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La globalización

La combinación del progreso tecnológico, unos menores costes de transporte y la liberalización de la economía en la Unión Europea y en otros países ha favorecido el comercio y los flujos de inversiones extranjeras entre países. Ello tiene importantes consecuencias para el funcionamiento de la economía de la UE. Aunque la globalización supone enormes beneficios y oportunidades, también significa que Europa debe afrontar una fuerte competencia de economías de bajos costes, tales como las de China y la India, y de economías impulsadas por la innovación, como la de los Estados Unidos.

La creciente integración económica internacional, generalmente denominada «mundialización de la economía» o «globalización», ofrece muchas oportunidades. Las empresas de la UE disponen de un mejor acceso a mercados nuevos y en expansión y a fuentes de financiación y tecnología, y los consumidores de la UE tienen acceso a una mayor variedad de bienes a precios más bajos. Ello hace posibles unas ventajas significativas para la Unión, en forma de aumento de los niveles de productividad y de los salarios reales. La Comisión Europea estima que alrededor de una quinta parte de la subida de los niveles de vida observada en EU-15 durante los últimos 50 años es imputable a la globalización. Por eso la UE se ha mostrado firmemente a favor de una mayor apertura económica. Su política comercial ha sido un importante instrumento impulsor de la liberalización del comercio mundial.

Sin embargo, los ciudadanos frecuentemente asocian la globalización a pérdidas de puestos de trabajo y presiones a la baja de los salarios y de las condiciones laborales. Esta inquietud se basa en el temor de que la creciente competencia de los países de bajos costes ejerza una presión excesiva sobre los productores y trabajadores nacionales y dé lugar al cierre, total o parcial, de fábricas en el propio país y su traslado al extranjero. Aunque esta preocupación no es nueva, parece haberse acrecentado tras la aparición de China y la India en el escenario del comercio mundial. En particular, la gran difusión de las tecnologías de la información hace cada vez más imperceptibles los límites entre lo que puede comercializarse y lo que no.

Encontrar una respuesta adecuada a la globalización puede considerarse parte del reto más amplio que tienen planteadas las economías dinámicas, a saber, hacer frente con éxito al cambio económico estructural. Para aprovechar las ventajas de la globalización es necesario realizar un proceso de ajuste, ya que los factores de producción, tales como el capital, pasan de actividades y empresas que no pueden soportar la creciente presión competitiva a aquellas que siguen avanzando. Sin embargo, aunque es evidente que la globalización no se ha asociado a pérdidas globales de empleo neto, el ajuste de las estructuras económicas implica costes derivados de la transferencia de recursos entre empresas y actividades. Cuanto más rígidos son los mercados de trabajo, capital y productos, más costoso resulta este ajuste estructural, que puede afectar considerablemente, al menos a corto plazo, a determinados sectores y a las regiones en las que éstos se concentran.

El reto que tiene planteado la política económica es hacer realidad los beneficios potenciales de la globalización, minimizando al mismo tiempo los costes sociales. Medidas tendentes a mejorar el funcionamiento de los mercados de la UE y a fomentar la innovación contribuirán a acelerar el proceso de ajuste, mientras que medidas concretas, tales como la creación del Fondo Europeo de Adaptación a la Globalización, ayudarán a los trabajadores afectados. Además de estas cuestiones internas, la UE también afronta significativos retos externos que requieren una política adecuada, tales como:

  • Fomentar el comercio mundial y mantener la posición de Europa como primer bloque comercial a nivel mundial;
  • Gestionar el fenómeno migratorio como factor generador de mano de obra, respuesta al envejecimiento de la población y factor favorable al desarrollo;
  • Mantener la posición de la UE como origen y destino de inversiones extranjeras directas;
  • Abordar los desequilibrios de la economía mundial en cooperación con otras economías.


La Comisión desempeña un importante papel en el diseño de una política coherente para afrontar los retos planteados por la globalización. La Comisión examina muy de cerca la evolución de las principales tendencias del comercio mundial y de los flujos de inversiones extranjeras directas y el comportamiento de la UE en estos frentes, analiza regularmente los efectos de la globalización sobre los resultados económicos de la UE, y, basándose en sus análisis, proporciona asesoramiento para el establecimiento de las políticas económicas.