¿Qué está haciendo el mundo?
La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) y su Protocolo de Kioto constituyen el marco internacional para combatir el cambio climático, definir objetivos y mostrar cómo pueden alcanzarse.
La CMNUCC asigna “responsabilidades comunes pero diferenciadas” a los países desarrollados y en desarrollo, reconociendo que son los países desarrollados quienes deben tomar la iniciativa en la lucha contra el cambio climático y sus impactos. Al fin y al cabo, ellos son los responsables de la mayor parte de la acumulación actual de gases de efecto invernadero en la atmósfera y son los que cuentan con los recursos financieros y tecnológicos necesarios para reducir sus emisiones.
Los firmantes de la CMNUCC deben establecer programas nacionales para reducir las emisiones de gases invernadero y presentar periódicamente informes de sus progresos. Para el año 2000, los países industrializados firmantes –pero no los países en desarrollo– debían estabilizar sus emisiones de gases de efecto invernadero en los niveles de 1990; un objetivo que alcanzaron, si se considera el conjunto de países. Las Partes de la CMNUCC se reúnen anualmente para revisar los progresos y debatir futuras medidas, y se han establecido diversos mecanismos de información y control para realizar un seguimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero.
El Protocolo de Kioto
Los gobiernos sabían que la CMNUCC sería sólo el principio de la lucha contra el cambio climático. En 1997 dieron un paso más y adoptaron un protocolo para la CMNUCC en la ciudad japonesa de Kioto.
El Protocolo de Kioto establece límites legales para las emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados.Además, introduce nuevos mecanismos de mercado –los denominados mecanismos flexibles de Kioto– para que el coste de reducir las emisiones sea lo más bajo posible.
De acuerdo con el protocolo, el conjunto de los países industrializados debe reducir sus emisiones de seis gases invernadero (CO2, metano, óxido nitroso, hidrofluorocarbonos, perflurocarbonos y hexafluoruro de azufre) hasta situarlas aproximadamente en un 5% por debajo de los niveles de 1990 durante el primer “período de compromiso”, comprendido entre 2008 y 2012. Se eligió un período de cinco años en lugar de un objetivo para un solo año con el fin de suavizar las fluctuaciones anuales en las emisiones como consecuencia de factores incontrolables, como una estación más o menos fría o calurosa. No existen objetivos de emisiones para los países en desarrollo.
El Protocolo de Kioto entró en vigor en febrero de 2005. A principios de 2009 lo habían ratificado 183 estados, además de la Unión Europea. Eso significa que hay 37 países desarrollados, más la UE de los 15 (los 15 Estados que eran miembros en el momento de firmar el protocolo), que se han comprometido a alcanzar los objetivos de Kioto. Pero hay un país muy importante que originalmente firmó el tratado y después no lo ratificó: Estados Unidos.
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Después de Kioto
El Protocolo de Kioto es sólo una fase de la lucha contra el cambio climático. Si queremos evitar efectos potencialmente desastrosos, es preciso intensificar los esfuerzos e involucrar a la comunidad internacional en un compromiso a largo plazo.
En diciembre de 2007, con motivo de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático celebrada en Bali, los principales países acordaron decidieron abrir negociaciones sobre un nuevo régimen mundial para combatir el cambio climático después de 2012, año en que expira Kioto.Al año siguiente se consiguieron nuevos avances en Poznań, Polonia. El objetivo de las actuales negociaciones consiste en cerrar un acuerdo a finales de 2009 en la Conferencia de la ONU sobre el cambio climático de Copenhague.
Los 192 países que participan en las conversaciones son conscientes de que es preciso recortar radicalmente las emisiones para mantener el cambio climático dentro de unos márgenes de seguridad. Un elemento crucial de las negociaciones es el reconocimiento de que tanto los países desarrollados como los países en desarrollo deben adoptar medidas, por supuesto en función de sus respectivas capacidades. Aunque sólo los países desarrollados asumieron compromisos de reducción de emisiones conforme al Protocolo de Kioto, hace tiempo que se admite que este enfoque no basta, sobre todo porque se prevé que en 2020 las emisiones de los países en desarrollo serán superiores a las de los desarrollados.
Existe acuerdo sobre diversos elementos vitales: un fondo para ayudar a los países en desarrollo a adaptarse al cambio climático, proyectos en fase de pruebas para reducir la deforestación y financiación para transferir tecnologías limpias a los países en desarrollo.
La actual evidencia científica indica que los efectos del cambio climático sólo serán gestionables si la temperatura global no aumenta más de 2 ºC por encima de los niveles preindustriales. Para que esto ocurra, las emisiones de todo el planeta deben alcanzar su máximo en 2020 y recortarse al 50% de los niveles de 1990 para el año 2050.
A principios de 2009, la Comisión publicó propuestas detalladas sobre el modo de alcanzar estos objetivos. Por ejemplo, se propone incrementar la inversión en el desarrollo de tecnologías de baja emisión de carbono, sobre todo en los países en desarrollo, se prevén innovadoras fuentes de financiación internacional, se creará un mercado internacional del carbono para 2015 y se proponen medidas para ayudar a los países a adaptarse al cambio climático.


