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Crecimiento

Growth

Una profunda recesión

En 2009, Europa entró en la recesión más profunda desde el final de la Segunda Guerra Mundial. El PIB descendió un 4 % y la producción industrial lo hizo en un 20 %, alcanzando los niveles de 1990. Tras dos años de crecimiento, en 2012 la UE volvió a entrar en recesión. En 2013, la tasa media de desempleo alcanzó un 12 % en toda la zona del euro. En algunos países, la tasa de desempleo, sobre todo el juvenil, llegó a niveles considerablemente altos.

La recesión hizo que muchos gobiernos europeos dispusieran de márgenes de maniobra muy estrechos marcados por los ingresos fiscales en descenso y los crecientes costes derivados de las medidas de apoyo económico, incluidas las destinadas al sector financiero.

Una recuperación frágil

La economía de Europa está mostrando los primeros síntomas de recuperación. Un crecimiento sólido y sostenible constituye la clave para aumentar el empleo y mejorar el nivel de vida, y es, además, la máxima prioridad de la UE. No obstante, la recuperación sigue siendo frágil; muchos hogares, empresas y gobiernos todavía soportan pesadas cargas de deuda que deben reducirse. Por tanto, es de vital importancia dar apoyo a las políticas que fomenten unas finanzas públicas sostenibles y un crecimiento económico a largo plazo.

Europa 2020: la estrategia europea de crecimiento

Las carencias estructurales de la economía europea evidenciadas por la crisis solo pueden superarse impulsando reformas estructurales: reformas sustentadas en esfuerzos nacionales, pero construidas sobre activos europeos como el mercado interior, la política común de comercio exterior y otras políticas de la Unión Europea (UE). Para mantener su modelo de economía social de mercado en las difíciles circunstancias actuales, Europa también tendrá que ser más competitiva.

Con el fin de hacer frente a estas cuestiones, la UE y sus Estados miembros pusieron en marcha en 2010 una estrategia de crecimiento sostenible para toda la década: la Estrategia Europa 2020. La estrategia aborda tanto los desafíos a corto plazo asociados a la crisis como la necesidad de reformas estructurales, recurriendo a medidas destinadas a estimular el crecimiento y preparar a la economía europea para el futuro.

Europa 2020

Objetivos e iniciativas emblemáticas

La UE ha establecido para 2020 cinco objetivos ambiciosos en materia de empleo, innovación, educación, integración social y clima/energía. Son los siguientes:

  1. Garantizar el empleo al 75 % de las personas de 20 a 64 años.
  2. Invertir el 3 % del PIB de la UE en investigación y desarrollo.
  3. Situar las emisiones de gases de efecto invernadero un 20 % (o incluso un 30 %) por debajo de los niveles de 1990, generar el 20 % de nuestras necesidades de energía a partir de fuentes renovables y aumentar la eficacia energética un 20 %.
  4. Reducir las tasas de abandono escolar por debajo del 10 % y lograr que al menos un 40 % de las personas de 30 a 34 años hayan terminado estudios superiores.
  5. Reducir al menos en 20 millones el número de personas en riesgo de pobreza o exclusión social.
Los Estados miembros han adoptado sus propios objetivos nacionales en cada una de estas áreas. Además, los líderes europeos han acordado una serie de actuaciones concretas a nivel nacional y de la UE.

Recomendaciones específicas por países

La Encuesta Anual sobre el Crecimiento: definiendo las principales prioridades

La Comisión Europea ha identificado una serie de prioridades políticas y recomienda a los gobiernos que las adopten en 2014.

En primer lugar, los gobiernos que necesitan mejorar sus finanzas deben buscar el modo de minimizar los potenciales efectos negativos de sus políticas. Por ejemplo, a la hora de ahorrar, deben tratar de evitar hacer recortes en proyectos de educación, investigación e inversión que supongan un impulso al crecimiento.

Los gobiernos deben asimismo procurar adaptar sus sistemas tributarios de modo tal que favorezca el crecimiento. Por ejemplo, deben reducir la presión fiscal sobre el trabajo y desplazarla hacia factores como la propiedad, el consumo y la contaminación.

Asimismo, es fundamental una reforma del sector bancario orientada a dar respuesta a las necesidades de la economía real. Igual de importantes son los programas diseñados para ayudar a los desempleados a encontrar trabajo y los cambios que faciliten la contratación de nuevos trabajadores por parte de las empresas.

Una modernización de los servicios prestados por las administraciones públicas encaminada a reducir gastos y disminuir los trámites burocráticos contribuye de diversas maneras a mejorar la economía.

Lea aquí la lista completa de recomendaciones.

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