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Con la cabeza en el futuro y los pies en la historia - 25/09/2008

"Casa del Patrimonio" en Borgoña (Francia)

La "Casa del Patrimonio" de Saint Romain (Francia) ve reconocida su tarea de rehabilitación de jóvenes delincuentes mediante la recuperación del pasado histórico.

Como es bien sabido, las Jornadas Europeas del Patrimonio Englishfrançais celebradas en septiembre permiten visitar monumentos y lugares normalmente cerrados al público. Sin embargo, también son un buen momento para apreciar hasta qué punto el patrimonio cultural puede estar vinculado con la sociedad actual.

Tal es el caso de la "Casa del Patrimonio", que suele figurar por su encanto en las guías turísticas de la región de Borgoña (Francia). Los tejados de pizarra negra de sus antiguas casas de piedra, rodeadas de espléndidos viñedos, contrastan con el mosaico de ocres de unas paredes que vivieron tiempos peores.

En los años 70, después del éxodo de los vinicultores que las habitaban, los tejados y muros se encontraban en un estado calamitoso. Pero, desde entonces, las casas se han ido restaurando gracias al trabajo de cientos de voluntarios, muchos de ellos jóvenes delincuentes. Este es el motivo, más allá de la historia o la arquitectura, por el que la "Casa del Patrimonio" ve reconocida su labor con ocasión de las Jornadas de este año.

Pero este no es el único ejemplo. Entre los proyectos más destacados PDFEnglish también se encuentra una fábrica estonia de la época soviética reconvertida para uso residencial y un programa británico de acercamiento de las minorías étnicas al patrimonio cultural. Se calcula en 20 millones el número de visitantes que acudirán a los más de 30 000 monumentos y lugares abiertos al público con motivo de las Jornadas Europeas del Patrimonio.

Para Serge Grappin, asesor pedagógico de la "Casa del Patrimonio", la conservación del acervo histórico no se limita a la renovación de castillos y catedrales. Pasa también por la reconstrucción de vidas. Él tardó 10 años en recaudar los fondos necesarios para comprar los edificios abandonados y después ha dedicado más de 30 a dirigir unas tareas de reconstrucción que todavía no han finalizado.

Muchos de los voluntarios participantes son jóvenes que han cometido algún tipo de delito —como consumo de drogas ilegales o asalto a mano armada— y que pasan dos semanas en el centro acompañados de sus profesores para trabajar con otros estudiantes.

Gracias al trabajo que realizan, estos jóvenes adquieren aptitudes sociales y conocimientos prácticos que les resultarán útiles para superar su pasado delictivo. Además, desarrollan la autoestima al comprobar que las gentes del lugar valoran en mucho su trabajo. Algunos han llegado al punto de dedicarse profesionalmente a la conservación del patrimonio histórico.

“El patrimonio es un recurso pedagógico extraordinario” afirma Serge Grappin. “Los jóvenes son como las casas: también pueden reconstruirse”.

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