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La innovación, clave para el crecimiento verde, según un informe de la OCDE

26/10/2011

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La protección de los recursos naturales no tiene por qué estar reñida con el crecimiento económico. La Estrategia para el crecimiento verde de la OCDE muestra cómo es posible, mediante políticas de apoyo a la innovación verde.

En 2009, los ministros solicitaron a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que pusiera a punto una Estrategia para el crecimiento verde que ayudase a los gobiernos a <<hacer posible la recuperación económica y conseguir un crecimiento económico medioambiental y socialmente sostenible>>. A mediados de 2011, con ocasión de su 50 aniversario, la OCDE publicó un informe de síntesis final, que hace hincapié en la importancia capital de la innovación verde para la consecución de esos objetivos.

La estrategia de la OCDE da alas al propio diálogo interno de la UE sobre el crecimiento verde, que ha influido notablemente en el desarrollo de la estrategia Europa 2020. Sin embargo, estas recomendaciones de la OCDE llegan a Europa en un contexto de elevado desempleo y crecimiento letárgico, por no hablar de la crisis de la deuda pública, que ha forzado a muchos países a adoptar importantes medidas de austeridad.

A pesar de las recientes turbulencias económicas - o quizás precisamente a causa de ellas - este informe tiene una especial urgencia. A semejanza de Europa 2020, esta Estrategia para el crecimiento verde de la OCDE se ha elaborado, en parte, como reacción a la crisis económica, que ha convencido a numerosos países de la necesidad de plantear de otra forma el crecimiento económico: una forma que considere seriamente la interdependencia entre la economía y los sistemas naturales, y los riesgos a largo plazo de sobreexplotar los menguantes recursos del mundo.

La OCDE recomienda a los gobiernos que se toman en serio esta cuestión que miren a la innovación verde como el medio para escapar de <<la actual tecnología de producción y de unos hábitos de consumo que solo pueden producir resultados positivos hasta un cierto umbral, más allá del cual el agotamiento del capital natural tendrá consecuencias negativas para el crecimiento general>>.

En términos más políticos, el informe sugiere algunas líneas en las que los gobiernos deberían concentrar sus esfuerzos de promoción de la innovación verde. La primera sería mejorar el acceso a la financiación tanto de la investigación como de las actividades iniciales de comercialización. El informe ha analizado las disciplinas científicas que generan innovación en tecnologías verdes en forma de patentes, e insiste en que muchas innovaciones importantes proceden de campos que, en principio, no resultan obvios, como pueden ser la química o la ciencia de materiales.

Por otro lado, como no es fácil predecir cuál puede ser la aplicación última de una tecnología, conviene no descuidar la financiación de tecnologías de utilidad general y de las empresas que las desarrollan, puesto que tienen también un potencial ecoinnovador indiscutible. En Europa, este potencial ha sido reconocido por el Programa Marco para la Competitividad y la Innovación (CIP), que presta apoyo a pymes ecoinnovadoras y las ayuda a vencer los obstáculos al éxito comercial.

Sin embargo, no basta con que existan instrumentos de financiación. La estrategia de la OCDE también insiste en la necesidad de políticas que fomenten la demanda de innovación, cuya misión consiste en acelerar la aparición de un mercado para las tecnologías ecoinnovadoras. Por ejemplo, mejoras en los sistemas de contratación pública o una reglamentación favorable a los productos y servicios verdes.

Cualquiera que sea la combinación de medidas que se elija, está claro que lo que favorece o dificulta la innovación verde tiene la misma influencia positiva o negativa en el crecimiento del sector verde. En palabras de Janez Poto─Źnik, Comisario europeo de Medio Ambiente: <<El crecimiento verde es la única forma de crecimiento a largo plazo>>.