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Cuidar nuestro suelo

La naturaleza necesita miles de años para producir unos pocos centímetros de suelo, un recurso natural vivo del que no podemos prescindir.

Los suelos albergan numerosas especies: microbios e insectos diminutos y animales de mayor tamaño, como topos y conejos.
Se necesitan miles de años para producir los pocos centímetros de suelo que tenemos bajo los pies. Esto quiere decir que prácticamente no es renovable.

La humanidad depende del suelo para vivir, pero las actividades humanas están pasando factura. Algunas prácticas agrarias hacen a los suelos vulnerables a la erosión. Las ciudades siguen creciendo y grandes zonas de suelo muy fértil se están cubriendo con hormigón o asfalto. En algunas zonas el riego ha salinizado el suelo con la consiguiente pérdida de fertilidad.

En otros lugares, los procesos industriales han contaminado terrenos con sustancias como plomo, petróleo y disolventes, que contaminan las aguas subterráneas, perjudican la salud humana y dañan los organismos del suelo. La calidad de los alimentos se ve afectada porque los cultivos que crecen en suelos contaminados absorben los contaminantes, poniendo en peligro la salud de los consumidores.

Con toda probabilidad el cambio climático ocasionará cambios de temperatura y de precipitaciones que harán los suelos cada vez más vulnerables.

La legislación de la UE sobre agua, residuos, productos químicos, contaminación industrial, protección de la naturaleza y plaguicidas aborda ya muchos de estos problemas. La UE también cuenta con una estrategia global del suelo que se ocupa de estas amenazas y se centra en las causas de su degradación. Además pone de relieve la necesidad de gestionar la tierra de forma sostenible para evitar que los suelos pierdan su productividad.