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El FSE es un medio para generar más empleo y de mejor calidad
El Fondo Social Europeo (FSE) es uno de los Fondos Estructurales de la UE; se creó para reducir las diferencias en la prosperidad y el nivel de vida entre las distintas regiones y Estados miembros de la UE y, por tanto, tiene la finalidad de promover la cohesión social y económica.
El FSE se dedica a fomentar el empleo en la UE. Ayuda a los Estados miembros a que las empresas y la población activa de Europa estén mejor preparados para afrontar los nuevos desafíos de la globalización. En pocas palabras:
- Se distribuyen fondos entre las regiones y los Estados miembros, dirigidos fundamentalmente a aquellos con un menor grado de desarrollo económico.
- Constituye un elemento fundamental de la Estrategia para el crecimiento y el empleo de la UE, que busca dotar a los ciudadanos de la UE de una mejor preparación y mejores perspectivas profesionales para, así, mejorar su nivel de vida.
- Durante el periodo 2007-2013 se distribuyeron alrededor de 75.000 millones de Euros entre las regiones y Estados miembros de la UE para contribuir a estos objetivos estratégicos.
El FSE en perspectiva
La Estrategia para el crecimiento y el empleo es la más importante de las que ha puesto en marcha la UE para garantizar la prosperidad y el bienestar de los europeos, en la actualidad y en el futuro. En este contexto, la Estrategia Europea de Empleo anima a los 27 Estados miembros a aumentar la capacidad de Europa para generar más y mejores empleos, y a dotar a la población de capacitación adecuada para desempeñarlos. La Estrategia sirve de guía al FSE que, a fin de cuentas, gasta fondos europeos para alcanzar esos objetivos.
El FSE en asociación
La estrategia y el presupuesto del FSE se negocian y deciden entre los Estados miembros de la UE, el Parlamento y la Comisión. Sobre esta base, los Estados miembros elaboran, conjuntamente con la Comisión Europea, programas operativos de siete años de duración.
Estos programas operativos se ejecutan a través de un amplio espectro de organizaciones, pertenecientes tanto al sector público como al privado. Estas organizaciones abarcan administraciones nacionales, regionales y locales, instituciones de enseñanza y formación, organizaciones no gubernamentales (ONG) y de voluntariado, así como agentes sociales, tales como sindicatos y comités de empresa, asociaciones industriales y profesionales e incluso empresas individuales.
El FSE en el pasado
El Fondo Social Europeo fue creado como una parte del Tratado fundacional de Roma de 1957, y es el más antiguo de los Fondos Estructurales de la UE. Su objetivo principal ha sido siempre el de contribuir al aumento de las tasas de empleo, si bien ha ido adaptando su enfoque con el tiempo para responder a los desafíos de cada momento.
En los años sesenta, el índice de empleo era alto de acuerdo con los patrones actuales –al menos entre los hombres– y el FSE se centró en gestionar las migraciones de trabajadores dentro de Europa y en ayudar a la industria a modernizarse mediante oportunidades de reciclaje. Por aquel entonces no existía una estrategia de empleo a escala europea, y los fondos se destinaban a las necesidades que iban surgiendo.
En los años setenta, el FSE empezó a centrarse, por primera vez, en grupos concretos de personas con problemas específicos. Por ejemplo, se empezó a hacer énfasis en la lucha contra el creciente desempleo entre los jóvenes y las personas poco cualificadas, y a fomentar el empleo durante los procesos de reestructuración de las industrias pesadas, como las del carbón y el acero, así como en la agricultura y la industria textil.
Durante los ochenta, se mantuvo este enfoque más específico, mientras la recesión económica hacía aumentar los niveles de desempleo en numerosas industrias. Por otro lado, la nueva era de la información demandaba trabajadores con nuevas cualificaciones, que el FSE ayudó a suministrar mediante la formación en nuevas tecnologías, como electrónica e informática. Una parte muy importante del FSE se dedicó a apoyar el empleo y las reestructuraciones en las regiones más desfavorecidas de Grecia, España y Portugal.
Ya en los noventa, el FSE había crecido considerablemente, por lo que se decidió reforzar su gestión y su estrategia desglosando sus actividades en programas operativos nacionales y regionales. Estos programas se desarrollan a lo largo de varios años y responden de manera más práctica a las exigencias que la creciente globalización plantea a cada país, y a los problemas reales que los trabajadores y las personas que buscan empleo encuentran sobre el terreno. Estas reformas también convirtieron al FSE en el instrumento para la aplicación de la nueva Estrategia Europea de Empleo. Durante aquella década, el empleo femenino, la adaptabilidad de los trabajadores, la iniciativa empresarial, la cualificación y la orientación laboral fueron los elementos centrales del Fondo.
Hoy día, en la primera década del siglo XXI, el FSE se dirige a las personas que tienen especiales dificultades para encontrar trabajo, como mujeres, jóvenes y trabajadores de edad avanzada. Igualmente, está ayudando a las empresas y a los trabajadores a adaptarse a los cambios que imponen las nuevas tecnologías y el envejecimiento de la sociedad. Por ejemplo, ahora que los conocimientos que se adquieren durante la vida escolar no son suficientes para cubrir toda la vida laboral de las personas, la formación permanente se ha convertido en una nueva prioridad. En ese sentido, el FSE presta apoyo a nuevos sistemas educativos y nuevas formas de aprendizaje. La iniciativa empresarial es otra prioridad, puesto que las pymes son esenciales para la creación de empleo. Por ello, el FSE anima y apoya a los jóvenes emprendedores de muchas formas.
A lo largo de los años, el FSE ha ayudado a millones de personas a acceder a un empleo y a conservarlo, mejorando con ello sus vidas. Y sigue haciéndolo en la actualidad. El crecimiento del FSE es buena prueba de su éxito: cuando se creó suponía el 1% del presupuesto de la Unión Europea y hoy día capta el 10%.
Enlaces relacionados
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