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Salvar nuestros mares

A causa de la sobrepesca, casi la mitad de las poblaciones europeas de peces se encuentran por debajo de los límites de seguridad y, si seguimos pescando como hasta ahora, las poblaciones de peces de todo el mundo se habrán extinguido en 2050.

La pesca extrae no solo las especies objetivo, sino también otros animales capturados accidentalmente (capturas accesorias). Algunos métodos de pesca ponen en peligro otros seres vivos como los delfines, tortugas y aves, que se quedan atrapados en las redes y sedales.
La pesca de arrastre de fondo puede provocar grandes daños a los fondos marinos, ya que altera significativamente la estructura de las comunidades animales que viven allí.

Si queremos que nuestra industria pesquera sea sostenible, tendremos que evaluar las poblaciones de peces con rigor y gestionarlas más eficazmente.
Las actividades humanas generan una gran cantidad de contaminantes y nutrientes, que se desprenden en el medio ambiente.

Contaminantes como el mercurio pueden entrar en la cadena alimentaria y encontrarse en el pescado y el marisco que consumimos, con los consiguientes riesgos para la salud. Nutrientes como los nitratos pueden ocasionar un rápido crecimiento de las algas, que cuando se descomponen consumen el oxígeno del agua y provocan la muerte de muchas especies.

La basura marina o «sopa de plástico» es una amenaza para las aves marinas y otros animales, que pueden confundir algunos fragmentos con comida. También puede ser una trampa para los animales marinos como las tortugas, que quedan atrapadas en artes de pesca perdidos.

Las especies no autóctonas son especies que no son originarias de una zona pero han llegado allí de forma accidental (en aguas de lastre de los buques, por ejemplo) o se han introducido deliberadamente. Algunas se multiplican y llegan a ser «invasoras», prevaleciendo sobre las especies autóctonas.

Un ejemplo es el ctenóforo Mnemiopsis leidyi, conocido como medusa bombilla. Este animal carnívoro se introdujo en el Mar Negro en 1982 y ha proliferado enormemente. Se alimenta de zooplancton y larvas de peces y es un gran depredador al final de la cadena alimentaria.

Con el calentamiento del clima en Europa, las especies tropicales podrán sobrevivir aquí más fácilmente y traerán nuevos peligros a los mares europeos.