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¡Tierra sólo hay una!

¡Si el resto del mundo viviese (y consumiese) como los europeos, necesitaríamos los recursos de tres Tierras! Pero puedes hacer algo: ¡sé parte del cambio!

Viajar en avión, comer carne todos los días, comprar un móvil nuevo todos los años... La mayor parte de los europeos disfrutan de una vida más próspera que nunca. No obstante, la creciente demanda de nuevos productos, que no siempre necesitamos, tiene consecuencias negativas en nuestro mundo.

Vivir mejor dentro de un límite

No podremos continuar viviendo como hoy. En los países desarrollados, nuestro problema es el exceso de consumo. Usamos más cosas de las que en realidad necesitamos. Esto, llevado a nivel planetario - con el crecimiento de la población y la expansión de la cultura de consumo, que están aumentando la demanda de productos y servicios -, implica que estamos sobrepasando la capacidad del planeta para mantener nuestros hábitos de consumo.

El hecho es que estamos llegando al límite ecológico. Los recursos naturales están empezando a escasear (por ejemplo, se espera que las reservas de petróleo se agoten al final del siglo) y cada vez es más difícil y peligrosa su extracción y tratamiento. No obstante, esta verdad es menos «incómoda» de lo que parece: podemos vivir mejor, dentro de un límite, si empezamos a adoptar hábitos sostenibles.

¿Sabías que...?
Utilizamos unos 15.500 litros de agua para producir 1 kg de carne. ¡Es como bañarse más de 100 veces!

Reduce tu huella ecológica

Si optamos por seguir una vida más sana y consumir productos ecológicos, podemos protegernos a nosotros mismos y a nuestro entorno. ¡Empecemos a pensar en nuestro futuro, seamos ciudadanos y consumidores responsables! ¡Es nuestra elección!

Las estadísticas nos dicen que las viviendas, los productos domésticos, los alimentos y los viajes son responsables de entre el 70% y el 80% de los impactos ambientales. En la práctica, ¿qué significa el consumo consciente o responsable?

Cuando compres algo, piensa en todo el «ciclo de vida» del producto:

  • desde los materiales utilizados: ¿son escasos?, ¿se han recolectado y producido de forma sostenible?
  • pasando por el embalaje: ¿utiliza mucho plástico innecesario?
  • y por el transporte: ¿de dónde viene?, ¿es local y de temporada?
  • y por el uso: ¿realmente lo necesito?, ¿lo consumiré todo?, ¿lo usaré a menudo?
  • hasta su eliminación: ¿qué puedo hacer con él cuando ya no lo necesite?, ¿puedo reciclarlo?

Si reflexionamos así sobre lo que consumimos, comenzaremos a entender mejor nuestro impacto en el medio ambiente.

¡Qué desperdicio!

Se calcula que tiramos aproximadamente un cuarto de toda la comida que compramos, lo que no sólo es malo para el bolsillo, sino también para el medio ambiente. ¿Por qué? Por la producción «innecesaria» de los alimentos no utilizados, además de su transporte y posterior eliminación.

Muchas veces se puede evitar tener que tirar la comida, tan sólo hay planificar las cosas antes:

  • Haz una lista de la compra para comprar sólo lo que necesites.
  • Guarda bien la comida para que esté fresca y segura.
  • Aprovecha las sobras probando nuevas recetas.

Para saber más: