de los 55 proyectos entre India y Europa ejecutados en ese
marco y financiados con un total de 22,5 millones de euros,
conciernen sectores de cooperación clásicos: la salud, la producción agrícola, las industrias alimentarias, la gestión sostenible de los
recursos - en particular, la problemática cuestión del
agua - y el impacto de las prácticas agrícolas en el
calentamiento climático, etc.
De igual a igual
Ahora bien, India, que se ha convertido en un verdadero polo mundial en ciertos sectores científicos y tecnológicos, ya no puede ser considerada solamente con un país en desarrollo. El nuevo acuerdo,
con una duración de cinco años renovables,
concierne la colaboración mutual en temas punteros. Las instituciones, los científicos o las industrias
indias podran participar en proyectos temáticos del Sexto Programa Marco,
e incluso coordinarlos, exactamente como sus homólogos europeos.
Y a la inversa, la participación de organismos o de investigadores de la Unión en los programas indios también se contempla.
De una manera general, cualquier forma de colaboración o participación en los programas actuales, intercambios de investigadores, coloquios, posibilidades de acceso a instalaciones,
etc. es igualmente posible. Y ello, como indicado en el acuerdo, sin transferencia de fondos.
Un comité gestor, integrado por representantes de ambas partes, se reúne una vez al año para proponer temas de investigación y para examinar las propuestas y lanzar convocatorias de licitaciones.
En este sentido, se puede avanzar que habrá colaboración en sectores como la nanotecnología, los materiales avanzados, la aviación civil, los programas informáticos,
etc.
Ciencia y diplomacia
"La idea que inspira el acuerdo se
acerca mucho a las conclusiones de la Cumbre Europea de Lisboa, que
insistía en la importancia de la ciencia para la economía de este nuevo siglo... lo que
coresponde a las convicciones tantas veces expresadas por los dirigentes políticos indios", dice Daniel Descoutures. "Ahora bien, es evidente que Europa no podrá crear su propio espacio de investigación sin
los conocimientos técnicos generados en el exterior. Ciertos
temas que afectan directamente la ciencia y la sociedad mundial, como los organismos genéticamente modificados o el cambio climático, exigen
respuestas globales. Y estas respuestas necesitan la participación de naciones como China, Rusia, Estados
Unidos y la India. Se trata de crear sobre estos temas una base científica común".
Más allá del mero interés científico se perfila la diplomacia.
India, de un tamaño comparable al de China, es la mayor democracia del mundo. Es miembro de la Organización Mundial del Comercio y mantiene desde hace algunos años un ritmo de crecimiento sostenido. Conclusión: "India
está adquiriendo rápidamente una importancia mundial,
y Europa necesita aliados estratégicos en las
instancias internacionales en las que se tratan las reglas del comercio mundial, los acuerdos sobre la propiedad intelectual o el protocolo de Kyoto."
El principio de interés mutuo, mencionado varias veces en el texto del acuerdo, responde igualmente a un principio de realidad.
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