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Una nueva herramienta de planificación de los usos del suelo para potenciar los servicios de los ecosistemas

14/04/2012

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Los avances más recientes en técnicas de modelización urbanística podrían ayudar a los urbanistas a identificar enclaves para la conservación de espacios verdes urbanos y a desarrollar medidas de adaptación al cambio climático.

Además del valor recreativo y estético que indudablemente ofrecen a los residentes, los espacios verdes metropolitanos prestan servicios medioambientales importantes: mejoran la calidad del aire y del agua, aportan fertilidad al suelo, moderan las fluctuaciones extremas de temperatura y sirven de hábitat a la fauna y flora. Todas estas funciones son importantes en la adaptación al cambio climático.

La mayoría de las zonas metropolitanas cuentan con espacios verdes abiertos. Aunque muchos de ellos se han visto fragmentados por la expansión de las ciudades, conservan un potencial ecológico significativo si se desarrollan de la forma adecuada. Para identificar la mejor manera de utilizar estos espacios, interesa medir su nivel de fragmentación —hasta qué punto están separados en parcelas aisladas—, así como otras características biofísicas, como los niveles de evapotranspiración, que es la pérdida de agua combinada resultante de la evaporación superficial y la transpiración de las plantas.

Recientemente, un grupo de investigadores italianos desarrolló un método que combina el análisis de la evapotranspiración y la fragmentación en una misma y útil herramienta: el modelo LUSSM (Land Use Suitability Strategy Model). La combinación de estos dos aspectos permite que los urbanistas apliquen el LUSSM a la toma de decisiones mejor informadas sobre ordenación del territorio.

A la hora de planificar el uso del suelo, es muy importante conocer la fragmentación y la evapotranspiración de los espacios abiertos; estos factores pueden ser decisivos para aconsejar unos u otros usos del suelo. El hecho de que un determinado espacio se destine a parque natural, anillo verde, zona agrícola o zona recreativa depende en gran medida de hasta qué punto esté fragmentado en relación con sus niveles de evapotranspiración.

Por ejemplo, los buenos candidatos a parques naturales exhiben poca fragmentación y altas tasas de evapotranspiración; estos nivelen indican la presencia de un ecosistema intacto. Los pequeños parques y las zonas de juegos se caracterizan justamente por lo contrario, ya que no requieren una distribución continua ni la existencia previa de vegetación.

Recientemente, el LUSSM se sometió a pruebas en el municipio italiano de Mascalucia, en la provincia de Catania, Sicilia. Precisamente, buena parte de los espacios abiertos de Mascalucia —incluidas las tierras agrícolas— se han visto gravemente afectados por la expansión urbana descontrolada. El modelo ha ayudado a determinar los usos más productivos para los espacios todavía existentes, con vistas a la adaptación al cambio climático.

Las pruebas de Mascalucia constituyen uno de los casos de estudio que han contribuido al proyecto GRaBS (Green and Blue Space Adaptation for Urban Areas and Eco Towns). Este proyecto, financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional, es una de las diversas iniciativas organizadas en toda Europa para integrar estrategias de adaptación al cambio climático en la planificación y el desarrollo regional.

Sin embargo, el cambio tecnológico por sí solo no basta para garantizar la capacidad de adaptación de una ciudad. También hace falta voluntad política. El modelo LUSSM puede ser una herramienta de utilidad para las autoridades regionales interesadas en adoptar un enfoque estratégico de la reducción de la contaminación y el cambio climático.

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