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En menos de 20 años, el prodigioso avance de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones nos ha sumergido en el universo de la «comunicación omnipresente». Los ordenadores, los teléfonos, los televisores, los electrodomésticos y los automóviles, todos ellos están repletos de elementos electrónicos, multiplicando los intercambios de datos y de información y prestando servicios « inteligentes » para obtener la máxima eficacia y comodidad. El trabajo, el comercio, la administración, la salud, la cultura, la educación... ya no quedan actividades humanas que no tomen el prefijo «e-». La sociedad de la información y del conocimiento está en marcha, transformando nuestro estilo de vida e incluso nuestro comportamiento psicológico y social. |
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Sin embargo, es muy difícil discernir la verdadera potencialidad que tienen los progresos fulgurantes de la electrónica y de la informática... Hace poco menos de un siglo, la Western Union no veía ningún futuro en un invento tan "defectuoso" como el teléfono tal y como funcionaba al principio. Hace 25 años, el presidente del consejo de administración de Digital Equipment no veía ninguna razón válida por la que alguien querría tener un ordenador personal. A finales de los años 80, pocos análisis prospectivos anunciaron el inminente desarrollo magistral llevado a cabo por Internet a mediados de la última década.
Y a la inversa, las grandiosas perspectivas que se vaticinaban para la televisión de alta definición transmitida por satélite, se han quedado en agua de borrajas. Más recientemente, el entusiasmo prematuro por Internet sin cable o el ruidos que se había creado con el concepto de la "nueva economía" muestra que las evoluciones, aunque en teoría se demuestre que vayan a llegar, no tienen por qué producirse de forma previsible y lineal...
En un sector que trata aspectos de los inmaterial, se mide a veces el desfase entre los potenciales abiertos por los progresos tecnológicos, la valoración de la innovación y la comercialización de nuevos productos y nuevas aplicaciones.
Miniaturización, convergencia, alta velocidad
No obstante, hay una ley que sigue mostrando su pertinencia hasta ahora: la del visionario Gordon Moore, enunciada en 1965, quien había profetizado que el rendimiento de los componentes electrónicos (de la memoria y de los procesadores) se doblaría cada 18 a 24 meses, con una evolución constante de sus costes. Así, entre 1970 y 2002, el número de transistores por cm² sobre un chip electrónico ha pasado de 2.300 a 24 millones, lo que corresponde a transistores de 0,1µ de lado. La carrera por la potencia y la miniaturización a seguir à durante mucho tiempo. Sin embargo, los especialistas consideran no obstante que el aumento de la densidad de los microprocesadores tendría que llegar, de aquí a unos quince años, a un límite físico: el del tamaño de los átomos. Entonces entrará en juego la nanoelectrónica...
Este aumento de potencia en el tratamiento y en el almacenamiento de la información es el motor de la revolución numérica. Gracias a ella, y al soporte de la transmisión de la red de Internet, de los datos, los sonidos, las imágenes, los textos pueden ser convertidos en el mismo lenguaje binario. Esta "homogeneidad" abre el camino a la convergencia de las aplicaciones que antes estaban divididas como el teléfono, la radio, la edición, la televisión o la informática. La creación de las infraestructuras para las transmisiones, que ofrecen una capacidad creciente para transportar grandes paquetes de datos, constituye actualmente el desarrollo indispensable para estas potencialidades.
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