Coches “listos para llevar”
Los sistemas de coche compartido permiten utilizar un vehículo cuando se necesita, sin el engorro ni los costes que conllevaría ser su propietario. Esta modalidad de “pagar por conducir” reduce tanto el número de trayectos innecesarios en coche como la cantidad total de automóviles en marcha, con lo que también ayuda a limitar el tráfico, la contaminación atmosférica y las emisiones de CO2 que contribuyen al cambio climático.
En los diversos programas que se han puesto en marcha en Europa, se cuestiona el modo de utilizar el vehículo y se modifica su función tradicional de preciado símbolo de estatus social.
Raluca Nagy, una rumana residente en Bélgica, pertenece al creciente número de adeptos al coche compartido. Hace seis meses se incorporó al programa Cambio, que cuenta con casi 25 000 usuarios en Alemania y Bélgica.
“No me hace falta el coche todos los días, porque puedo ir andando o en autobús al trabajo”, afirma esta investigadora de 29 años. “Pero hay veces que resulta verdaderamente útil disponer de un coche para hacer la compra del mes o trasladar muebles, por ejemplo”.
Existen variaciones en cada programa, pero en general funcionan de la siguiente manera. Cuando un miembro necesita un coche, lo reserva para un período de tiempo concreto, por teléfono o por Internet. “Incluso puedes llamar justo antes de cuando lo vas a necesitar. Sólo se tardan unos minutos”, explica Raluca Nagy.
Los coches del programa están estacionados en ubicaciones específicas de la ciudad, y suele haber varios tamaños disponibles. Los usuarios abren el coche con una tarjeta magnética e introducen un código para obtener las llaves. El ordenador de a bordo registra automáticamente las distancias recorridas.
El coste total se calcula en función de la cantidad de horas que se ha tenido el coche y del número total de kilómetros recorridos; el carburante suele estar incluido en el precio. Los vehículos se pueden usar por períodos mínimos de media hora.
“No cuesta mucho mientras no hagas viajes largos” añade Raluca Nagy. “A mí me resulta muchísimo más barato que tener coche propio, y me evita tener que preocuparme del seguro y del mantenimiento”.
Ian Martin, administrador artístico del sudeste de Inglaterra, es miembro de City Car Club en el Reino Unido. Está de acuerdo con ella y señala otras ventajas: “No sólo me ha ahorrado dinero, sino que me ha facilitado la vida en muchos sentidos”.
“Vivo en el centro de una ciudad donde encontrar una plaza de aparcamiento a veces era casi imposible”, afirma.
Vendió su coche hace unos cuatro años y pasó a utilizar más el transporte público y a compartir trayectos en coche. “Era un experimento, para ver si podía sobrevivir sin coche. ¡Y puedo!, y además lo recomiendo encarecidamente”, añade.
Antecedentes
Algunos programas de coche compartido comenzaron nada menos que en los años setenta, pero la idea cobró impulso realmente a finales de los ochenta y principios de los noventa. Los primeros programas de Europa se inician en Suiza, antes de extenderse a Alemania y a otros países. Ahora, están presentes en unas 300 ciudades de toda Europa y en más de 600 en todo el mundo. Si bien los primeros programas eran iniciativas sin ánimo de lucro, ahora la mayoría de ellos están gestionados por empresas comerciales, lo que demuestra que el concepto es viable comercialmente, además de respetuoso con el medio ambiente.
En un estudio elaborado por la Comisión Europea se han observado los efectos medioambientales de un programa de coche compartido en Bremen, Alemania. El número de usuarios del programa aumentó de unas 30 personas en 1990 hasta más de 3.100 en 2003. Los investigadores descubrieron que cada vehículo de uno de estos programas sustituye a entre cuatro y diez coches privados, con lo que en ese período en las calles de Bremen hubo aproximadamente 700 automóviles menos en total.
Las distancias recorridas en coche en la ciudad se redujeron en unos 5 millones de kilómetros anuales, lo que suma un ahorro total en torno a 2.000 toneladas de emisiones de CO2 al año. Otras ventajas fueron la reducción del tráfico y la mejora de la calidad del aire.


