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Mantener el agua limpia

Hay estrictos controles legales que limitan los productos químicos y fertilizantes que pueden verterse de las tierras de labor a los arroyos y ríos.

Mejorar la calidad del agua es fundamental en la política hídrica de la UE. A lo largo de los años, muchos de los ríos, cursos fluviales, lagos y aguas costeras de Europa se han contaminado, y los ecosistemas acuáticos se han visto afectados por cambios en nuestros cursos de agua. Por eso la UE ha tomado medidas que devuelvan las aguas a su estado natural.

La Comisión recibe informes periódicos sobre la calidad del agua potable en los Estados miembros y los analiza cuidadosamente. La mayoría de los países tienen una agua potable de excelente calidad, aunque la situación no es tan buena en las zonas rurales.

Las explotaciones agrarias pueden ser una fuente importante de contaminación a través de los fertilizantes, el estiércol y los plaguicidas continuamente vertidos a ríos, arroyos y lagos. En los campos, potencian el crecimiento de los cultivos, pero en el agua pueden hacer que aumente la presencia de algas. Eso reduce el oxígeno en el agua y asfixia a los peces y otros animales De ahí que haya controles rigurosos sobre qué se utiliza en los cultivos y cuándo.

Los productos químicos utilizados para destruir plagas y malas hierbas pueden tener un efecto devastador sobre las plantas y animales acuáticos. Por eso se prohíbe la pulverización aérea y se protegen los cursos de agua estableciendo zonas de seguridad.

Algunas industrias producen sustancias nocivas para el medio ambiente y la salud humana, pero una normativa estricta y unas tecnologías más limpias han reducido la contaminación de las aguas.

La mayoría de las aguas residuales se tratan para eliminar materias orgánicas, y gran parte se somete a desinfección o tratamiento para eliminar los nutrientes. Pero en muchas zonas de Europa todavía hay que mejorar la recogida y tratamiento de las aguas residuales.

El ser humano también puede ser fuente directa de contaminación. Utilizamos productos farmacéuticos que, si no se eliminan correctamente, acaban en los suelos, ríos y lagos, con efectos nocivos para plantas y animales.

En cambio, hoy en día la mayoría de las aguas de baño de la UE son limpias, y el porcentaje de zonas de baño que cumplen las condiciones para obtener la categoría superior prácticamente se ha duplicado entre 1990 y 2009.