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La contabilidad verde, nuestro futuro

28/07/2011

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El crecimiento ya no puede medirse en términos estrictamente económicos, como el valor monetario de una producción, los ingresos o el gasto per cápita. La contabilidad verde necesita otras métricas.

Según el economista británico Tim Jackson, “La prosperidad tiene que ver con nuestra capacidad para florecer como seres humanos, dentro de los límites ecológicos de un planeta finito. El desafío de nuestra sociedad es crear las condiciones para hacerlo posible”.

El crecimiento ecológico puede proceder de iniciativas como la contratación pública ecológica y la I+D ecológica. Se requieren sanciones adecuadas, como que quien contamine pague por ello, e incentivos, como desgravaciones fiscales por inversiones en I+D ecológica. Pero, además, para medir el crecimiento ecológico se necesitan criterios adicionales, como podrían ser la sostenibilidad, la protección del medio ambiente, la felicidad o el bienestar.

La “contabilidad verde”, también llamada “contabilidad medioambiental”, podría ser la respuesta. A escala corporativa, la contabilidad clásica identifica y asigna un valor monetario a los costes internos privados tradicionales que afectan directamente a los resultados del balance. Estos costes pueden ser “directos”, como los materiales y la mano de obra asociados a un producto o departamento, o “indirectos”, como gastos generales del tipo de alquileres, administración, depreciación, combustible y energía.

La contabilidad medioambiental también tiene en cuenta externalidades tales como los costes sociales y económicos asociados al impacto de la actividad en el medio ambiente externo. Si estos costes, que muy a menudo se pasan por alto, se reflejaran como elementos internos en las cuentas de las empresas, es posible que los recursos escasos se asignaran de forma más eficaz.

Balances de resultados efectivos

Un balance ecológico efectivo podría ser negativo (pérdidas) o positivo (beneficios). Sin embargo, solo lo sería después de reflejar todas las categorías de costes internos y externos, como problemas de salud de los trabajadores, emisiones y contaminación del aire, la tierra o el agua, degradación del entorno natural y agotamiento de recursos limitados. Los beneficios internos y externos también deben calcularse y cuantificarse en términos monetarios. Por ejemplo, ahorros derivados de la adopción de nuevas tecnologías más limpias que reducen la contaminación y protegen la salud, nuevos mercados o sustitución de materias primas y procesos de producción.

La contabilidad verde es una parte esencial de la responsabilidad social corporativa (RSC) y puede facilitar la toma de decisiones y la rentabilidad del triple balance (TBL). Básicamente, cualquier organización necesita comparar el coste de evitar o prevenir un daño medioambiental con el coste de repararlo.

La contabilidad verde ayuda a tomar decisiones de inversión comparando los costes sociales y privados totales con los beneficios privados y sociales. Las organizaciones pueden utilizar un análisis de ciclo de vida (ACV) para tomar decisiones basadas en el cálculo del impacto medioambiental en cada fase de la vida útil de un producto, desde las materias primas a la producción, la distribución y la eliminación definitiva o el reciclaje.

Ahora que la UE está preparada para dar un mayor peso a la contabilidad medioambiental a escala nacional –véase el cuadro–, sería deseable que esta iniciativa se filtrase hasta el tejido empresarial privado. Para que los consumidores, los ciudadanos y las demás partes interesadas se conciencien de la necesidad de un crecimiento sostenible respetuoso con el medio ambiente se requieren políticas de precios que reflejen de manera fiel los verdaderos costes del desarrollo. Una contabilidad verde transparente podría ser clave para una política que mirase más allá del horizonte del PIB.

Más información

Más allá del PIB

La Comisión Europea, en su Comunicación de 2009 “Más allá del PIB: evaluación del progreso en un mundo cambiante”, propuso cinco acciones como parte del plan de trabajo de la UE para el desarrollo de indicadores adecuados a los desafíos actuales:

  • omplementar el PIB con indicadores medioambientales y sociales;
  • oma de decisiones con información en tiempo casi real;
  • nformación más precisa sobre la distribución y las desigualdades;
  • esarrollo de un cuadro europeo de indicadores de desarrollo sostenible; y
  • mpliación de las cuentas nacionales a aspectos sociales y medioambientales.

Una conclusión clave de la Comunicación es que ha llegado el momento de que las métricas pongan menos énfasis en la producción económica y se preocupen de medir el bienestar de las personas. Esta cuestión también se explora en un informe presentado al Consejo de Ministros franco-alemán en diciembre de 2010, en donde se propone un cuadro conciso de indicadores para evaluar el bienestar humano. Asimismo, la Comisión para la Medición del Rendimiento Económico y el Progreso Social, una iniciativa del gobierno francés lanzada en 2008, identificó tres áreas principales de interés en un informe: el rendimiento económico, la calidad de vida y la sostenibilidad.

Las reacciones a la Comunicación de la Comisión, ahora en fase de debate, reflejan las necesidades de las partes interesadas. La Comisión de Desarrollo Regional del Parlamento Europeo ha sugerido en un proyecto de dictamen que el PIB debería mantenerse como el principal criterio para determinar la elegibilidad de la asistencia regional a nivel europeo. Por su parte, la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo critica en un proyecto de dictamen la falta de una estrategia general clara para la puesta en práctica del planteamiento “Más allá del PIB”.

Más información:

“Más allá del PIB: evaluación del progreso en un mundo cambiante”; COM (2009) 433 final;

Comisión sobre la Medición del Desarrollo Económico y del Progreso Social;

Comisión de Desarrollo Regional del Parlamento Europeo;

Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo.