Recorrido de navegación

Otras herramientas

  • Imprimir
  • Reducir texto
  • Agrandar texto

Síganos

Facebook

Evaluar proyectos

Según las normas de la UE, las autoridades deben hacer una evaluación de impacto antes de tomar y aplicar decisiones que influyan en el entorno vital de los ciudadanos.

Casi todas las actividades humanas, tanto si son de personas como si son de empresas o administraciones, tienen algún tipo de impacto en el medio ambiente. El de las decisiones de una persona quizá no sea muy importante, pero crear nuevas infraestructuras, tales como una autopista o una urbanización, puede tener consecuencias importantes y duraderas.

Es lógico estudiar las posibles repercusiones antes de que se produzcan y ver qué alternativas puede haber. Por eso la legislación de la UE exige una evaluación de impacto ambiental para garantizar que antes de tomar decisiones sobre grandes infraestructuras se atienda a sus repercusiones medioambientales.

Se trata de mejorar el proceso de toma de decisiones. La conclusión nunca se sabe de antemano, y el objetivo es estudiar todos los aspectos de la cuestión para descubrir posibles efectos significativos en el medio ambiente.

El respeto a las normas medioambientales da mayor legitimidad política a un proyecto al garantizar que sea aceptable para todos.

Cumplir las normas medioambientales es clave para que los proyectos sean más sostenibles y tengan mayor aceptación. Atender a consideraciones medioambientales desde las primeras fases presenta auténticas ventajas económicas y sociales... y es mucho más fácil que tener que corregir los errores más tarde. Los proyectos que han tenido éxito suelen ser los que han conseguido recabar un consenso previo.

El proceso se denomina evaluación de impacto ambiental, en el caso de proyectos individuales, o evaluación ambiental estratégica cuando se trata de planes o programas públicos a gran escala. A ambos se aplican las obligaciones de Aarhus, que garantizan a los ciudadanos una participación oportuna y efectiva cuando todavía estén abiertas todas las opciones.

La propia Comisión Europea evalúa sus propuestas para estudiar su impacto económico, social y medioambiental antes de presentarlas. Queremos medidas inteligentes, que reporten beneficios medioambientales a costes razonables.