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La valorización de recursos agrícolas locales

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capítulo 2: Tres niveles de acción en un proceso tipo de valorización por la calidad

tipo de documento: artículo
palabras-clave: calidad de productos, metodología de desarrollo
fuente: dossier LEADER
fecha de publicación: 1995

Desarrollar de manera efectiva una estrategia de valorización por la calidad en un territorio representa un proceso completo, largo y difícil, que requiere varios niveles sucesivos de acción, con competencias específicas y una fuerte implicación en cada etapa.

Se pueden distinguir tres fases:


1 - La detección del proyecto

Constituye el trabajo de base, cotidiano de un animador de terreno. Es una tarea ingrata, larga y difícil. Antes de hacer surgir un proyecto, hay que descubrir, en efecto, las potencialidades humanas de un grupo de hombres y de mujeres y la oportunidad económica de una gestión de valorización. Y sobre todo, habrá también que dar confianza a los actores, proporcionarles optimismo, una visión positiva del porvenir, para lograr que se transformen, realmente, en solicitantes de una cierta política.

El grupo LEADER francés Tarn des Montagnes (Midi Pyrénées) está empezando a detectar proyectos para la animación territorial.

La acción ha sido asegurada en torno a cada uno de los burgos centrales de la zona. En un período limitado de tiempo (3 a 4 meses), se ha llevado a cabo un intenso trabajo de información y de movilización local con el apoyo de un grupo guía formado por los representantes y los actores económicos locales más dinámicos. Este trabajo ha ido acompañado por una vasta campaña de comunicación (carteles, folletos, medios de comunicación, creación de acontecimientos). A través de esta acción, se trata de incentivar el deseo de emprender acciones, de estimular las ideas de actividades, de enumerar los proyectos y de desarrollar un plan de acción de 2 a 3 años.


2 - La maduración del proyecto

A menudo el punto de partida es un proyecto impreciso: se desea “hacer algo” para optimizar y perpetuar la valorización de una producción pero, generalmente, en la práctica, no se dispone de una idea precisa sobre los modos que hay que adoptar, y aún menos sobre el proyecto operacional final. Por lo tanto, es necesario hacer que el proyecto “madure” progresivamente.

Cuando ello es posible, la presencia de una estructura de acogida para este proceso de maduración es un elemento favorable. Una acción de formación, bien elaborada, adaptada al público interesado, puede servir de dispositivo federal.

La creación de un cursillo a la medida puede permitir, en efecto, la elaboración, como acompañamiento del proyecto, de un programa integrado animación / estudio / formación / elaboración de proyectos.

Esta fórmula es la que, en general, corresponde mejor a la realidad de las necesidades de un grupo detentor de proyecto.

La finalización de esta etapa será el resultado de un proyecto formalizado, con un plan de desarrollo en 3 años.

Un elemento clave de esta gestión es la presencia de un interventor, verdadero artífice que controla la coherencia del programa y la integración de las diferentes competencias en relación con el proyecto en cuestión.


3 - El apoyo técnico

El apoyo técnico especializado del proyecto tendría que asegurar, con preferencia, una coherencia con este proceso de formación–desarrollo.

El pliego de condiciones de esta prestación es extremadamente exigente, en especial porque exige que el interlocutor reúna, en lo posible en el seno de un equipo de proyecto, competencias de “generalista” para la definición de la estrategia de empresa, y de “especialista polivalente” a fin de aportar una competencia específica para cada ámbito (imagen gráfica, política comercial, esquema de gestión, plan de financiación, etc).

Por muchas razones – entre las que se encuentra el hecho de que éstos no tienen generalmente un perfil de director de empresa –, los detentores de proyecto no son, en efecto, aptos para integrar en una estrategia coherente y bien controlada las aportaciones de los diversos especialistas. La fórmula que parece ser la más adaptada es la de asociación con un interlocutor privilegiado.

Hay que tener muy en cuenta la continuidad del proceso, en efecto:

  • el animador de terreno inicial, generalmente menos competente para la continuación del proyecto, sigue siendo un elemento clave en la continuidad de esta política. Este debe mantenerse implicado y representa un “pilar” local, aunque sea sólo por la confianza que han depositado en él los actores del proceso;
  • los aspectos estudio, formación, animación de reflexión que conducen a la elaboración del proyecto se han integrado armoniosamente durante la segunda etapa;
  • el artífice que aportará la espina dorsal de esta etapa esencial será el más indicado para proporcionar una asociación duradera de apoyo posterior a la empresa.

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