Hechos
y actuaciones
La biomasa, ingente depósito de energía, engloba diversas
materias primas orgánicas de origen vegetal: productos silvícolas,
determinados cultivos, residuos agrícolas, industriales o domésticos
reciclados, etc.. Constituye el cuarto recurso explotado a escala mundial
(14% del consumo del planeta). Sin embargo, salvo en Austria, Finlandia
y Suecia, donde ocupa un lugar nada despreciable, la biomasa sólo
representa el 2% del balance general de Europa. Produce una energía
almacenable y no fluctuante, además de encerrar numerosas ventajas.
Respecto a la amenaza del efecto invernadero, la utilización
de la biomasa resulta neutra, ya que los vegetales explotados para fines
energéticos restituyen el carbono almacenado durante su crecimiento.
La creación de una verdadera industria de la biomasa, potencialmente
generadora de empleo, puede constituir una línea de evolución
de la política agrícola común.
No obstante, su aprovechamiento plantea problemas logísticos,
pues es preciso tratar los volúmenes de materias primas necesarios
para obtener fuentes de energía suficientes y rentables. En la
actualidad, el coste de la energía producida sigue siendo demasiado
elevado en numerosas aplicaciones.
Varios estudios europeos sobre tecnologías de conversión
(procesos termoquímicos, químicos y biológicos)
abren perspectivas de usos finales diversificados, como fuente de calor
y electricidad o en forma de biocombustibles.
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Un combustible ecológico
Vista de la destilería de Artenay (Francia): el bioetanol,
producido con plantas como la colza o el girasol, constituye una fuente
alternativa de combustible para vehículos.
La agricultura productora de combustible ecológico
Una empresa italiana ha conseguido, en colaboración con socios
alemanes, un proceso de conversión de la biomasa de origen agrario
por pirólisis. Esta innovación permite obtener un combustible
gaseoso utilizable en turbinas de gas o motores diesel para producir
electricidad.
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