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Las consecuencias del cambio climático

Ya empiezan a notarse los primeros efectos del cambio climático: fenómenos meteorológicos extremos, tormentas y sequías. La UE está tomando medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Las primeras consecuencias del cambio climático ya se empiezan a notar en Europa y en todo el mundo. Su impacto se intensificará en las próximas décadas. Aumentan las temperaturas, cambian las pautas de las precipitaciones, se funden los glaciares, sube el nivel del mar y son cada vez más comunes las condiciones climáticas extremas con sus consiguientes riesgos, como inundaciones y sequías.

Estos cambios suponen una grave amenaza para la vida humana, el desarrollo económico y la naturaleza, de la que depende buena parte de nuestra prosperidad.

El clima de nuestro planeta siempre ha cambiado, generalmente debido a factores naturales: pequeños cambios en la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol, erupciones volcánicas o fluctuaciones del sistema climático. Pero el ser humano tiene una influencia cada vez mayor en el clima al quemar combustibles fósiles, talar las selvas tropicales y explotar ganado.

La energía del sol calienta la Tierra, que a su vez irradia parte de ese calor al espacio. Pero algunos gases de la atmósfera actúan como el cristal de un invernadero: permiten que la energía llegue a la atmósfera, pero también impiden que escape.

Algunos gases de efecto invernadero, como el vapor de agua, están presentes en la atmósfera de forma natural. Sin ellos, la temperatura media de la Tierra sería insoportablemente baja: -18ºC en lugar de los 15ºC actuales.

Hubo épocas en las que el cambio climático fue lento, pero hoy estamos en un período de rápido calentamiento. Las actividades humanas liberan a la atmósfera enormes cantidades de gases que refuerzan el efecto invernadero y calientan el clima.

Europa ha reducido sus emisiones de gases de invernadero y anima a otros países a hacer lo mismo. Pero aunque lo consiga, seguirá habiendo cierto grado de cambio climático. Esto obedece a que muchos de esos gases permanecen mucho tiempo en la atmósfera y a que los océanos funcionan como enormes depósitos de calor. De ahí que en cierta medida también debamos aprender a vivir con el cambio climático.